26 de enero de 2020
26.01.2020
MEMORIA DEL HORROR

"Auschwitz fue algo humano"

Alemania celebra el 75 aniversario de la liberación del campo en pleno 'revival' ultraderechista

26.01.2020 | 18:46
Entrada al campo de exterminio nazi de Auschwitz.

"Si alguna vez tienen que volver a huir, si alguna vuelven a encontrarse en una situación como aquella, ya he hablado con mi padre: nuestra casa es suficientemente grande. Allí se pueden esconder. Nosotros los alimentaremos".

Algunos escolares alemanes ofrecen protección a Petra y Franz Michalski tras escuchar qué suponía ser judío en la Alemania de Hitler. Esto último es lo que relatan desde hace años los Michalski en escuelas y también ante periodistas como los que hoy tienen enfrente en una rueda de prensa en Berlín.

Esta pareja de jubilados vivió en primera persona el Tercer Reich levantado en Europa por el nacionalsocialismo en la década de los 30 del siglo pasado. "No nos queda mucho tiempo", reflexiona Petra ante el auditorio. Este matrimonio forma, en efecto, parte de la última generación de supervivientes del Holocausto. Su principal objetivo en lo que les queda de vida es explicar aquello en primera persona.

Un hombre camina entre las barreras de alambre del campo de Auschwitz.

El día en que se conmemora el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, y cuando las fuerzas ultraderechistas y -en parte- negacionistas de la barbarie nazi avanzan en Europa, esa misión parece más pertinente que nunca.

Mirada al presente

"Para los supervivientes es importante que esta conmemoración no solo sea una mirada a la historia, a su propia historia y la de sus familiares, sino que también sirva para evitar que actuales y futuras generaciones tengan que pasar por algo parecido. Por eso, esta es también una mirada a los acontecimientos actuales en Europa. Estamos viviendo una época cargada de sensaciones de 'déjà-vu' para los supervivientes". Esto dice Christoph Heubner, vicepresidente del Comité Internacional de Auschwitz.

Auschwitz no es una palabra cualquiera. Supone la máxima expresión del genocidio organizado y perpetrado por el nazismo. El campo de concentración y exterminio, erigido por la Alemania nazi en el actual territorio de Polonia, fue la esencia de lo que algunos historiadores y teóricos llaman la "racionalización del mal": en ese campo se asesinó de manera industrial y optimizando los recursos; judíos, socialdemócratas, gitanos, homosexuales, cristianos o republicanos españoles eran enviados a morir a Auschwitz, no sin que antes sus verdugos calculasen y aprovechasen la productividad de su trabajo esclavo.

75 años después, una cosa está clara: aquel campo de exterminio, en el que fueron asesinadas más de un millón de personas -la mayoría judías-, habría sido imposible sin una infraestructura pensada al milímetro, sin un engrasado sistema estatal en el que participaron miles de funcionaros, y sin la aplicación de los decretos y leyes vigentes en la Alemania nazi.

Notarios del horror

El 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo liberaba Auschwitz. Los soldados rusos encontraron allí los restos del horror: acosados por el avance de las tropas soviéticas, Heinrich Himmler, líder de las SS e ideólogo de la llamada "solución final" para el pueblo judío en Europa, decide evacuar a miles de detenidos hacia el territorio todavía controlado por los nazis. Himmler ordena borrar las huellas de los crímenes cometidos en el campo. No lo consigue.

Además de miles de supervivientes que apenas podían caminar y que no pudieron seguir a las llamadas "Marchas de la Muerte", los nazis también dejaron atrás pruebas de la maquinaria de asesinar fría y sistemáticamente. Un ejemplo es un álbum de fotos tomadas por las mismas SS, hoy a resguardo en el memorial de Yad Vashem, en Jerusalén.

Montones de zapatos de los prisioneros asesinados se exhiben en el campo de exterminio de Auschwitz.

Las imágenes, hechas en mayo de 1944, muestran la brutal rutina de Auschwitz: la llegada de las víctimas agolpadas como ganado en vagones de tren; su selección en la tristemente célebre rampa del complejo de Birkenau (la ampliación del campo de exterminio) entre los aptos para trabajar y los que eran enviados a las cámaras de gas; el robo sistemático de los objetos de valor que aquella masa humana de hombres, mujeres y niños dejaba a los costados de los vagones con la esperanza de poder recuperarlos posteriormente; la mayoría todavía no era consciente de adónde había llegado y cuál era el destino que les esperaba. Aquellos fotógrafos nazis fueron, sin quererlo, notarios del horror.

Relativización del Holocausto

"Auschwitz fue algo humano", sentencia Christoph Heubner, del Comité Internacional de Auschwitz , sobre el mayor campo de exterminio construido por la Alemania nazi. Fue un crimen planeado y ejecutado por humanos contra humanos, argumenta. "Auschwitz nunca será solo una mirada a la historia, sino que es un reflejo de nuestra propia situación", añade. Para darse cuenta de ello, solo hace falta echar un vistazo a la actual composición del Bundestag.

Alternativa para Alemania (AfD) es hoy la tercera fuerza del Parlamento federal. La nueva ultraderecha alemana cuenta en sus filas con líderes políticos que no se sonrojan al relativizar o banalizar el nacionalsocialismo. "Hitler y los nazis son solo una cagada de pájaro en los más de 1.000 años de exitosa historia alemana", dijo en el 2018 Alexander Gauland, cofundador, padre ideológico de AfD y copresidente de la fracción parlamentaria del partido.

"Nosotros, los alemanes, somos el único pueblo del mundo que ha plantado un monumento de la vergüenza en el corazón de su capital", dijo en el 2017 Björn Höcke, líder de AfD en Turingia y del ala más radical del partido. En ese mismo discurso, Höcke equiparó el bombardeo aliado sobre Dresde con las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, y calificó el espíritu de Alemania como el de un pueblo "absolutamente vencido".

Más de cinco millones de alemanes votaron por AfD en las últimas elecciones federales del 2017. 75 años después de la liberación de Auschwitz, las líneas rojas de lo moralmente aceptable se han ampliado en Alemania, el mismo país en el que sobrevivientes del Holocausto como Petra y Franz Michalski dedican sus últimos años de vida a contar cómo consiguieron sobrevivir al Holocausto.

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