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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Pintar de azul la economía

Qué es economía azul se puede explicar con un par de ejemplos: el de una pequeña empresa innovadora, una "startup" que pone en el mercado gafas de sol fabricadas con plásticos reciclados del mar y restos de redes de pesca. O una compañía que investiga el uso de las algas en la industria farmacéutica o la producción cosmética. ¿Quién no compraría una de estas gafas a sabiendas de que está participando activamente en la mejora de la salud de los océanos? Es como pagar un precio más elevado por un queso de producción en alta montaña, como el cabrales o el gamonéu, a sabiendas de que con esa adquisición se está favoreciendo el mantenimiento de una actividad tradicional milenaria que ha permitido moldear paisajes tan relevantes ambientalmente como los Picos de Europa.

Los océanos ocupan el setenta por ciento de la superficie del planeta; sin embargo, solo el cinco por ciento ha sido explotado. Así, la nueva frontera del siglo XXI no se encuentra en el espacio sideral, sino en las zonas oceánicas más alejadas de la costa. La pesca, el turismo, la acuicultura, el transporte marítimo, la biotecnología, la producción de energía eólica marina o el aprovechamiento de la fuerza de las olas son actividades que se beneficiarían de esta nueva propuesta que defiende la Unión Europea.

La economía azul, el aprovechamiento de nuevas actividades económicas vinculadas a los mares y el mantenimiento de las tradicionales, se sustenta en un triángulo equilátero: sostenibilidad, empleo e innovación. Aplicar técnicas innovadoras a la explotación racional y sostenible de los entornos marinos y marítimos puede generar nuevos puestos de trabajo. De manera que este modelo está llamado a convertirse en un destacado caladero de empleo, tanto como de especies marinas.

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