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La Nueva España de Siero

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José Antonio Coppen

Bitácora de Lugones

José Antonio Coppen Fernández

El silencio

Un íntimo diálogo interior en preciso y precioso equilibrio

La vida desde el silencio nos permite encontrar el momento adecuado para escribir, leer, componer, pintar… En definitiva, para vivir conscientemente. Es, en definitiva, la arcadia feliz para desarrollar la facultad de pensar. En el silencio se forman las más brillantes ideas, las más hermosas palabras para transformarlas en armoniosos mensajes, de la misma forma que brotan las notas en un pentagrama musical y, cual encaje de bolillos, acaban transformándose en una sinfonía musical. También en la poesía hablan los silencios. Y ya lo hemos dicho en alguna otra ocasión, hasta deberíamos buscar el silencio a la hora de degustar un menú, eligiendo el mantel como único compañero de mesa. No olvidemos que mientras se conversa se distrae el paladar. Todo el mundo necesita el silencio y no son muchos los que lo consiguen. La vida desde este estado nos permite recordar la olvidada advertencia a quien llamaba a la puerta: “Silencio, sabio pensando”.

Sabido es que el silencio es indispensable para regenerar el cerebro. Es verdad que ha sido fuente de muchas reflexiones a lo largo de la historia. De todo modos, hemos de reconocer que es complicado encontrarlo, cada vez se nos satura de más ruidos: bullicio, música estridente, animales domésticos, ruido de coches y vehículos de gran tonelaje… No obstante, debemos de huir de los pensamientos y recuerdos destructivos, dedicando nuestros diálogos interiores a sembrar actitudes positivas, porque con el silencio nos superamos a nosotros mismos. Se encuentra unido a la franca comunión con la soledad, pero no es necesario alcanzar la condición de ermitaño o anacoreta. Huyendo del mundanal ruido que nos acecha a diario hallaremos el preciso y precioso equilibrio para establecer un íntimo diálogo interior con nuestro yo. Sólo así podemos continuar viviendo, contra viento y marea, la dirección adecuada de la senda de nuestra propia personalidad.

Se debe evitar caer en el desaliento que puedan provocar las opiniones o críticas de los demás. Hemos de hacer un pacto de fidelidad con nosotros mismos, así nadie nos podrá reprochar falsedad en nuestros pensamientos y actitudes. En ocasiones, el silencio es más elocuente que las palabras. O puede ser la actitud más elegante. O el tributo que hemos de soportar para conservar la dignidad. Debería aplicarse el silencio, asimismo, a quienes faltan a los demás y a quienes practican la injuria o la calumnia. En estos casos, es preferible huir callando, subrayando que no siempre el que calla otorga. Viene muy oportuna referirnos al estoicismo, el movimiento filosófico fundado en Atenas en el 301 antes de Cristo por Zenón de Citio. Digamos que una de las actitudes de los estoicos consistía en despreciar la opinión del vulgo. Por su parte, Séneca, que defendía el estoicismo, condensa sabios consejos. Uno de ellos dice así: "Alcanzarás la sabiduría si te obturas los oídos". También conviene señalar que el silencio puede estar condicionado por los sentimientos de amistad.

No conviene olvidar que muchas situaciones adversas se generan a causa del sistema que nos rodea. Cuando las circunstancias así lo aconsejan, la intervención deberá adquirir el tono discrepante, no la discusión, porque las discrepancias no deben dañar la convivencia, mientras la discusión la quebranta. Tengamos siempre en cuenta que la mejor manera de salir ganando una discusión es evitándola, aunque si nos vemos obligados a posicionarnos, lo que se impone es hacer uso del sentido común, sin desviaciones y respetando la coherencia, en franca sintonía con la ecuanimidad. Ahora bien, antes debemos asegurarnos de disponer de información y conocimientos sobre el particular, pues en caso contrario, debemos abstenernos de pronunciarnos.

Perlas de la sabiduría. "Si quieres triunfar en la vida, haz de la perseverancia tu amigo del alma, de la experiencia tu sabio consejero, de la advertencia tu hermano mayor y de la esperanza tu genio guardián". (Joseph Addison, escritor y político británico).

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