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Aniversario de altos vuelos en Avilés

El Grupo Ornitológico Mavea cumple 35 años: “Entonces la atmósfera era irrespirable; hoy ha mejorado, pero vimos desaparecer bajo el hormigón invertebrados indispensables en zonas de limos”

Participantes en actos de Mavea.

Participantes en actos de Mavea.

El Grupo Ornitológico Mavea acaba de cumplir su 35.º aniversario. Fue un 19 de abril cuando un grupo de chavales que se reunía en Zeluán decidió hacer de su afición por las aves y la naturaleza algo más. Aquellos casi adolescentes que defendían con firmeza la conservación del medioambiente tenían mucho que ver con los “malos humos” de aquel Avilés: “Todos los ya veteranos que formamos Mavea nacimos en Avilés porque la misma industria que provocó la destrucción casi total de la ría hizo que nuestros padres emigraran aquí en busca de trabajo, y de ahí este pequeño grupo”, explica el presidente de la entidad, Juan Carlos Vázquez.

Aves en el pedrero de Zeluán.

¿Y cómo era el Avilés de hace algo más de tres décadas? “Desde un punto de vista medioambiental era un lugar de atmósfera casi irrespirable y con una ría prácticamente sin vida. La charca de Zeluán tenía abundante basura y la ensenada de Llodero estaba llena de galipota originada en laminación de Ensidesa”, explica Vázquez, que hoy, a las 19.30 horas, repasará con sus compañeros de Mavea estos 35 años en una ecotertulia que se podrá seguir por su canal de Youtube. Si eso ocurrió en lo que desde 2002 es Monumento Natural, el Avilés de 1986 no estaba mejor. “No se libraba de una práctica ausencia de arbolado autóctono, con una proliferación de eucaliptos. La zona de campiña aún gozaba de cierta salud en este ecosistema trópico formado por prados de siega y diente, con sebes separando propiedades y pequeños huertos y pomaradas. Entonces aún se oían o veían al llegar la primavera aves como el cuco, el torcecuello o el alcaudón dorsirrojo”, recuerdan.

Aves en el pedrero de Zeluán.

¿Y como es el Avilés de 2021? “Pasados 35 años, vemos un ambiente más respirable en comparación con 1986 y la ría, con el saneamiento, ha mejorado notoriamente la calidad de sus aguas. Pero no nos engañemos, las escasas orillas no hormigonadas que quedaban con zonas de limos que mejoraban la fauna de invertebrados, indispensables en la cadena alimenticia de aves que aquí recalan, vimos impotentes cómo desaparecían bajo el hormigón. Así le ocurrió a las marismas de Recastrón, hoy en día una explanada llena de molinos eólicos para su transporte en barcos”, precisan. Y agregan sobre Zeluán: “La etiqueta de Monumento Natural sería argumento de peso en su protección, pero la necesidad de ampliar la curva de Pachico para la entrada de barcos con más calado hizo que desapareciera una parte de la zona del pedrero”. Vázquez no duda de que habiendo intereses económicos los ambientales quedan relegados a un segundo plano.

Participantes en actos de Mavea.

Hoy Mavea lamenta que cada vez exista menos superficie verde en la ciudad y la campiña esté descuidada. Un ejemplo: “¿Cuánta gente ha oído el canto del cuco en los alrededores de Avilés en los últimos años, o del torcecuello, la codorniz o el triguero?”, interrogan desde Mavea, al tiempo que recuerdan que esas especies “habitaban” en Avilés hace no muchos años. Mavea seguirá, no obstante, en su lucha con el ímpetu de hace 35 años. Aquellos chavales ya peinan canas y han ganado experiencia: “Hoy tenemos más relación con entidades no avilesinas como la Consejería de Medio Ambiente que con el Ayuntamiento, cuya sensibilidad ambiental no se conoce”, señalan. Sus retos: ampliar la educación ambiental en colegios, aumentar la protección de la ensenada de Llodero y ser testigos de la recuperación de las marismas de Maqua. La suya es una lucha de altos vuelos.

El torcecuello era una especie “habitual” en Avilés y cada primavera se le oía cantar. Hoy prácticamente ha desaparecido de la campiña asturiana, como la golondrina, cuya población está disminuyendo de forma alarmante. En Avilés, por contra, ha anidado la garza real y ha regresado el martín pescador.

La garza real, en su nido del Ferrera, una golondrina y un ejemplar de tuercecuellos. Mavea

Del torcecuellos a la garza real en los registros locales

El torcecuello era una especie “habitual” en Avilés y cada primavera se le oía cantar. Hoy prácticamente ha desaparecido de la campiña asturiana, como la golondrina, cuya población está disminuyendo de forma alarmante. En Avilés, por contra, ha anidado la garza real y ha regresado el martín pescador.

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