10 de mayo de 2010
10.05.2010
Comarca de la Sidra

Dulce domingo en Cabranes

Raquel Toyos, Maite Alonso y Marcos Fernández ganan el concurso de arroz con leche del concejo, que honró a San Francisco

10.05.2010 | 02:00

Santa Eulalia de Cabranes,

Mariola MENÉNDEZ

Santa Eulalia de Cabranes volvió a hacer gala ayer de saber cocinar como nadie el mejor arroz con leche y lo hizo con motivo de la celebración de su trigésimo primer festival en honor de este rico postre. La ganadora del concurso, la colunguesa Raquel Toyos, recomienda elaborarlo con «tiempo y mucho amor», ingredientes indispensables de este exquisito manjar, ya que requiere dos horas de dedicación, apunta esta experta repostera. Toyos asegura que la receta es la de siempre, la tradicional, que le ha sido legada por su abuela y su madre. La cocinera del mejor arroz con leche de este festival de Cabranes se mostraba ayer orgullosa con su primer premio (dotado con 200 euros), ya que el año pasado se le escapó de las manos por poco y tuvo que conformarse con el segundo puesto. Este lugar lo ocupó ayer la cabranesa, de La Obra, Maite Alonso, lo que le reportó 120 euros. Mientras que el tercer galardón, de 90 euros, recayó en Marcos Fernández, de Noreña. El presidente del jurado, el crítico gastronómico José Antonio Fidalgo, destacó la «calidad magnífica» de los 96 arroces presentados a concurso.

Fidalgo, que también ejerció de maestro de ceremonias de esta fiesta declarada de interés turístico en 2004, recordó que «el arroz con leche es símbolo de asturianía desde la época gloriosa en la que los árabes trajeron el arroz y el azúcar».

Además de la fiesta que tiene como protagonista este apreciado dulce, Santa Eulalia celebró también la festividad de San Francisco de Paula. En honor del santo se ofició la misa, para dar paso a la procesión y al acto institucional. El alcalde de Cabranes, Alejandro Vega, recordó que ambos eventos se unieron en 1980. Las celebraciones del patrono cabranés siempre han estado vinculadas a la lluvia y para ahuyentarla es costumbre instalar un paraguas en un árbol de la plaza del Emigrante. Aunque el agua respetó la procesión, alguien debió de mover la saya del santo porque, como cuenta la tradición, nada más moverla, orbaya. Y así sucedió el resto de la jornada.

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