La adolescencia, básica en la construcción de la identidad
El tránsito hacia la madurez mantiene la interdependencia con los progenitores, a la vez que aumentan las relaciones externas
La adolescencia, básica en la construcción de la identidad / Esther Blanco y Andrés Calvo
Esther Blanco y Andrés Calvo
La adolescencia es un período de la vida inquietante para quien la transita y preocupante para los padres que la esperan. Tal parece que se aproxima algo que debe soportarse y pasar lo antes posible, con la confianza de que no deje demasiadas consecuencias. La adolescencia nos asusta y a la vez nos pone en guardia.
Conocer más.
Como padres, necesitamos conocer un poco más lo qué ocurre en este período y a qué señales hemos de estar atentos en la difícil tarea de seguir ayudando a nuestros hijos en la construcción de su identidad. No debemos limitarnos a "sobrevivir" a la adolescencia. Este periodo supone una oportunidad para que nuestros jóvenes se puedan seguir desarrollando gracias a ella, no a su pesar. La labor de la adolescencia es poner a prueba los aprendizajes que han experimentado dentro de la unidad familiar. De alguna manera asistimos al estreno de una función que hemos estado ensayando durante nada más y nada menos que 12 años y que se desplegará hasta aproximadamente los 24 años.
A lo largo de la infancia se han ido sentando las bases de la estructura de la personalidad a través de las relaciones paterno-filiales y será en la adolescencia donde se pongan a prueba y reajusten los aprendizajes emocionales obtenidos.
Los adolescentes deben seguir beneficiándose de la relación con sus figuras de apego: sus padres. El cambio sano hacia la madurez pasa por mantener viva la interdependencia con sus progenitores, dejando cada vez un mayor paso a las relaciones con sus iguales, con los que pasarán a relacionarse de forma predominante, dando forma a su sentido de identidad.
La adolescencia también ofrece a los padres una segunda oportunidad para preparar al joven para la vida adulta. Estamos preprogramados para que la supervivencia dependa de la reciprocidad. Sentirnos escuchados y entendidos es la llave que permitirá activar la confianza y desactivar la actitud a la defensiva en la adolescencia.
Flexibilidad.
El afecto, el establecimiento de límites y el respeto a la autonomía por parte de los adultos han de llevar al adolescente al desarrollo de una personalidad flexible, adaptable a las exigencias del medio.
Tampoco podemos olvidar que al menos un 46 por ciento de los adolescentes presentan algún tipo de problema de adaptación. Las cualidades no adaptativas son posiblemente menos evidentes cuando el niño se encuentra en situaciones estructuradas, no amenazantes o predecibles, como es la vida en la familia durante la infancia. En la adolescencia, la manifestación de una personalidad poco adaptativa se hace más evidente con las nuevas exigencias del desarrollo relacionadas con la transición. La patología, menos evidente en la edad escolar, tiende a manifestarse con el relajamiento de las estructuras sociales externas. Demandas interpersonales, ambientes más competitivos, posibilidad de enfrentarse al fracaso, nuevas exigencias de autonomía hacen de la adolescencia un lugar menos "seguro" para la vida de un joven.
Es de esperar que la adolescencia y los cambios cerebrales que le son propios, dejen al joven expuesto a una búsqueda mayor de la novedad, un deseo creciente de implicación social, un incremento de la intensidad emocional y un aumento de la experimentación creativa. Se espera en esta etapa de formación de la identidad una imagen corporal realista, capacidad de adaptación a diferentes circunstancias o a diferentes grupos de edad, actitudes y valores consistentes, genuinidad, autenticidad y sinceridad, claridad de género, capacidad para responder a premios y castigos, sentimientos de remordimiento, culpa, vergüenza y preocupación por los demás.
En cambio, nos encontramos con dificultades cuando observamos relaciones perturbadas con compañeros, hipersensibilidad al estrés interpersonal, al aburrimiento y a la devaluación, expresión afectiva dramática y constantes exigencias de atención, temperamento explosivo e impulsividad, intensa y prolongada rabia, sentimientos de vacío; o problemas de timidez y serias dificultades para hacer amistades, constricción significativa de sus actividades recreativas, perfeccionismo, rigidez y terquedad; dependencia exagerada de las figuras de apego.
Atención a las conductas.
Observar y atender a los componentes básicos de la personalidad de nuestros jóvenes resulta necesario si queremos contribuir a un sano desarrollo en la formación de su identidad. Los síntomas ansiosos, depresivos, los trastornos de alimentación, las autolesiones y la ideación suicida o el abuso de sustancias, representan la cara visible, el debut o cristalización de la interacción de muchas variables de corte biopsicosocial, donde la revisión de cada uno de los componentes y la interacción que se entreteje entre todos ellos se hace imprescindible en esta etapa. La vida adulta les espera.