Flashes para Jesús el Cautivo en Avilés

El Cristo de Medinacelli, escoltado por veteranos de la Armada y los COE, llena las calles del casco histórico a ritmo de tambores

S. F.

Cristo maniatado, en un paso lleno de claveles, sale del templo de San Antonio empujado por los cofrades de Jesús de la Esperanza (caperuza verde, hábito blanco) y, justo entonces, se convierte en objetivo de fotógrafos y de aficionados armados con móviles. El cautiverio se documenta.

Suenan los primeros acordes de las cornetas de la Hermandad de Jesús el Cautivo de Oviedo (caperuza roja, hábito blanco) y en la plaza de Carlos Lobo, en silencio, se abre camino a la imagen que protagoniza la procesión de Lunes Santo, la que rememora los minutos posteriores al momento en que Jesús fue prendido por orden de Poncio Pilato: el comienzo de la Pasión.

Una multitud de avilesinos (y visitantes) se empezó agolpar en la céntrica plaza avilesina a la espera del inicio de una procesión que empezó a celebrarse en 2005 y que ayer contó con el padre Hermes Osorio –el rector en funciones de San Antonio– y el diácono Jesús Penín, que está adscrito a la unidad pastoral de Los Campos.

No fueron los únicos religiosos. "Como en todas las procesiones enmarcadas en esta iglesia, nosotros también participamos", señaló José Antonio García Alba, que es el viceministro de la orden terciaria de los franciscanos: la seglar. De hecho, tres de sus miembros abrían la parada con un crucifijo y dos cirios.

Tras los acordes de las cornetas, salió el paso de Cristo de Medinacelli a la campa de la iglesia más antigua de Avilés. Todo a ritmo de los tambores, que habían tomado el relevo a las cornetas llegadas de Oviedo.

La procesión del Cristo Cautivo avilesina ha tenido una carrera accidentada en los últimos años: tres suspensiones por lluvia y otra más por el covid. Ayer, ni agua, ni pandemia. La ciudad entera se asomó para participar de la procesión y fotografiarla, una procesión que ha contribuido a hacer crecer la Semana Santa avilesina hasta tocar con las manos el Interés Nacional.

Los veteranos de Lepanto, encabezados por su presidente de honor, Rafael Luis García, estuvieron acompañados por una representación de los boinas verdes –los COE 71– de los acuartelamientos ovetenses de Rubín y del Milán. Y también se hizo patente la presencia en el séquito del Cristo de Medinacelli de un antiguo legionario.

Las vallas que bordean la plaza de Pedro Menéndez –en obras– redujeron el espacio para la procesión cuando estaba lindaba el antiguo Café Colón, pero la parada continuó a buen paso hasta la Cámara, San Bernardo, La Fruta y la Ferrería.

El recorrido fue dejando huella en las cámaras aficionadas. Y el público grabó vídeos del primer episodio de la pena del Cristo. Las tres negaciones de San Pedro se van a recordar esta tarde (20.30 horas) en una nueva procesión.