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El carnaval nunca visto en Oviedo: Música de verbena en un Entierro de la Sardina bajo techo y con aforo limitado

Unas 700 personas copan el aforo restringido del Auditorio en la despedida de carnaval con menos disfraces

Miembros de la asociación Mercáu Astur interprentando los cánticos del tradicional Entierro de la Sardina sobre el escenario del Auditorio. | Miki López

Miembros de la asociación Mercáu Astur interprentando los cánticos del tradicional Entierro de la Sardina sobre el escenario del Auditorio. | Miki López

Una verbena sin bailes y con distancia de seguridad puso ayer la guinda en el Auditorio en el Entierro de la Sardina más atípico. Unas 700 personas coparon la totalidad del aforo restringido del Auditorio para participar en la singular edición de una tradición adaptada a los tiempos de covid. Bajo techo y con distancia de seguridad, pero con las plañideras y los personajes habituales, los ovetenses dieron su penúltimo adiós al Antroxu –hoy habrá un segundo concierto en el Auditorio– en un graderío sin apenas disfraces. “Somos unos sosos”, lamentaba Adolfo Avello, que decidió acudir a la cita junto a su hija Olaya con sendos disfraces de Mozart.

Uno de los participantes en la comparsa del Entierro de la Sardina con el público asistente al fondo. | Miki López

La respuesta a la programación elaborada por la concejalía de Festejos puso de manifiesto las ganas de fiesta de los habitantes de la capital. A las cuatro de la tarde ya había cola en la taquilla del Auditorio para hacerse con una de las 150 devueltas por personas de otros municipios de la región privados de disfrutar de la jornada por el cierre perimetral.

Un instante de la actuación del grupo “Tekila”. | Miki López

Dos filas perfectamente separadas, voluntarios de Protección Civil y numerosos efectivos del Auditorio dejaban entrever el esfuerzo de la organización por cumplir los protocolos, mientras la edil del área, la popular Covadonga Díaz, se sumaba al operativo ayudando a cotejar las entradas con los listados impresos por el Ayuntamiento. “Está llevando trabajo, pero merece la pena”, apuntó Díaz con visibles ganas de ver a la gente disfrutar del espectáculo.

Borja Freire y Rosi Vega con sus hijos Iker y Clara junto al Auditorio.

El colectivo llanisco Mercáu Astur fue el encargado de oficiar el funeral de una sardina confinada y castigada sin desfile por el coronavirus. “¡Era tan buena!”, exclamó una de las plañideras participantes en el sepelio más surrealista de los carnavales ovetenses, aderezado con los cánticos de los integrantes del cortejo fúnebre.

Una vez enterrado el popular pescado, el grupo “Tekila” tomó el escenario para levantar el ánimo de muchos fans incondicionales que suplieron los bailes con rápidos movimientos de brazos al ritmo de la música de verbena. “Ya había ganas”, confesaba una joven seguidora autodenominándose “tekilera” desde un asiento aislado a un extremo del graderío.

Si bien el de ayer era el acto central de los carnavales de este año, no fue el definitivo, pues Festejos ha programado para hoy, a las 19.00 horas, una segunda “verbena de butaca” con los integrantes del grupo “Beatriz” como protagonistas.

“No todo va a ser pandemia”, dicen los valientes que no fallaron a su cita con el disfraz

“Lo hacemos sobre todo por los pequeños, que bastante han tenido ya con aguantar la pandemia”. Así explicó Rosi Vega los motivos que le llevaron a salir disfrazada a la calle junto a su marido, Borja Freire, y sus pequeños Iker y Clara. Blancanieves, un enanito, la madrastra y el príncipe fueron los personajes elegidos para conformar una foto familiar que quedará para el recuerdo. “La gente debería ser más animada”, indicó la progenitora.

Por la izquierda, Alejandro García, Fernando Quirós y Manuel Quirós con sus disfraces en el parque infantil de la plaza del Fresno.

Las caracterizaciones brillaron por su ausencia en las pobladas terrazas hosteleras de la ciudad, mas fueron bastantes los niños que sacaron del armario su vestuario festivo para salir a jugar con sus amigos. “¡Cuidado que disparo!”, advirtió el pequeño Fernando Quirós con su atuendo de personaje de la Guerra de las Galaxias mientras posaba con su hermano Manuel –ayer Capitán América– y su amigo Alejandro García, también vestido de superhéroe.

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