María Estela de Abajo, directora del Centro Estela Belleza: "En estética hemos terminado confundiendo rapidez con eficacia"

"Una cosa es mejorar el aspecto inmediato de una piel y otra muy diferente modificar procesos que necesitan adaptación, regeneración o cambios estructurales"

María Estela de Abajo

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María Estela de Abajo

Vivimos rodeados de resultados rápidos y frases como: "Antes y después". "Cambios en siete días". Tratamientos y rutinas cosméticas que prometen transformar cuerpos y pieles en pocas semanas.

Y quizá por eso hemos empezado a pensar que, cuando algo funciona de verdad, deberíamos notarlo enseguida. Pero no siempre es así.

Aunque tampoco sería justo irnos al extremo contrario y repetir que todo necesita meses para funcionar. Porque quienes trabajamos cada día con la piel sabemos que hay ocasiones en las que una sola sesión puede producir un cambio sorprendente.

Web de Estela Belleza

Después del verano lo vemos muchísimo. Llegan pieles deshidratadas, apagadas, congestionadas, con una textura irregular o sencillamente necesitadas de cuidado. Haces una buena higiene, trabajas correctamente la hidratación, aportas determinados activos, masajeas, estimulas… y al terminar la sesión la persona se mira al espejo y parece que se ha obrado un pequeño milagro.

La piel está más luminosa, más uniforme, más jugosa. Incluso el rostro parece distinto. Y ese resultado es real.

El problema aparece cuando esperamos que esa misma rapidez sirva para todo. Porque una cosa es mejorar el aspecto inmediato de una piel y otra muy diferente modificar procesos que necesitan adaptación, regeneración o cambios estructurales.

No podemos pedirle al cuerpo que ignore sus propios tiempos. Probablemente nadie esperaría transformar su condición física después de un solo entrenamiento, por extraordinario que fuera el profesional que lo hubiese diseñado.

Un buen entrenamiento puede hacernos sentir mejor, activar músculos que casi habíamos olvidado o incluso dejarnos esa agradable sensación de haber trabajado de verdad. Pero el cambio corporal que produce entrenar con constancia durante meses o años pertenece a otra dimensión.

Con la alimentación ocurre exactamente lo mismo. No existe un plato, por perfecto que sea nutricionalmente, capaz de compensar unos hábitos mantenidos durante años. Ni siquiera el mejor menú diseñado por el mayor experto puede sustituir el efecto acumulado de comer razonablemente bien de forma habitual.

En belleza pasa igual. Una sesión puede aportar muchísimo. Puede mejorar la hidratación, la luminosidad, la textura o el confort prácticamente de inmediato. Un cosmético bien elegido puede empezar a producir sensaciones agradables desde los primeros usos. Y determinados tratamientos ofrecen resultados visibles con bastante rapidez.

Pero cuando hablamos de estimular procesos biológicos, mejorar determinadas alteraciones, trabajar sobre el envejecimiento o cambiar de manera significativa la calidad de una piel, la palabra importante deja de ser intensidad y empieza a ser constancia.

Y quizá ese sea uno de los problemas de nuestra relación actual con los resultados: hemos terminado confundiendo rapidez con eficacia.

Las redes sociales tampoco ayudan demasiado. Un resultado progresivo es difícil de enseñar. Mantener una piel sana durante años no tiene un antes y un después espectacular. Prevenir tampoco. En cambio, una transformación inmediata cabe perfectamente en una fotografía, en un vídeo de quince segundos o en una promesa publicitaria.

Pero que algo resulte menos llamativo no significa que sea menos valioso. De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario.

Los mejores resultados que veo en mi trabajo rara vez pertenecen únicamente a una sesión extraordinaria. Suelen ser consecuencia de muchas decisiones pequeñas repetidas durante mucho tiempo: utilizar los cosméticos adecuados, protegerse del sol, acompañar con los tratamientos adecuados cuando corresponde y entender qué necesita la piel en cada momento.

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Eso, para mí, también es belleza con cabeza.

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