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Las atentados a policías suponen ya una tercera parte de los delitos en Gijón

Los agentes, que exigen medios de protección modernos como pistolas eléctricas, critican la laxitud de las penas: “Agredirnos sale muy barato”

VÍDEO: La Policía Local dispara contra un hombre armado con un hacha en Gijón

Gijón sigue liderando el ranking de ciudades más seguras de todo el país, pero no lo es tanto para los policías que trabajan en ella. Las estadísticas oficiales desvelan que una tercera parte de los delitos que se cometen en la ciudad son atentados a agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones, que se explica, fundamentalmente, en la laxitud de las penas impuestas a los agresores por sus acometidas, desobediencias o faltas de respeto. “Pegar a un policía sale muy barato”, coinciden los profesionales que trabajan en la mayor ciudad de Asturias, algo que sitúan también como factor a tener en cuenta para justificar esos datos. A eso hay que sumar las numerosas actuaciones con pacientes psiquiátricos, como el vecino de Nuevo Gijón que atacó a la Policía Local con un hacha cuando iba a ser desahuciado o el octogenario que hirió con un cuchillo a un Policía Nacional el pasado viernes en la avenida de la Constitución, tal y como desveló LA NUEVA ESPAÑA. “Es la ciudad más segura de España, que además es el tercer país más seguro de Europa, pero sí tiene una alta incidencia de atentados a agentes de la autoridad. Suponen un 30% de los delitos cometidos en Gijón, que sumados al 20% de los relacionados con la violencia de género suponen el 20% de las actuaciones en el ámbito de la seguridad ciudadana”, desvela Hugo Fernández Suárez, secretario del sindicato Jupol en Gijón.

Uno de los factores a tener en cuenta es “la falta de respaldo jurídico”, reprocha Joaquín Rodríguez, de la Confederación Española de Policía (CEP). “El 90% de las veces que agreden a un policía, el delincuente pasa a disposición judicial y al momento se queda en libertad con cargos a la espera de juicio. Y luego, las penas que les imponen son mínimas”, reprocha el agente. En la misma línea se pronuncia Pablo Rojo, secretario de organización del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Asturias. “Nos sentimos jurídicamente desprotegidos, y además hay una doble vara de medir como se ha visto recientemente con los dos agentes fuera de servicio en Linares que acabaron en prisión. Si lo hace mal un policía son implacables”, reflexiona. “La legislación en España no nos ampara. En Reino Unido atacar a un ‘bobby’ es atacar a la Corona, y eso implica una condena muy elevada”, ejemplifica Ildefonso Rodríguez, secretario general del Sindicato Independiente de Policía Local de Asturias (SIPLA)

Las intervenciones de este tipo son habituales y prácticamente diarias. Y eso que el cierre de la actividad de ocio nocturno ha dejado de ser una preocupación. Pero las agresiones siguen, protagonizadas por delincuentes habituales que quieren zafarse de un nuevo arresto, como ocurrió en Portuarios el pasado viernes, donde un expresidiario volvió a ser detenido tras robar una furgoneta, y también su pareja, que agredió a los agentes para evitar que esposasen a su novio.

Pacientes psiquiátricos

Igual de graves son las actuaciones con pacientes psiquiátricos que, “debido a su enfermedad tienen momentos de una alta conflictividad y violencia que es cuando tenemos que actuar y a veces surgen los conflictos”, recuerda Fernández. Nuevo Gijón y Constitución son los últimos ejemplos mediáticos de algo que ocurre todas las semanas.

¿Cómo evitar este tipo de ataques? La primera fórmula en la que todos coinciden es en poder aplicar las pistolas eléctricas (táser), una reivindicación que ya volvió a potenciar el SIPLA tras lo ocurrido en Nuevo Gijón. “La adaptación técnica a los tiempos que corren sería muy necesario para ayudarnos en nuestro trabajo”, expone Pablo Rojo, que además de las táser cita como necesidad el uso de cámaras en el uniforme que den “luz y taquígrafos a nuestras actuaciones y lo que realmente pasa antes de que los móviles empiecen a grabar nuestras respuestas”.

Estas pistolas lesivas, pero no mortales “son herramientas seguras” que, “bien utilizadas”, “proporcionan seguridad tanto a los actuantes como a las personas que cometen la infracción y a posibles víctimas, reduciendo la gravedad de las consecuencias y minimizando el daño de las actuaciones”, afirma Hugo Hernández. “El ciudadano debe ser consciente de que los policías son agentes de la autoridad, profesionales cuyo principal interés es que se restablezca el orden y la seguridad ciudadana. Es primordial saber dónde están los límites”, rematan desde Jupol.

Así fue la detención de un hombre que agredió a la policía con un hacha cuando iba a ser desahuciado

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