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José de Arango

La “playa” de La Barraca

Un remanso del río Aranguín es el boom del verano entre Salas y Pravia

Hace algo así como cincuenta años el prado El Rellouso de La Barraca, en el concejo de Salas, era el improvisado campo de fútbol donde jugaban equipos de aficionados de Mallecina, La Arquera, Priero y Camuño por parte salense, y de Loro y Puentevega, ya del territorio praviano. Como no había vestuarios era obligado el baño en un remanso del río Aranguín en el que veces caía el balón que un poco más abajo entraba en la presa del molino de Claudio, fácil ya de rescatar para seguir jugando.

Y ese remanso del río Aranguín se ha convertido en la playa fluvial que está haciendo las delicias de una población infantil que aumenta considerablemente debido a las muchas familias de la comarca que se marcharon en las últimas décadas pero que vienen a pasar fines de semana y las vacaciones en la casa natal de la que nunca quisieron desprenderse.

La pandemia ha influido también para que aumente la población de esta comarca ya que las casas vacías tienen ahora gran demanda.

Las playas de la costa central asturiana quedan, en temporada veraniega, a cerca de una hora de coche de La Barraca. Ya no hace falta ir a Los Quebrantos de Soto del Barco ni a Aguilar de Muros o San Pedro de la Ribera de Cudillero. Los niños bajan desde los pueblos en bicicleta y como no hay peligro alguno porque la playa es un remanso de poco calado, las familias se quedan tranquilas.

A pie de playa está Casa Claudio para ir a buscar un refresco o un bocadillo.

La playa de La Barraca podría ser mejorada con un par de camiones de arena pero para eso habría que contar con el visto bueno de la Confederación Hidrográfica y por aquí la experiencia dice que hay que evitar en todo lo posible el papeleo y la burocracia para conseguir una autorización que llegaría allá por la seronda.

Se desbrozaron los accesos, se apartaron regodones grandes que molestaban a los niños y un tablón de roble hace de puente sobre el Carqueixa, que precisamente aquí entrega sus aguas al Aranguín. ¡Y a bañarse!

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