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El Llosorio planta cara al lobo: “Los pueblos ya no aguantan más; nos van a echar”

Ganaderos de Mieres piden un control “eficaz” de la población de cánidos para hacerla compatible con ganarse la vida en el medio rural

Ganaderos del monte Llosorio, ayer, en Loredo. | D. M.

Ganaderos del monte Llosorio, ayer, en Loredo. | D. M.

El estremecedor aullido del lobo se escucha cada vez más cerca y con más fuerza. Los ganaderos mierenses ya no soportan más sobresaltos y exigen al Principado medidas “eficaces” ante una población que consideran “peligrosa y descontrolada”. Advierten de que los problemas del campo no pueden gestionarse desde el desconocimiento del “asfalto y el hormigón”. Así, mandan un mensaje dirigido tanto a políticos como a los “ecologistas urbanitas”. “La zona rural no aguanta más. Van a acabar con los pueblos para, simplemente, entretener a una pequeña parte de la sociedad que no sabe lo que es trabajar para cuidar el entorno natural ”.

Solo en los montes próximos al Llosorio, el lobo ya ha matado este año más de un centenar de animales domésticos. Los vecinos afirman tener identificados a no menos de siete cánidos. “Se han acostumbrado al hombre y ya los tenemos en el fondo del valle. Ya no podemos proteger a nuestros animales ni manteniéndolos junto a las casas”.

Un grupo de ganaderos de la zona norte de Mieres se reunieron ayer en Loredo para analizar la difícil situación a la que se enfrentan. Algunos de ellos ha perdido más de 70 cabezas, la mayoría corderos, en los últimos 15 años. En general, todos han asumido cuantiosas pérdidas. “La mayoría ya hemos dejado a criar ovejas”. El problemas es que a lo largo de la última década los daños del lobo no han hecho más que aumentar. Además, el Principado sólo indemniza por aquellos animales que aparecen muertos, cuando la mayoría desaparecen. “En el mejor de los casos tardamos un año en cobrar”, apuntan los afectados. Y hay más. “Nos pagan ochenta euros por animales que en algunos casos valdrían quinientos en el mercado y, para más abuso, se nos obliga a declarar el ingreso como beneficios”.

Los ganaderos han llegado a un punto de exasperación tal, que el enojo empieza ya a tomar forma de indignación. “El lobo no tiene la culpa, ya que tiene que comer. El problema es de quien ha dejado crecer la población hasta tal punto que resulta incompatible con la ganadería”.

Las quejas de los vecinos van en cascada. “Es una humillación permanente”. “Nos quieren echar de nuestros pueblos”. “Estamos padeciendo una gestión totalmente ineficaz”. La forma de expresarse cambia de un ganadero a otro, pero el fondo del mensaje es el mismo. La Guardería es una de las señaladas. “Cada día tenemos aquí a no menos de dos guardas y no sirve para nada. Es un gasto que nos podíamos ahorrar”, señalan el colectivo. “Si no son capaces a mantener controlada la población de lobos, lo que deberían hacer es dejarnos a nosotros. Todos sabemos sus rutas y donde habitan”.

La propuesta de la Comisión Estatal de Patrimonio Natural del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico para que lobo deje de ser especie cinegética molesta profundamente a los ganaderos: “Resulta que tenemos una población que supera en un 30 o 40 por ciento su dimensión adecuada y lo que se plantea es aumentar la protección. Esto es un sinsentido”.

Los ataques de lobos en Mieres se localizan principalmente en las proximidades de Loredo. Toda la zona oeste del municipio, la que limita con los concejos de Morcín y Riosa, se ha convertido en un corredor en alerta roja. Los profesionales del sector denuncian que a lo largo de los últimos años han muerto centenares de reses debido a los frecuentes ataques de los cánidos y calculan que el coste de los daños asciende a decenas de miles de euros. Los productores exigen que las indemnizaciones recojan las pérdidas indirectas que provocan los ataques de cánidos salvajes: la leche que deben comprar cuando un ternero queda sin madre o los gastos veterinarios para cuidar a los animales que sobreviven.

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