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Blog Mirando pasar la vida - Eduardo Garcia

Eduardo Garcia

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 27
    Abril
    2018

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    SOCIEDAD Oviedo

    Manada, sentencia y ley

    El tribunal establecido al efecto condena a los miembros de la famosa manada sevillana a nueve años de cárcel a cada uno y a indemnizar solidariamente a la víctima con cincuenta mil euros, entre otras penas menores. En la tipificación del delito la sentencia lo etiqueta como abuso sexual, lo que lo distancia conceptualmente de la agresión, porque el juzgador no encuentra violencia en el acto. Mirando el asunto con calma pudiera parecer esta tipificación como una especie de digresión para expresar que el comportamiento de la víctima no encaja del todo con el que se supone que deben tener (?) las víctimas de violación, y que no tiene por qué afectar a la cuantía de la sentencia, que desde luego no ha resultado ser moco de pavo... Pero pedir calma aquí, ahora, y en este asunto, es pedir peras a un olmo de madera.  

    España es un país con mono de fuego y bronca, y nuestros poderes se encargan de proveernos en dosis generosas de leña y causas. Esta sentencia enciende una mecha más, y una gran parte de la ciudadanía explota porque encuentra ofensivo el razonamiento de quienes la dictan, y no quiere pasar por ese matiz de distinguir entre abuso y agresión. Cuestión de palabras, que a veces sirven tanto para explicar como para confundir, aunque en realidad lo que la gente discute a los jueces es que existan unos mínimos en la resistencia ante una violación.

    Este es uno de tantos casos que pone piedras en el camino para la convivencia en orden y progreso, cuyo tránsito deben garantizar siempre los poderes públicos. Toda la sociedad  quiere fuera de nuestros campos a esos lobos feroces de apetitos salvajes que cazan en manada. Hay acuerdo unánime en que hay que enseñar, motivar y hasta amenazar a los cachorros para que no se inicien en esos juegos. Pero no lo hay tanto en que es necesario insistir en que las ovejas adopten hábitos y conductas que no las expongan al riesgo de ser cazadas, pues muchos piensan que eso sería coartar su libertad, y que para algo están los mastines… En cualquier caso parece que ni unos se atreven a señalar las líneas rojas que no se deben cruzar, ni los otros se toman el trabajo de cuantificar el número de perros necesarios para proteger al rebaño.

    Y si alguien espera que sea la Justicia la que acierte a promover hábitos seguros y conciliar las posturas de unos y de otros, con la letra de sus sentencias, adolece de una preocupante desorientación en el tiempo y en el espacio. Quizá la misma de quienes esperan que encuentre la salida del laberinto catalán… Quizás sean los mismos.

    En cualquier caso este cronista se atreve a apuntar que tal vez en este país mejoraría la vida si se conociese más a fondo la ley, si se enseñase en las escuelas e institutos, si hubiera espacios públicos de divulgación, si se supiese despertar en el ciudadano el interés por conocer la normativa que rige su relación con el Estado y con sus vecinos, y se creasen foros donde discutir reformas para que los diputados de su circunscripción las defiendan en el Congreso. Por lo menos, nos llevaríamos menos sorpresas y no nos rasgaríamos las vestiduras  cada vez que un juez dice algo que nos parece nuevo y peregrino. Llueve sobre el viejo concepto, y muchas veces lo convierte en papel mojado: “El pueblo no debe ni puede imponer su criterio al juzgador, pero el texto por el que éste dicta sentencia debe llevar su firma”.  En realidad lleva la firma de los diputados elegidos por todos pero, casi siempre, nosotros no conocemos ni el título…

     

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