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Tom Cruise y la danza prima: la historia de cómo acabó una grabación polesa en una escena de "Misión: Imposible II"

Los productores del filme usaron un audio del tradicional baile asturiano que había grabado el folclorista Alan Lomax en 1952

Cuando Tom Cruise bailó la danza prima

Cuando Tom Cruise bailó la danza prima Misión Imposible II / Paramount Pictures

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Cuando Tom Cruise bailó la danza prima Franco Torre

Pola de Siero fue una presencia inesperada en una gran superproducción de Hollywood, un genuino "blockbuster" que recaudó, en el verano de 2000, cerca de 550 millones de dólares en todo el mundo: "Misión: Imposible II". Dirigida por John Woo y con Tom Cruise, entonces astro mayor del universo cinematográfico, como productor y protagonista, la película es hoy recordada por las improbables escenas de acción filmadas por Woo (con su personal utilización de la cámara lenta y la presencia continua de las palomas, una obsesión para el cineasta), por postular a Thandie Newton como estrella (dos años después de su impactante interpretación en Beloved), y por contener uno de los gazapos más zafios de la historia del cine: la inverosímil mezcla entre la Semana Santa sevillana y las Fallas de Valencia con música de la danza prima asturiana al inicio del filme.

Situémonos: el agente Ethan Hunt, interpretado por Tom Cruise, viaja a Sevilla para recibir órdenes de su superior en la Fuerza de Misión Imposible, el comandante Swanbeck, al que da vida Sir Anthony Hopkins. Cuando llega a la ciudad, Hunt se encuentra en medio de una celebración de Semana Santa, que termina cuando los romeros, agárrense que hay curvas, tiran los santos a una monumental hoguera. Swanbeck, que mira el dantesco espectáculo por una ventana, recibe a Hunt con una frase categórica: “Estas fiestas son un dolor en el culo: honran a sus santos arrojándolos al fuego. Le avisa de lo que piensan de los santos, ¿no es así?”.

Dejemos a un lado la monumental pifia del guionista, Robert Towne, y recreémonos un poco más en la escena de la procesión. Antorchas y cirios iluminan la noche, como en Lourdes, y los fieles bailan de felicidad como si aquello fuese Carnaval. Además, los costaleros visten un pañuelo rojo, propio de San Fermín. Pero lo más destacado, lo más chocante, es la canción que entona la multitud:

“¡Ay, él por aquí venía!/Viva la

Virgen del Carmen/ ¡Ay, él por

aquí venía! ¡Ay, él por aquí pasaba!”.

Unas inconfundibles estrofas que se incluyen en el romance “El galán de esta villa”, que se canta en Pola de Siero, en plenas fiestas del Carmín, con el singular ritmo a dos voces (los solistas y el coro de la muchedumbre) de la tradicional canción asturiana de la danza prima.

Superado el shock de comprobar la aportación asturiana a esta kafkiana escena, auténtica macedonia de frutas audiovisual, queda en el aire una pregunta, un misterio: ¿Cómo llegó la danza prima a ambientar una escena de “Misión Imposible II”? Un enigma cuya investigación nos lleva a un pequeño estanco de Pola de Siero, allá por el año 1952.

Pero vayamos por partes. Para resolver el misterio, lo primero es analizar la propia escena de la película. En un segundo visionado, se aprecia cierta distorsión en el sonido, sin duda tratado para que retumbe como si estuviese grabado en directo. Pero un rápido repaso a los datos de producción, recogidos en la web especializada Internet Movie Database (imdb.com), permite comprobar que la escena está filmada en la plaza Argyle, en Sidney (Australia). De hecho, se aprecian los volúmenes de la iglesia Garrison.

Una escena de "Misión Imposible II" PARAMOUNT PICTURES Paramount Pictures

Al corroborar esta información, resulta evidente que esa música, de carácter diegético, no está grabada en directo, sino que es lo que se conoce como un “sonido de stock”. Esto es: una grabación realizada previamente que los técnicos reciclan para la película.

La temática religiosa de la danza prima, con sus alusiones a la Virgen del Carmen (convenientemente recogidas en la escena del filme, donde incluso se aprecia un corte de sonido para insertar dos fragmentos en los que se alude a la Virgen), y su carácter coral sin duda propiciaron la elección de esta pieza. Mas, ¿cómo llegó una grabación de la danza prima polesa a manos de los estudios de Hollywood?

Para responder a esa preguntar, tenemos que retroceder en el tiempo casi medio siglo desde que se produjo “Misión Imposible II”. Entre 1951 y 1952, un folclorista norteamericano, Alan Lomax, recorrió Asturias, guiado por el historiador Juan Uría Ríu, recogiendo distintas canciones tradicionales de la región. En noviembre de 1952, Lomax llegó a Pola de Siero, con el objetivo de grabar las canciones de tres danzas populares: “Les sampedraes”, que se bailan en San Pedro y San Juan, “Los caranquiños” y la emblemática danza prima que cierra las fiestas del Carmín.

Alan Lomax.

Para lograrlo, Lomax y Uría contaron con la colaboración de un nutrido grupo de polesos que escenificaron para él estas danzas, y que encabezaba una popular estanquera que pertenecía a una familia local con gran pasión por la música: Joaquina Moro Lagar. Lomax grabó la canción, según él mismo recoge, con un centenar de vecinos cantando y bailando la danza por las calles de la Pola. El son lo marcan dos mujeres, una de ellas la citada Joaquina Moro Lagar, que era tía de un joven compositor que daría que hablar: Rafael Moro Collar, más conocido como “Falo Moro”, y que regentaba junto a su hermana Covadonga (posiblemente la otra intérprete del romance) un conocido estanco en la localidad: “Les Generoses”.

Las grabaciones de Lomax, de gran calidad, se custodian en el centro de investigación de la Association for Cultural Equity en Nueva York. En concreto, el audio con la grabación de la danza prima se puede escuchar íntegramente aquí. De ahí las extrajeron, sin duda, los técnicos de “Misión Imposible II” para ambientar su improbable procesión fallera, toda vez que al cotejar los audios de Lomax con la película queda claro que se trata de la misma canción. Una grabación que permite comprobar el talento para la canción de Joaquina Moro Collar, algo que destacan todos aquellos que conocieron a la estanquera, de la que se dice que cantaba “como los ángeles”. Su voz, de hecho, era digna de un “Oscar”.

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