11 de enero de 2013
11.01.2013
Entrevista

"La sociedad valora más la riqueza y la moda que la dignidad"

Pérez-Reverte presenta su última novela, 'El tango de la Guardia Vieja', una historia que surgió cuando tenía 39 años

12.01.2013 | 04:54
Promocionando su libro en Vigo

Vigo es uno de los lugares que Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) gusta de revisitar, como diría un dylaniano usando un verbo que no figura en el diccionario de la Real Academia. "Vuelvo siempre que puedo", dice el escritor y académico, que ha presentado su última novela, 'El tango de la Guardia Vieja' (Alfaguara), la primera en la que coloca el amor en el primer plano narrativo.

Mirando a la antigua Estación Marítima de Vigo, el lugar desde donde tantos gallegos partieron hacia Buenos Aires, el escritor y académico charla sobre esta historia que surgió de la visión de un tango cuando tenía 39 años, y que abandonó a las 40 páginas porque se dio cuenta de que no funcionaba. El que fuera reportero de guerra durante 21 años –fue "puta antes que monja", le gusta recordar– maneja como nadie los tiempos de la entrevista y hasta sabe qué objetivo fotográfico va mejor para sus facciones, las de un rostro enjuto de un viejo lobo de mar.

–El protagonista de El tango de la Guardia Vieja, Max Costa, tiene 64 años; y usted, 61. ¿Qué grado de identificación existe entre usted y Costa?

–Muy poco. El protagonista es un rufián simpático y amoral que vive de las mujeres. No hay nada en su vida que tenga que ver con la vida. Pero mis años, mi edad y mi mirada lo hacen posible. Hay personajes que solo son posibles cuando miran el mundo de una forma determinada: la experiencia, la fatiga, el cansancio... Con ese botín de guerra he construido el personaje. Pero no hay una relación personal entre él y yo.

–En un pasaje de la novela, a Max Costa le piden que elija entre "fascio o República", pero Max "se sincera con todos sin tomar partido". Una postura similar a la suya.

–No, tampoco comparto eso con él. Es una novela y Max es un personaje indiferente a la política porque no le interesa. Solo le motivan las mujeres y el dinero. Es un error buscar identificaciones entre el autor y los personajes. Es como buscar a Céline detrás de "Viaje al fin de la Noche" o a Scott Fitzgerald detrás de "El gran Gatsby".

–Matiza la protagonista femenina de la novela, Mecha Inzunza: "No somos gente rica, somos gente bien". ¿Hace falta menos gente rica y más gente bien en la sociedad actual?

–Lo que más valoro socialmente son las maneras. Da igual que tengas dinero o no lo tengas, o que tengas clase social alta, media o baja. Las maneras no tienen clases ni dinero. Se tienen o no se tienen. Gente de lo más humilde tiene unas maneras exquisitas y una educación y una dignidad personal que nada tienen que ver con el estatus social. Desgraciadamente esta sociedad valora más la riqueza, la moda y los signos externos que la dignidad moral. Yo creo que el único valor respetable de verdad son las buenas maneras como indicio exterior de una dignidad moral interior.

–Al hilo de esto, tengo que preguntarle por la decisión de su buen amigo Javier Marías de rechazar el Premio Nacional de Narrativa. ¿Es un signo de esa dignidad moral? ¿Comparte su decisión?

–La comparto. Javier es coherente con sus ideas y sus maneras. Siempre dijo que lo haría si le ocurría. Ha sido consecuente y lo ha hecho. Valoro muchísimo ese tipo de actitudes. Si un día me ocurre –que no creo que me ocurra–, espero tener la misma coherencia que él y rechazarlo también.

–Pero no lo asegura.

–Hasta que llegue el momento nunca sabes lo que vas a hacer. En principio, supongo que también lo rechazaría.

–Y las críticas sobre El tango de la guardia vieja, ¿qué tal han ido?

–Han sido prácticamente todas muy buenas. Me refiero a las críticas formales, otra cosa es lo que suelte alguno en internet. Es la primera vez que eso me ocurre. Han sido muy buenas para mi asombro, no esperaba esa unanimidad. Y en ventas también está yendo muy bien.

–¿Qué precauciones tomó para escribir esas escenas de sexo? Ha dicho que escribir estos pasajes es como jugar a las siete y media: no hay que pasarse ni quedarse corto.

–El sexo es muy peligroso en la literatura. Cuando tienes un tipo de lectores, sabes lo que aceptan y lo que no aceptan. En mi caso tengo lectores de muchos tipos: jóvenes, mayores, señoras educadas y menos educadas, hebreos, chinos, japoneses, colombianos, polacos, canadienses... Contar una historia de sexo que acepten y que no les chirríe requiere un trabajo de planteamiento previo. Han sido muy calibradas y estructuradas. Algunas son escenas duras, no es sexo a dos; y violentas. Y el violento no es él, precisamente.

–¿Ese aspecto, el del sexo turbio, también lo ha investigado?

–No, todo lo que pone en la novela sobre sexo me lo han contado [sonríe].

–Se despacha a gusto en Twitter con los políticos...

–[Interrumpe] Me llevo despachando muchos años.

–Es cierto.

–Por eso me quieren como me quieren algunos de ellos [sonríe].

–Pero alguno conocerá que lea sus novelas...

–Algunos hay dignos y honorables, sí. Es evidente que uno no puede ir detallando "todos menos éste y menos aquel..." La gente sabe que, cuando uno habla así, está generalizando y que siempre hay un justo en Sodoma. O en Gomorra, que no sé por qué dejamos Gomorra fuera del comentario. Hay gente muy decente y muy digna, pero la mayoría tiene unas maneras zafias y una actitud política, expresiva y retórica, lingüística y sintáctica incluso, absolutamente deplorables. Hay políticos que avergüenza que te representen.

–Cuando le han preguntado por esta última novela ha dicho que llevamos tres mil años de héroes masculinos, desde Ulises a Mad Men. Tal vez pueda sorprender a algunos esa alusión a una serie televisiva.

–Es que en este momento tiene más peso Mad men que un libro. Sería absurdo aferrarse al libro como único argumento
cultural en este momento en el que vivimos. Actualmente la televisión tiene un peso más importante que la literatura en la formación de imaginarios culturales en la gente. Mad Men, Los Soprano y El ala oeste de la Casa Blanca, las grandes y buenas series americanas, tienen más influencia cultural en la actualidad que la literatura. Sería estúpido no reconocerlo.

–No fue usted un periodista de los que se proponían cambiar el mundo a través de su quehacer profesional. ¿Qué le parece la frase de "sin periodismo no hay democracia".

–Bueno, eso es verdad. Pero sin periodismo honrado. A veces la palabra "honrado" se la saltan. Un periodismo deshonesto envilece la democracia. No siempre el periodismo es garantía de honestidad, si el periodista no garantiza honradez.

–Ha dicho su antiguo compañero [el corresponsal de guerra] Ramón Lobo que "ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas". Una frase aplicable al periodismo y a otras profesiones.

–Ramón Lobo, al que acaban de echar de un periódico en el que ha trabajado toda su vida, jugándose la vida para él, es un ejemplo claro de que no siempre el periodismo es honesto. No me refiero a Ramón, claro, sino a lo que han hecho con él.

–Volviendo a la novela, el personaje de Mecha Inzunza podría remitir a Ava Gardner, "el animal más bello del mundo": tiene belleza y cierta parte animal.

–Toda mujer hermosa tiene algo de animal más bello del mundo. Y toda mujer inteligente tiene algo de mujer superior. Mecha Inzunza es una mujer hermosa que además es inteligente. Es un bello animal superior en lo intelectual, lo cual es una combinación perfecta. Lo bueno que tiene la literatura es que te permite este tipo de combinaciones perfectas que en la vida no son tan fáciles de encontrar.

–Un personaje de la novela apenas esbozado biográficamente, Tomás Ferriol, es un claro trasunto de Joan March: un financiero enriquecido por el contrabando, financió el golpe de Franco...

–No, no, es Joan March, directamente. Pero como necesitaba algún tipo de libertades narrativas, como una hermana que no sé si tenía, y jugar un poco con aspectos más oscuros de su historia, preferí ponerle otro nombre y montar un personaje de ficción para tener aquello que necesitaba en la novela. Pero está directamente inspirado en Joan March.

–Así que el cambio ha sido por razones narrativas, no para evitarse querellas.

–No, no, no. Por razones puramente narrativas. A estas alturas ya no hay querellas. Aparte que lo que menciono es verdad: fue Joan March quien financió el golpe de Estado [de 1936]. Tampoco descubro ningún secreto.

–En la novela pasa de puntillas sobre la Guerra Civil...

–No paso de puntillas, simplemente no me interesa narrativamente. Es una materia que no me interesa como novelista. En este caso me venía bien como telón de fondo para una de las tres partes de la novela, como decorado, igual que utilizo el tango de los años 20 para otra parte, la Costa Azul de los treinta o el Sorrento de los años 60. Me daba una serie de argumentos narrativos: espionaje, intrigas en la Costa Azul, esas familias adineradas que se habían refugiado allí... No los refugiados convencionales que salen en las fotos de Capa, sino otro refugiado privilegiado. Pero no tengo el menor interés por escribir sobre la Guerra Civil.

–El conde Ciano [yerno de Mussolinni] pide una comisión del cuatro por ciento contra una cuenta en Suiza... Aunque no lo parezca, la novela fue escrita mucho antes que ciertas informaciones periodísticas recientes...

–Claro que está escrita mucho antes, pero es que los tantos por ciento y las cuentas en Suiza no son de ahora, son un fenómeno antiguo y secular.

–¿Y qué piensa un jacobino convencido como usted de la aventura secesionista de Artur Mas?

–Bueno, hoy no voy a entrar en eso. Digamos que yo soy jacobino. Mis ideas al respecto están más cerca del gobierno revolucionario francés en la época de la Revolución Francesa que de este tipo de situaciones.

–¿Sigue siendo España el "paraíso de la envidia, la barbarie y la vileza", como la España de los años treinta?

–Basta con poner el telediario para comprobarlo.

–¿Tiene ya pensada su próxima incursión literaria?

–Sí. Un novelista es un tipo que va con un montón de historias en la cabeza, y unas afloran antes que otras. Una de las historias que tengo en la cabeza estaba rompiendo aguas mientras trabajaba en ésta. Así que imagino que, si todo va bien, la empezaré en enero o en febrero. Siempre tengo historias. El problema, a mi edad, es elegir cuáles escribo y cuáles no.

–¿Requerirá un periodo de investigación tan largo como El tango de la Guardia Vieja, que le llevó dos años de preparación?

–Requerirá investigación, trabajo y viajar a varios lugares. Soy un escritor profesional, vivo de eso, e intento contar historias de forma eficaz.

–¿Será una historia actual?

–Es actual, pero no merece la pena hablar de eso.

–Una última curiosidad: ¿un académico de la lengua como usted sigue a rajatabla todas las normas de la Real Academia Española, como escribir 'guión' sin tilde?

–No, no, no. Hay un grupo de académicos, que incluye a Vargas Llosa, a Javier Marías y a mí, que nos hemos declarado en disidencia con la nueva ortografía porque no estamos de acuerdo con ella. Votamos contra ella y no se nos hizo caso. Hemos decidido que no vamos a aplicar esas normas porque nos parecen inadecuadas. Somos profesionales, son herramientas que necesitamos para escribir, y a nosotros no nos dice ningún colega académico cómo tenemos que hacer nuestras novelas. No aceptamos esas normas de acentuación, ni escribir "Qatar" o "quorum" con 'c'... Les hemos dicho a nuestros correctores, tanto en "El Semanal" como en las editoriales, que no apliquen esas normas a nuestros textos.

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