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Melendi 451

Sobre la polémica en torno a la letra del último hit del cantante asturiano

Algo se mueve en la jungla de papel mientras practico la caza de titulares, uno de mis deportes favoritos. Cargo, apunto y disparo la vista hacia un ejemplar inquietante:

-"Melendi indigna a las enfermeras por una canción 'vejatoria y machista".

-Qué habrá armado esta vez, -pienso sin saber.

Un café en el Central me devuelve a la ética de los manuales. Recojo el cuerpo del titular abatido y leo, sin abatimiento, que la presidenta del Consejo General de la Enfermería se ha indignado profundamente por una frase de la canción de Melendi, 'Síndrome de Estocolmo". En la letra aparece "la hija de dos borrachos que solo llegó a enfermera" y dice que, "ofrece una visión vejatoria, retrógrada y machista de la profesión, una irresponsabilidad de consecuencias nefastas para los niños y jóvenes que deja en su subconsciente una imagen injusta y errónea de la profesión, y que no había necesidad de introducir semejante vejación gratuita hacia nosotras que salvamos y mejoramos la vida de los españoles".

Busco y escucho la canción en el móvil. La letra habla de sueños perdidos, desperdiciados. De cómo las personas pueden sucumbir a la frustración encontrando acomodo en su propio desengaño mediante el auto secuestro emocional. Como recurso, utiliza a un vagabundo, una enfermera y un abogado. Releo el texto y encuentro motivos para la mueca pero no para la indignación. Cabría una demanda por paternalismo o sensiblería en la utilización del recurso, espejando su propia y poco creíble frustración, pero no se aprecia en ninguna de las estrofas intención vejatoria o machista que vayan a trastornar el sentido común de nuestros niños o jóvenes.

Hay canciones que se escriben para ofender o en legítima ofensa pero esta no es ninguna de ellas. Por lo tanto, es el adverbio "solo", sin acento, lo que dispara la indignación, una interpretación inversamente clasista. ¿Es posible que el texto reactive un complejo de inferioridad soterrado?

A la hora de crear desencuentros, la responsabilidad del cantautor por falta de acierto literario, no tiene comparación con la suspicacia de un cargo público que representa a trescientos mil profesionales. No les animo a escuchar la canción porque a mi no me gusta. Sí, a leer la letra contrastando esta opinión. Y si nos ponemos estupendos yo demandaría al gran Luis Eduardo Aute por cantar aquello de -qué me dices cantautor de las narices-.

Para esta ocasión, el inexistente Consejo General de la Cantautoría recomienda como solo de trompeta 'El silencio' de Rudy Ventura.

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