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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

La frase del escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque todo lector reinterpreta el libro que tiene entre manos, lo hace suyo y le da nueva vida.


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  • 07
    Septiembre
    2019

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    Cultura Cine cómic novela gráfica Sordo adaptación

    Sordo, de la novela gráfica a la gran pantalla

     

    En el indisoluble matrimonio que forman literatura y cine –ampliado a la televisión en un idilio sin fin– llama la atención la adaptación española de un cómic que nada tiene que ver con los fuegos artificiales que tanto rentabiliza la factoría Marvel. Sordo, la película que se estrena el próximo 13 de septiembre, se basa en la novela gráfica de David Muñoz y Rayco Pulido (Premio Nacional de Ilustración 2017), una obra singular que se entiende sin palabras porque apela al instinto primario, el sentimiento atávico de la lucha por la supervivencia. Traducido al lenguaje cinematográfico, Sordo se convierte en una experiencia innovadora, vestida de western, que remueve sentidos y sentimientos a través de imágenes espectaculares. Es “la libertad del cine, la libertad de hablar de un tema ya tratado, la posguerra española, desde un nuevo punto de vista, desde la distancia y sin ningún complejo”, según su director y guionista Alfonso Cortés-Cavanillas.

    La historia es aparentemente sencilla. La explosión de un puente, llevada  a cabo por un grupo de maquis en 1944, provoca la sordera de uno de ellos, Anselmo Rojas, que se ve obligado a sobrevivir acorralado en el bosque, acompañado de silencio y un miedo infinito. El ejercicio narrativo es complejo porque el huido ve mermada  su capacidad de comunicarse con un entorno hostil que se degrada a base de violencia. Desde que se queda sordo, no hay diálogos en el cómic y el texto se reduce al mínimo, en sobrio blanco y negro. La intensa expresividad del dibujo sustituye a las palabras, del mismo modo que frente a la pantalla leemos con claridad el rostro de Asier Etxeandía en un prodigio de interpretación para dar vida a Anselmo. Su metamorfosis bestial la aplaudiría sin dudar el mismísimo Kafka.

    “Para vivir muerto de miedo, hace falta mucho valor”, escribió Ángel González. La verdadera muerte sólo llega cuando la nada gana, cuando ni siquiera queda esperanza, el último hilo de humanidad que nos ata a la vida. Y el miedo habla en la cabeza de Anselmo y los sonidos de su silencio, los ecos de su angustia, se escuchan y se sienten gracias a un magnífico trabajo de sonido y ambientación.

     El largometraje amplía el círculo de personajes que rodea a Anselmo, luchando a su vez por la supervivencia de la lealtad, la amistad, la confianza, aquellos valores ahogados por las secuelas de la guerra. La caza del hombre comienza casi por diversión impulsada por el capitán Bosch, un depredador amparado por un uniforme que oculta manías de psicópata.  Aitor Luna se traslada a las antípodas de sí mismo para prestar su imponente presencia y su mirada más oscura e inquietante al capitán que, ya sin la excusa de la guerra, sigue en el ejército para “cazar indios”. Pero mientras su demencia es latente y controlada, hay otro personaje que representa la crueldad extrema. La mercenaria rusa que interpreta Olimpia Melinte aparece de forma inexplicable y es, -quizá como toda violencia irracional-, injustificable. Musa ideal para devotos de Tarantino.

    No hay épica ni victoria en lo que arrasa la violencia, la que degrada todo lo que toca, salvo que uno se enfrente a ella con la dignidad de las mujeres de esta historia (mercenaria aparte). El personaje de Rosa no pierde la ternura, ni la capacidad de sacrificio, ni la entereza. Tiene el valor de nuestras abuelas escrito en los bellos y serenos rasgos de Marian Álvarez. Ella como la última esperanza.

    Sordo se mueve en un entorno mágico definido por una fotografía sublime. Sumergirse en su atmósfera es vivir su juego de sonidos, del silencio absoluto al estruendo de los disparos, de los atronadores pasos del capitán Bosch a los ruidos del bosque. Es acompañar a Anselmo y detenerse una eternidad en la intimidad de cuatro paredes pintadas de pobreza o avanzar a campo abierto por los espléndidos paisajes del norte. Es tocar emociones intensas entre bruma gris, sangre y ocre, el intercambio de miradas, el temor y la desconfianza, el horror ancestral, salvaje. Es leer en un alfabeto propio el relato de la condición humana llevada al límite. Pero como todo, admite múltiples lecturas y apetencias. Si no quiere adentrarse en su trascendencia, Sordo se puede disfrutar simplemente como un gran espectáculo cinematográfico, largo o corto, según se implique en él. Lo que es seguro es eso que se dice siempre de las obras innovadoras: no le resultará indiferente. Y cuando se levante de la butaca le costará abandonar su mundo.

     

     

     

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