La movilidad ya está cambiando nuestras ciudades

Del coche tradicional a la movilidad eléctrica, las Zonas de Bajas Emisiones y un mayor protagonismo del transporte público: Asturias está viviendo un cambio de modelo que marcará cómo nos desplazaremos en las próximas décadas

Zona de Bajas Emisiones. / Cedida a LNE

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R. S.

Cada septiembre, la Unión Europea nos invita a mirar de nuevo cómo nos movemos. Del 16 al 22 de septiembre se celebra la Semana Europea de la Movilidad (SEM), una iniciativa apoyada por la Comisión Europea desde el año 2000 para promocionar la movilidad sostenible y fomentar buenas prácticas, y en la que FAEN colabora desde hace años con distintos ayuntamientos asturianos en el desarrollo de las actividades que estén programadas por su parte. El 22 de septiembre, Día Sin Coches, representa su jornada más simbólica: una oportunidad para imaginar cómo serían nuestras ciudades si el tráfico dejara de ocupar buena parte de nuestro espacio público.

Pero detrás de esta semana hay algo mucho más importante: la movilidad está cambiando. Mucho más de lo que puede parecer. Los carriles bici han dejado de ser algo excepcional y forman ya parte del paisaje urbano. Gijón y Siero cuentan con más de 40 kilómetros y Oviedo con más de 20. La movilidad eléctrica también avanza con rapidez y ya está presente en turismos, vehículos industriales ligeros y autobuses urbanos. Los datos de matriculación son especialmente significativos. Según ANFAC, hasta agosto de 2026 se habían matriculado en Asturias 10.852 turismos y todoterrenos, un 15,41% más que en el mismo periodo del año anterior. De ellos, el 76,73% eran vehículos electrificados, un 30% más que en 2025. Mientras tanto, los vehículos diésel representaban el 2,49%, tras caer un 55,55%, y los de gasolina el 20,78%, un 4,53% menos que en 2025.

Y hay otro cambio que afecta directamente a nuestras ciudades: las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). Previstas en la Ley 7/2021, son obligatorias en los municipios de más de 50.000 habitantes y en los de más de 20.000 cuando se superen los valores límite de contaminación. Su objetivo es mejorar la calidad del aire y la calidad acústica, limitando el acceso, circulación y estacionamiento de los vehículos más contaminantes e impulsando alternativas como el transporte urbano sostenible, la movilidad eléctrica y una movilidad de última milla menos contaminante.

Pero las ZBE no deberían entenderse únicamente como una restricción al automóvil. También representan una oportunidad para recuperar espacio público, pacificar el tráfico, mejorar la seguridad vial y favorecer que nuestras ciudades sean más cómodas para caminar, utilizar la bicicleta o desplazarse en transporte público. En Asturias, este proceso ya está en marcha. Oviedo y Siero tienen vigentes sus respectivas ZBE; Avilés la tiene aprobada, aunque en fase de moratoria hasta finales de 2027; y Gijón se encuentra en fase de tramitación.

Además, este cambio viene acompañado de líneas de ayudas y desgravaciones. Las Administraciones cuentan con programas para financiar infraestructuras, equipamientos y sistemas de monitorización necesarios para implantar las ZBE, mientras que ciudadanos y empresas pueden acceder a incentivos destinados, entre otras cuestiones, a facilitar la transición hacia el vehículo eléctrico.

¿Y qué ocurrirá en los próximos años? La dirección también está definida.

Por un lado, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética plantea alcanzar en 2050 un parque de turismos y vehículos comerciales ligeros sin emisiones directas de CO₂. Para conseguirlo se impulsará la movilidad urbana sostenible, la renovación del parque automovilístico, una mayor presencia de vehículos electrificados y la integración de las energías renovables, además de los biocarburantes y gases renovables allí donde sean una alternativa tecnológica adecuada.

Y por otro lado, la Estrategia de Movilidad Sostenible e Inteligente 2030 resume el nuevo modelo en tres palabras: seguridad, sostenibilidad y conectividad. Seguridad para reducir la siniestralidad; sostenibilidad para disminuir las emisiones y fomentar los modos limpios y el transporte público; y conectividad para aprovechar las nuevas tecnologías y transformar el sector del transporte.

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Por eso, la Semana Europea de la Movilidad no debería servir únicamente para hablar de lo que ocurrirá mañana. Sirve para entender lo que ya está ocurriendo hoy. Nuestros vehículos están cambiando, nuestras calles también y nuestras ciudades tendrán que adaptarse. El verdadero reto será conseguir que esta transformación no se limite a cambiar el motor de nuestros coches, sino que permita construir ciudades más limpias, seguras, accesibles, conectadas y, sobre todo, pensadas para las personas. En este marco, FAEN pone a disposición de la ciudadanía, el tejido empresarial y las administraciones públicas sus capacidades técnicas para ayudar a abordar este desafío, con información y asesoramiento independiente y especializado.

FAEN / Lne

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