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Luz verde a la térmica de biomasa de La Pereda, clave para la “viabilidad” de Hunosa

La Comisión de Medio Ambiente aprueba la declaración de impacto, un paso imprescindible para transformar la central, en la que se invertirán 41 millones

La central térmica de La Pereda, propiedad de Hunosa, que pasará a utilizar biomasa para su funcionamiento. | Cedida por Hunosa

Un paso “de suma importancia” para la continuidad de la empresa pública Hunosa y para su transformación en una compañía “en la línea de la transición ecológica”, con una marcada apuesta por “las energías renovables”. Así calificó ayer la dirección de la empresa pública la decisión de la CAMA (Comisión de Asuntos Medioambientales de Asturias) de dar el visto bueno a la declaración de impacto ambiental del proyecto de transformación de la central térmica de La Pereda (Mieres) en una instalación de biomasa. Una iniciativa que cuenta con un presupuesto de 41 millones de euros, que permitirá mantener los 73 empleos existentes en la instalación y que, según los cálculos de la compañía pública, generaría hasta 197 empleos indirectos ligados al desarrollo de la gestión forestal.

La Comisión se reunió ayer por la mañana, presidida por el director general de Calidad Ambiental y Cambio Climático, Pablo Álvarez Cabrero. Entre otros asuntos, dio luz verde al plan director de Saneamiento y Depuración de Aguas de Asturias y a varias líneas eléctricas en Caso, Teverga y Quirós. Uno de los puntos más importantes y esperados a tratar en la reunión era la posibilidad de aprobar la declaración de impacto ambiental de la hibridación (transformación de consumo de carbón a biomasa para generar electricidad) de la térmica de La Pereda. Tal y como se explicó al término de la reunión, la CAMA “ha informado favorablemente” de la “declaración de impacto ambiental del proyecto de transformación de la central térmica de La Pereda, en Mieres”. Con esta iniciativa, según la Comisión, “Hunosa pretende transformar la actual instalación, en la que se consume carbón y material procedente de escombreras, para la valorización de biomasa y combustible sólido recuperado (CSR). Se prevé que el combustible, que procederá prioritariamente de Cogersa, suponga como máximo un 25% en energía total de mezcla”. Esta aceptación de la viabilidad ambiental “es clave para el proyecto de transformación de la térmica mierense”, según los miembros de la Comisión de Asuntos Medioambientales.

El visto bueno a la declaración de impacto era uno de los últimos obstáculos a los que se enfrenta Hunosa para poder seguir adelante con su principal proyecto de futuro. La decisión fue muy bien acogida por la dirección de la empresa pública, que expresó “su satisfacción ante la decisión de la CAMA, por cuanto supone un paso necesario para un proyecto de suma importancia no sólo para la viabilidad de la empresa, sino también para la transformación del grupo en la línea de la transición ecológica, la apuesta por las energías renovables y la economía circular”.

Desde Hunosa también ligan el futuro de la central de La Pereda con el impulso económico de las Cuencas. Así, la firma estatal estima que puede ayudar a la “la fijación de población y empleo en las comarcas mineras, apoyando el desarrollo de la biomasa forestal sostenible en la región”. Según los cálculos de la empresa, la puesta en marcha de La Pereda como central de biomasa permitiría mantener los 73 empleos que actualmente tiene la central. También ayudaría a generar hasta 197 puestos de trabajo indirectos, fruto del desarrollo del sector forestal que es necesario para poder gestionar y alimentar a la futura instalación.

De hecho, está previsto que su puesta en marcha consuma todos los recursos madereros con los que cuenta Hunosa. La compañía tiene unas 4.000 toneladas de producción propia, que se pueden obtener de una masa forestal de 2.400 hectáreas que son potencialmente productoras de combustible vegetal y que son propiedad de la empresa pública.

El proyecto supone un importante cambio en las instalaciones de la central térmica. Entre las modificaciones que habrá que desarrollar están la adaptación de la caldera, la incorporación de una tecnología que incrementa la potencia neta de la planta con la mejora de la eficiencia del ciclo de refrigeración (un sistema denominado Ciclo Higroscópico, una tecnología desarrollada por la ingeniería asturiana Imasa) y un sistema de almacenamiento logístico del combustible. Estas modificaciones requerirán una inversión aproximada de 41 millones de euros.

En cuanto a la puesta en marcha de la central con biomasa, Hunosa deberá pasar todavía por el proceso de subastas de energías renovables, un trámite que en el pasado estuvo a punto de echar por tierra el proyecto. Y es que los planes del Ejecutivo central penalizaban las centrales de mayor dimensión, como era el caso de La Pereda, de 50 megavatios. Finalmente, el Ministerio de Transición Ecológica modificó sus planes iniciales eliminando el veto a proyectos como el de Hunosa. Para revertir esta situación, Hunosa contó con el apoyo del Gobierno del Principado, de los sindicatos mineros SOMA y CC OO de Industria y del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste.

Según recoge la declaración ambiental aprobada ayer por la CAMA, en la central de biomasa de La Pereda se podrá utilizar también “combustible sólido recuperado”, en un 25% como máximo. Esta es precisamente una de las principales quejas de los grupos vecinales y ecologistas, que consideran que se trata de una cantidad excesiva.

La térmica de La Pereda comenzó a construirse en 1990, y entró en funcionamiento el 30 de noviembre de 1993, tras una inversión de 107 millones de euros (17.830 millones de pesetas entonces). Fue levantada por la empresa Babcok Wilcox España mediante un contrato “llave en mano”. Ahora, tres décadas después, la central aspira a tener una nueva vida de mano de las energías verdes.

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