21 de febrero de 2017
21.02.2017

Escombros de cine en Tuilla

El derribo de la antigua sala Garceli, en el que se vieron películas como "Quo Vadis", comenzó ayer por la mañana

21.02.2017 | 03:12
Escombros de cine en Tuilla
Los hermanos Serrano, junto a un cartel de "Marcelino Pan y Vino" del cine Garceli.

Aunque hacía casi cuarenta años que no abría sus puertas, el cine Garceli de Tuilla (Langreo) seguía siendo muy añorado por sus vecinos, quienes pasaron horas delante de su gran pantalla visionando obras de arte cinematográficas como "Quo Vadis", "Marcelino Pan y Vino" o "Lo que el viento se llevó". Pero de este cine ayer sólo quedaban escombros y es que sus propietarios, por requerimiento del Ayuntamiento, procedieron a su demolición, acabando así con una parte de la historia de este pueblo minero.

El cine cerró a mediados de los años sesenta y más tarde fue utilizado como garaje. Actualmente se encontraba en estado ruinoso por culpe de un muro inestable, y el Ayuntamiento actuó exigiendo su reparación o, en caso contrario, el derribo. La demolición del cine Garceli afloró en algunos de sus vecinos recuerdos de antaño, vivencias únicas en esta sala que llegó a contar con casi 500 localidades y que "siempre estaba lleno". Así lo recuerda el pintor Jorge Serrano. Su familia regentó el cine en su mayor época de esplendor, a mediados del siglo pasado. "No eran los propietarios, pero se encargaban de todo, mi tío Pepito hacía las proyecciones, mientras que mi tío Joaquín llevaba el ambigú, un pequeño puesto donde comprar refrescos y aperitivos", explicó. Otro de sus tíos, Roberto, "ejercía de acomodador, mientras que mi padre se ocupaba de la cartelería porque era el artista de la familia".

El padre de Jorge, Enrique Serrano, se encargaba de trasladar los carteles de las películas que se encontraban en los afiches de mano a las pizarras del cine. "Todavía tengo fotos de algunos de esos carteles que pintaba mi padre, que no dejaban a nadie indiferente". Pero lo más importante para Jorge Serrano era lo que el cine suponía para los vecinos. "Era el hogar del pueblo, donde las familias se reunían y se olvidaban las diferencias políticas", señaló.

Una de las sesiones más demandada era la del sábado, que era doble y terminaba de madrugada. "Algunas familias traían sus propias mantas para taparse, porque aunque había calefacción, al final se apagaba; y también se llevaban al cine la cena", explicó Serrano, contando que un invierno en el que cayó una gran nevada "tiró parte de la techumbre del cine, fue unas horas después de acabar la sesión, pero podría haber sido una tragedia". Además, en el cine de Tuilla no sólo se proyectaban películas, también hizo las veces de teatro y en Nochevieja acogía un baile organizado también por la familia Serrano. De aquello, hoy solo quedan imágenes.

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