23 de junio de 2013
23.06.2013
Carreño

Perlora, vida bajo las piedras

La bióloga Elisa González cerró las Jornadas de Ecología Marina con una excursión a la playa de Huelgues para descubrir los organismos del pedrero

23.06.2013 | 00:00

El pedrero de la playa de Huelgues, en Perlora, esconde todo un tesoro de vida marina. Debajo de cada piedra y sobre la superficie de cada roca se puede observar cómo diversos caracoles, cangrejos, algas y líquenes de múltiples colores se adhieren a ellas con el objetivo de hacerse un hueco en un ecosistema tan grande como rico en organismos. «Se conoce como el intermareal, la zona del litoral donde se producen las subidas y bajadas de marea y que se caracteriza por su biodiversidad», explicó ayer la bióloga Elisa González, encargada de dirigir la excursión «Explorando el intermareal», que cerró las IX Jornadas de Ecología Marina que organiza cada año el Club de Actividades Subacuáticas «El Delfín» y que patrocina LA NUEVA ESPAÑA.


«El objetivo de este taller es concienciar a la gente de que a un paso de su casa puede disfrutar junto a su familia de un montón de especies», sintetizó González. En definitiva, un paraíso marino, que ayer fue observado minuciosamente por un grupo de veinte personas que, entre foto y foto, compartieron la misma pasión por la naturaleza. Y es que poder ver a un cenoyo o perejil de mar todos los días es tarea fácil, pero, ahora bien, poder identificarlo y conocer sus principales características, no tanto. «Es una planta muy típica de la zona supralitoral o de salpicaduras, con una base de tallos generalmente leñosa. Esta planta tiene un olor muy peculiar a limón y puede consumirse en ensaladas porque es rica en vitamina C, algo que se hace, sobre todo, en las comunidades autónomas del sur de España», comentó Elisa González.


Y del cenoyo de mar a los líquenes. Los hay de varios colores, desde amarillo-anaranjados hasta negros. Estos últimos son los que se conocen con el nombre de «Verrucaria maura» y que habitualmente son confundidos con restos de fuel, ya que dibujan sobre las piedras una mancha a modo de horizonte. Ese horizonte conecta con otro, situado justo debajo de los líquenes, que ocupan las bellotas de mar, lo que cientifícamente se denomina «Balanus», unos crustáceos protegidos por una concha de color grisáceo y de forma cónica, que viven en la zona intermareal a poca profundidad y que resisten cortos períodos fuera del agua.


Además, «podemos encontrar lapas o caracolas negras», agrega la bióloga Elisa González. Con respecto a las caracolas, uno de sus grandes secretos es el opérculo. «Cuando se retraen en su concha, segregan un tipo de mucosidad para cubrir la entrada y, al solidificarse, forma una estructura como si de una puerta se tratase», explica.


¿Y qué hay de las algas? Pues las algas, que suelen estar ubicadas en la franja del infralitoral -la que se encuentra cubierta por el mar-, aunque también se pueden ver en el intermareal al ser arrastradas por la marea, son las reinas de este paraíso en su condición de productoras primarias. «Todo lo que comemos que proviene del medio marino es gracias a ellas porque sirven de fuente de energía a todo el ecosistema», sentencia González. Al margen de ese papel, las algas «producen el 80 por cierto del oxígeno que respiramos los seres humanos, son muy importantes para nosotros», apostilla la bióloga, quien ayer dejó claro que hay que empezar a ver los pedreros de Carreño con otros ojos. Unos ojos que aprecien ese tesoro de vida.

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