Opinión | Cronista del Centro Asturiano de Oviedo
Pedro Rodríguez Cortes
La nevada del siglo
Asturias quedó aislada hace setenta años tras un gran temporal de nieve
La preocupante falta de nieve en las estaciones de esquí de Valgrande y Fuentes de Invierno parece apuntar a una irreversible crisis en las estaciones asturianas. Desde hace muchos años se viene observando un declive continuado de las precipitaciones de nieve, aunque hubo algunos inviernos que rompían esa dinámica. Los expertos en climatología sitúan a principios de los años 60 el descenso de nieve en la cordillera. Hace 40 años, en enero de 1975, Ricardo Luis Arias informaba en el diario "Región" de la "tremenda crisis de nieve en nuestras estaciones invernales", hecho insólito porque nadie recordaba a mediados del citado mes la ausencia de nieve. Era el primer aldabonazo de la deriva de los años posteriores. Sorprende que en el mes de diciembre, tradicionalmente el que hacía de soporte y reserva para todo el invierno registrando varios días de lluvia, en zonas relativamente altas no se hayan superado los 30 centímetros de espesor por encima de los 1.500 metros. Recuerdo en mi adolescencia, en Felechosa, que el citado espesor se alcanzaba en una sola noche.
La gran nevada de 1945. No existen antecedentes en el siglo pasado de una nevada de las proporciones de la ocurrida en 1945. Hay referencias de una importante en 1905 sin datos de su espesor. Si existen de otra anterior, en febrero de 1888, la mayor conocida. En 1945, en Felechosa, se midió una altura de 1,80 metros y las lecturas de 1888, en Caso, en altitudes similares a Felechosa (650 metros), en pueblos como Caleao, Orlé o Bezanes se registró una altura entre 2,25 y 2,50 metros desconocida por varias generaciones.
La citada nevada de 1945, hace 70 años, empezó a fraguarse a partir del día de San Esteban, 26 de diciembre, y no cesó de nevar hasta el 19 de enero. El día 12 de enero, por ejemplo, lo hizo de forma continuada las 24 horas.
Asturias aislada. Las comunicaciones terrestres por carretera y ferrocarril quedaron suprimidas casi totalmente en la región asturiana. El día 9 de enero el expreso Gijón-Madrid quedó inmovilizado en Puente de los Fierros y, en sentido inverso, el Madrid-Gijón no pudo pasar de León. El correo se mantenía a través de Bilbao. Centenares de soldados movilizados lucharon denodamente para dejar expedita la vía, pero los frecuentes aludes hacían estéril el trabajo. Por otra parte, entre Villamanín y Pola de Lena permanecían varios trenes de mercancías bloqueados por la impresionante nevada. Curiosamente uno de los vagones de un mercancías que transportaba cerdos para una red de economatos quedó varado en Busdongo. Ante la prolongación del aislamiento los vecinos pidieron permiso al destinatario en Oviedo - Sr. Azpiroz- para sacrificar algunos cerdos. En las Cuencas, el ferrocarril del Vasco tardó 40 días en llegar a Collanzo y en Caso la línea de El Carbonero demoró mucho tiempo su servicio a los pueblos altos. Después de 10 días se abrió paso el primer tren de pasajeros por Pajares. La carretera se demoró hasta el 5 de febrero, casi un mes sin circulación por ella.
Las secuelas de aquella tremenda nevada afectaron seriamente a toda Asturias, los primeros servicios en desaparecer fueron la energía y el teléfono al destruirse la mayoría de los postes. Los pasajeros del expreso detenido en León permanecieron durante díez días en los vagones con muchos cristales rotos y unas temperaturas cercanas a los 10 bajo cero. El tren rápido Gijón-Madrid se suprimió por falta de carbón. Abundaron los derrumbamientos de viviendas y cabañas, y en los tejados hubo que hacer espaleo dos o tres veces. No se registraron víctimas mortales como en la de 1888, en que una avalancha en el pueblo de Pajares causó 13 muertos. Sí coincidió con una catástrofe minera en Collanzo, el día 10 de enero, en la mina "Ampliación a la Asturiana", originada por una explosión de grisú con cinco muertos y varios heridos. Los funerales tuvieron que aplazarse casi un mes.
Después de 1945 llegarían otras nevadas de cierta envergadura como la de finales de enero de 1954 y más tarde en los años 1957-1958. A partir de 1960 hay un punto de inflexión en la dimensión de las nevadas, aunque ha habido alguna que otra considerable pero lejos del nivel de las señaladas.
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