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Crónica de un ictus: la primera paciente del Credine de Langreo escribe un libro para contar su experiencia

La entreguina Eva Siciliano, usuaria del centro de referencia estatal, redacta una crónica sobre cómo vivió su enfermedad: “Quiero recuperar mi autonomía”

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Eva María Siciliano Gutiérrez, entreguina de 48 años, sufrió un ictus en 2019. Estuvo 26 días en coma. “Me quedó paralizado el lado izquierdo del cuerpo. Apenas muevo el brazo y en la pierna, aunque camino, no tengo destreza”, relata. Es la primera usuaria del centro de referencia estatal para personas con discapacidades neurológicas (Credine) de Barros, dentro de un programa, estrenado a principios de esta semana, de atención a personas que han sufrido daño cerebral tras padecer un ictus. Otros dos pacientes se incorporaron después.

“Estuve cinco meses en Oviedo, en el HUCA, rehabilitándome y después seguí en casa por mi cuenta. Después me enteré de que iba a funcionar este centro y lo solicité. He tenido el honor de ser la persona que envió la primera solicitud. Sabía que aquí podían ayudarme que es lo que necesito, que me ayuden físicamente”, explica. El programa dura seis meses, aunque puede ser flexible según las necesidades.

Entre sesión y sesión de rehabilitación, esta entreguina no se separa de una libreta en la que relata las sensaciones experimentadas tras sufrir el ictus: “Empecé a escribir un libro porque a todos a los que les contaba lo que me pasó me decían que lo hiciera”. “Buscamos editor”, añade a su lado con complicidad la auxiliar Elsa Argüelles.

En el libro “voy escribiendo todo lo que recuerdo que viví desde el día que me dio el ictus: lo que sentí cuando desperté en la UCI, la sensación que tenía cuando estaba en planta, el ver a tanta gente a tu alrededor porque tú sola no puedes hacer prácticamente nada...”, apunta Eva Siciliano, que añade: “Los demás te dicen ‘qué bien, Eva ya anda’ y tú te ves andando como una tortuga coja. Yo me muevo de un sitio a otro, pero esto no es caminar. El que me vio 26 días tumbada en coma, lógicamente piensa que sí que es caminar, pero yo, que lo último que recuerdo de mi vida es ir a trabajar, no lo veo así. Lo veo como ir de un sitio a otro con mucha dificultad”.

Eva Siciliano junto a la auxiliar Elsa Argüelles, con el libro que escribe sobre la mesa. IRMA COLLÍN

Sobre su llegada a Barros, explica que “yo siempre pedía que me ayudaran, que no me dejaran solo con cinco meses de rehabilitación. Que hubiera un poco más y que me dieran la oportunidad de seguir luchando y es lo que me están dando aquí. Poder tener esa autonomía que nos quitó la enfermedad”.

De momento, pese a llevar solo unos días en la instalación, los resultados son buenos. “Ya tuve la primera sesión de terapia ocupacional y la primera sesión de fisioterapia. Me había empeñado en adaptar el carné de conducir, pero tenía un problema. La monitora me dijo que sería conveniente que entrara y saliera sola del coche porque, si no, en el carné te ponen necesidad de acompañante. Así que se lo comenté a la terapeuta. El examen es el viernes y ya nos pusimos el lunes a trabajar y lo conseguimos. El objetivo uno, conseguido en el día uno”. Y concluye: “Esta enfermedad te deja con la frase de que hay que tener paciencia y eso no se compra en ningún sitio”.

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