Los primeros rayos de sol iluminaban el Puerto de Candás, sobre las siete y media de la mañana, cuando una veintena de barcos soltaron sus amarres para dirigirse a la bocana. Allí, ya en mar abierto, lejos de la protección de los diques y de la costa, realizaron el tradicional homenaje a los caídos en la mar. Cargado de simbolismo, como siempre, para la villa candasina, que recuerda a todos los marineros que dejaron su vida en un modo de subsistencia que es parte clave de la idiosincrasia local. Se celebraba ayer el Día de El Cristo, que siempre arranca con la tradicional Alborada.

Un momento de la lectura del Poema del Alba. | Borja García

De nuevo en esta edición, a causa de la pandemia, tocó realizar la lectura del Poema al Alba y el canto de la “Marinera” en la Antigua Fábrica de Conservas Ortiz. Difícilmente se puede encontrar un lugar más idóneo para sustituir la zona del muelle que en este emplazamiento en el que durante tantos años trabajaron las familias de Candás.

Aurelio González Ovies, encargado de la lectura. | Borja García

Aurelio González Ovies, encargado de la lectura. | Borja García

Aurelio González Ovies fue el poeta al Alba de esta edición. Nacido en Bañugues y Doctor en Filología por la Universidad de Oviedo, en la que da clase, fue el encargado de ponerle versos y significado a la jornada cuando todavía la luna le ganaba la partida al sol y era noche cerrada: “Ya nada es lo que fue y nada volverá a ser como está siendo ahora. Nos lo augura la misma mar de siempre. La mar. Nunca la misma”. Toda esa tradición marinera de la villa candasina fue resumida por González Ovies: “Nada que ver el ayer con el presente. Ya no madruga el deber tenaz de las conservas. Ya no se precintan latas de Remo, Ortiz ni Albo, ni sacian la escasez las humildes sardinas. Ya no se remienda a diario la red del sacrificio, ni se elaboran trasmallus y traineras. ¡Pero cuánto nos queda todavía! Qué rico patrimonio el que nos han legado quienes nos protegieron: la honradez, el ejemplo, el futuro y la historia”.

Las autoridades, en la mar. | Borja García

Durante el recital de los emotivos versos, seguidos con atención por un centenar de personas, también hubo referencias a la época actual de pandemia. “Qué privilegio el nuestro. El estar hoy aquí con la salud en pie. Qué suerte la de este año tras el fatal naufragio, esa galerna fría y perversa que anegó el mundo entero. Qué suerte sí, reencontrarnos con gozo y entusiasmo, con apego a lo nuestro, con ansias de expansión y folixa”.

Durante el pregón, también hubo espacio para que González Ovies echara la vista atrás y ahondara en los recuerdos que le evoca la villa candasina, en la que tantas veces estuvo pasando las fiestas de El Cristo: “Si cierro bien los ojos son muchas las imágenes que se abren como flores que aroman la memoria. Cornetas y comparsas disfrazadas y ramos en la procesión que va hasta la capilla. Melodías afiladas. Las marañuelas siempre impregnando la brisa. Las casetas humeantes de churros, rosquillas de anís, avellanas y pipas. Los toros en la playa con la marea baja y muros de personas sentados en las peñas y en los altos tejados. Todavía escucho a lo lejos las gaitas y el tambor y veo esos pañuelos de cuadros en el cuello. Y a mujeres con paños y refajos”.

Al término de la lectura del Poema al Alba, la cronista oficial de Avilés. Pepa Sanz, recitó la oración, acompañada por la música solemne del trompetista de la Banda de Música de Candás. El coro dirigido por María Esther Vega asumió el peso a continuación, acompañado de los presentes, al interpretar la clásica canción “Marinera”, en memoria de todas las vidas que la mar se llevó por delante. Para cerrar esta primera parte del homenaje, la Banda de Gaitas de Candás interpretó el himno de Asturias.

Desde la Fábrica de Ortiz, con los primeros rayos de sol, la comitiva de autoridades y los vecinos madrugadores se dirigieron a la zona del muelle, para entrar a los fríos pantalanes y coger las lanchas y barcos dispuestos a doblar el recodo del dique y así poder realizar el tradicional homenaje en alta mar. Una veintena de embarcaciones se dirigieron a ese punto, acompañados por las bocinas, y desde el barco de autoridades se depositaron sobre las olas las dos coronas de flores, que antes habían también sido puestas ante la estatua “La Marinera” de Antón. Otro acto cargado de simbolismo, en unas aguas ayer tranquilas.

De nuevo tocó regresar a Puerto y disfrutar a partir de ahí la jornada festiva por excelencia de las fiestas, aunque contenida en esta ocasión. Además de las autoridades locales, también del Principado estuvieron presentes en los actos. Entre otros, la carreñense Melania Álvarez, consejera de Derechos Sociales, el director de Agricultura y Pesca de la Delegación de Gobierno, Enrique Rodríguez o la vicepresidenta de la Junta, Celia Fernández.