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“No he escrito guiones porque no puedo hacer todo lo que me gusta”

“El periódico de calidad será el que ponga los datos al servicio del sentido, el que los interprete: los datos ya los tengo en la cabeza”

Juan José Millás.

Juan José Millás. Efe

El escritor Juan José Millás (Valencia, 1946) se va a convertir esta tarde en el padrino de la Cátedra de Cine de la Universidad de Oviedo. Tiene previsto salir al escenario del teatro Palacio Valdés (19.30 horas) para hablar con la catedrática Magdalena Cueto y el profesor José Ángel Lázaro de cine y de literatura. Antes de todo eso atiende la llamada telefónica de LA NUEVA ESPAÑA.

–No son muchas las películas que han tomado sus novelas como base.

–De hace nada es “Que nadie duerma” y tiene unos años una que hicieron basada en “La soledad era esto”. Antes de venir a Asturias pude ver una copia sin música y sin efectos sonoros de “Desde la sombra”. Creo que piensan que en mis novelas el guión ya está hecho, pero es una apariencia falsa: hay mucho mundo interior que es muy difícil llevar al cine.

–¿Le gusta el resultado?

–“La soledad era esto” no me gustó. “Desde la sombra”, sin embargo, sí. Y mucho. Ya me había gustado cuando leí el guión. La película es estupenda.

–¿Le interesan los guiones?

–El guión es un soporte narrativo y a mí me interesan todos los soportes narrativos. El cine me atrae mucho: me pasaba las tardes viendo películas. Y he leído muchos. No los he escrito porque no puedo hacer todo lo que me gusta mucho. El cine es el espejo de las novelas y como tal puede mostrarse cóncavo o convexo, así que puede mostrar tu novela de manera deformada, pero, a veces, puede mejorarla. Le pasó a Patricia Highsmith: “Extraños en el tren”, la novela, es una obra maestra y el libro es bueno, pero no alcanza la categoría.

–Se ha movido bien, sin embargo, por el teatro.

–El teatro es más manejable que el cine. En todo caso, lo que he hecho han sido dos monólogos. Estás con el actor, lo controlas. El cine es complicado y eso es precisamente lo que me fascina de él.

–Cuando comenzó en la novela le etiquetaron como realista, pero hace tiempo que avanzó hacia la fantasía.

–Estamos hablando de etiquetas que pueden ser didácticas. Lo que sucede es que también son reductoras. Decir que soy realista es no decir nada, es como un político que dice que es liberal: tampoco dice nada. Huyo de las etiquetas porque a mi juicio confunden.

–El otro día leí que lamentaba que pocos fueran rápidos a leer el periódico.

–Cuando era joven, si no habías leído el periódico a las nueve de la mañana, estabas perdido. Incluso cuando estaba en el extranjero me pasaba la mañana buscando la prensa por los quioscos. Esta costumbre me parece perniciosa también para los puntos en los que se venden. La gente piensa que está informada por lo que lee por internet, pero no se da cuenta de que cuando vas a comprar el periódico ya sabes más que el que ha entrado en internet. Lo que quiero decir es que se confunden los datos con la información. El periódico del futuro, el de calidad, va a ser el que ponga los datos al servicio del sentido, el que los interprete, porque los datos ya los tengo yo en la cabeza.

–¿Qué es lo que está escribiendo ahora?

–Hace unos meses publiqué “Vida, la gran historia”, con Juan Luis Arsuaga. Fue un gran éxito. Hicieron diez ediciones y vendimos 80.000 ejemplares. Ahora estamos con un nuevo libro: será sobre la vejez y la muerte. Hemos hablado mucho este invierno.

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