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Juan Alonso, eterno en Cuérigo

Vecinos, amigos y misioneros del Sagrado Corazón homenajean al párroco, asesinado en 1981 en El Quiché y beatificado el pasado abril

El Padre Paco Blanco, Provincial de las Misiones del Sagrado Corazón, coloca la reliquia de Juan Alonso. | A. Velasco

El Padre Paco Blanco, Provincial de las Misiones del Sagrado Corazón, coloca la reliquia de Juan Alonso. | A. Velasco

A la entrada de la iglesia, una fotografía en blanco y negro. En ella, un hombre joven, vistiendo sotana y un sombrero guatemalteco, junto a un caballo, entonces uno de sus medios de transporte habituales. Era el beato Juan Alonso, el misionero allerano asesinado en Guatemala en 1981 y natural de la localidad allerana de Cuérigo, donde ayer se le rindió un sentido homenaje aprovechando la celebración de San Melchor de Quirós, que excepcionalmente se trasladó de concejo para recordar al mártir.

La iglesia de Cuérigo estaba abarrotada. Incluso alguno de los misioneros sacerdotes que había acudido al evento se quedó a las puertas del templo para escuchar la ceremonia. Una eucaristía en la que estaba presente Arcadio Alonso, hermano del misionero allerano. “Es una jornada muy especial, ya que es la culminación de un proceso que empezó con la beatificación en El Quiché, donde fue asesinado mi hermano, luego con una misa en la Catedral de Oviedo, y ahora con este homenaje más local de sus compañeros misioneros y de sus vecinos”, apuntaba Alonso, que durante los minutos previos al oficio no paraba de atender y saludar a vecinos y religiosos.

Arcadio Alonso muestra el cuadro en homenaje a los misioneros. | A. Velasco

La misa fue oficiada por el Provincial de las Misiones del Sagrado Corazón, el Padre Paco Blanco, que ensalzó la figura de Juan Alonso y de sus compañeros asesinados en el Quiché, tanto de los dos misioneros como de los siete laicos que también fueron ajusticiados en la zona. Pero dentro de las palabras de enaltecimiento de la labor de los misioneros y de las misiones –“el día que la Iglesia deje de ser misionera habrá perdido una de sus principales características e incumplido uno de los mandatos de Jesús”, dijo–, Paco Blanco narró dos anécdotas que les contó la última mujer que vio con vida a Juan Alonso antes de que fuera asesinado.

“Nos dijo que el día de la muerte de Juan, había como unas 30 personas jugando en un pequeño campo, y escucharon un disparo. Luego vieron al Padre arrastrado y herido, y se plantearon ir a detener a los rebeldes, que eran tres, pero uno de ellos dijo que si lo hacían, aunque salvasen al Padre, les quemarían la aldea”, contaba. Y se detuvieron. Prosiguió Blanco con otra anécdota, cuando esta misma mujer, que estaba lavando la ropa, vio pasar a Alonso herido, y este le pidió agua. “Sus captores se la negaron”, apuntaba. Y como colofón, cuando dispararon al Padre, su cuerpo cayó con la cabeza para atrás sobre una planta con espinas. Entonces el párroco explicó que la mujer guatemalteca hizo una analogía entre la muerte de Juan Alonso y la de Jesús: “Arrastrado por los esbirros, con sed y la corona de espinas”. “Fue un momento muy emocionante”, señala.

El Padre Paco Blanco también se refirió al “cariño” que en la zona en la que trabajó “le tienen a Juan Alonso, que fue una persona muy querida y que trabajó y ayudó a toda una comunidad”. “Él estaba donde le necesitasen”, indicó el Provincial.

En el acto también estuvo el Padre Marcelino Montoto. “Coincidí en El Quiché con Juan Alonso, aunque poco tiempo. Nosotros estuvimos tres años, hasta 1980, cuando nos dijeron que saliéramos por razones de seguridad. Aquella zona es el área rural de Guatemala, es el departamento más pobre, y era muy peligroso”, recuerda el sacerdote mierense, que ahora está adscrito a la parroquia de la Milagrosa de Gijón. “Juan Alonso era físicamente muy grande, muy fuerte, muy trabajador”, señaló el Padre Marcelino. “Cuando él estaba en Lancetillo y nosotros en Uspantán, a doce horas a caballo por entonces, en la festividad de Covadonga siempre nos encontrábamos y teníamos una relación muy estrecha con todos los misioneros del Sagrado Corazón, y especialmente con Juan Alonso por ser asturiano”, recordó este párroco.

Un momento del oficio religioso en Cuérigo. A. Velasco

Uno de los momentos más emotivos del homenaje fue cuando se depositaron las reliquias del misionero en la capilla de Cuérigo. No son las que permanecerán ya para siempre en el templo allerano, en su casa, en sus orígenes, puesto que todavía se están preparando en la joyería, pero tener ayer en el templo esos restos óseos del misionero allerano emocionó a más de uno en la iglesia.

También en Aller quedará una réplica de un cuadro del artista Goyo, con el que quiso homenajear a Juan Alonso y a los otros dos sacerdotes asesinados en El Quiché, El Padre José María y el Padre Faustino. Los tres aparecen en el cuadro en sus labores más habituales: cultivando maíz, compartiendo enseñanzas con los jóvenes guatemaltecos e impulsando a la mujer en el mundo rural. Un recuerdo, que como el del beato Juan Alonso, será ya eterno.

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