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La exuberancia lírica de la ópera "Ernani" cautiva en su estreno al público del teatro Campoamor

El público aplaude la potencia vocal e interpretativa de los protagonistas del clásico de Verdi, que echa el cierre a la 75.ª temporada de ópera ovetense

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EN IMÁGENES: Así fue el estreno de la ópera "Ernani" en el Teatro Campoamor

La 75.º temporada lírica de Oviedo se despide con el "Ernani" de Verdi. Su estreno, ayer en el Campoamor, fue un regalo de la Ópera de Oviedo a sus incondicionales, entre los que hay muchos amantes de la música de Verdi. El lirismo exuberante de la obra y la potencia vocal e interpretativa de sus protagonistas sedujeron al público, que salpicó de aplausos y bravos la función. Concebida como un artefacto para la evasión y el gozo estético por su directora de escena, la italiana Giorgia Guerra, sobria y elegante en los decorados y el vestuario, y dirigida impecablemente por su paisano Daniele Callegari, "Ernani" cumplió con lo que se esperaba y se ganó una generosa ovación del auditorio.

Alejandro Roy, Juan Jesús Rodríguez, Gianfranco Montresor y Marigona Qerkezi encabezaron el reparto del drama lírico, en cuatro actos, que se estrenó por primera vez en La Fenice de Venecia en 1844 con la música de Giuseppe Verdi y el libreto en italiano de Francesco Maria Piave. Transcurre en una España que por entonces resultaba un escenario exótico en el que podían desarrollar tramas sobre la fuerza de la pasión y el peso del honor. Esos son precisamente, los temas que guían el argumento de "Ernani". Hay en ella bandoleros, juramentos de honor, arrebatos de pasión, la valentía y el orgullo con la que los románticos identificaban España. La que acaba de presentarse en el Campoamor, y que podrá verse los días 31 de enero, 2 y 4 de febrero y con su segundo reparto el viernes 3 de febrero, es una producción de la Ópera Real de Valonia.

Musicalmente, la clausura de la septuagésima quinta temporada exhibió un nivel rayando el sobresaliente. No en vano, la exigencia de esta ópera verdiana condicionó la elección del reparto a un elenco de primer nivel capaz de afrontar con solvencia este tour de force. El impetuoso y romántico Ernani fue encarnado por el tenor Alejandro Roy, extraordinario en la emisión y proyección, aunque seguramente un volumen menor en determinados momentos habría jugado en favor de la dicción y habría conferido mayor atractivo a sus intervenciones. Con todo, buen papel del tenor asturiano. Gianfranco Montresor, como Don Ruy Gómez de Silva, se mostró muy sólido durante toda la velada. Haciendo gala de una voz bien timbrada, supo manejar acertadamente la línea de canto y alzarse como el redomado villano de la ópera.

Los triunfadores de la velada fueron la soprano Marigona Qerkezi, como Elvira, y el barítono Juan Jesús Rodríguez, como Don Carlo. El exigente papel de la apasionada protagonista del drama verdiano encontró en Qerkezi una gran intérprete, siempre expresiva y ágil en las coloraturas. A su facilidad para los agudos sumó unos graves naturales convincentes, rubricando una interpretación vibrante. Por su parte, Rodríguez moldeó su timbre de barítono a las exigencias del guion, bien con poderío en un registro más grave, como rey poderoso y despiadado, bien con un registro agudo de sonoridad más dulce, evocando el conflicto sentimental que también vertebra a este personaje. En ambos casos, su Don Carlo fue imponente. María José Suárez supo extraer el jugo suficiente a Giovanna, aportando relieve y presencia al personaje, vocal y escénicamente y en la misma línea, Josep Fadó (Don Riccardo) y Jeroboám Tejera (Yago).

Oviedo Filarmonía mantuvo el nivel desde el foso, ante la exigente batuta de Daniele Callegari. El director italiano sacó de la orquesta el sonido y el volumen que requería cada momento, contrastando acertadamente los temas y matizando cada intervención ante una formación muy versátil que se dejó mecer por su experiencia. En esta ópera del genio de Busseto, la primera con temática española, el coro no posee un papel tan determinante como en obras anteriores, como por ejemplo, "Nabucco", y se limita a servir de telón de fondo mientras los cuatro protagonistas se enzarzan en una maraña de sentimientos y pasiones. Sin embargo, el Coro Intermezzo supo lucirse en sus pasajes, siempre equilibrado y bien empastado, con intervenciones de mérito como en "Que despierte de nuevo el león de Castilla".

Por la izquierda, el presidente de la Ópera, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero y su esposa Montaña Sánchez-Arévalo, Alfredo Canteli y su esposa, Marta Suárez, y el embajador de Italia, Riccardo Guaraglia, y su esposa, Elena Persichetti, en el Campoamor. Irma Collín

El embajador de Italia en España, Riccardo Guariglia, y su esposa, Elena Persichetti, siguieron la representación en el palco de honor, invitados por el Alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, al que les unen lazos de amistad. Era la primera vez que Guariglia veía "Ernani" y en el intermedio tuvo palabras de elogio tanto para el teatro Campoamor, "fantástico", como para la producción, por su "escenografía clásica" y su "brillantez musical". El Embajador se tomó unos minutos para reflexionar sobre el valor de la cultura, "un puente entre pueblos, una fuerza que no tiene fronteras y que nos ayuda a entendernos".

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