Entrevista | Noemi Iglesias Escultora, expone en el Museo Thyssen-Bornemisza su muestra «Love me Fast»

"Me cuesta llegar a donde quiero, pero lo que quiero lo tengo claro"

"De mi obra me interesa que llegue el mensaje, pero sobre todo quiero que la gente disfrute, que piense: ‘¡Menuda risa!’"

Noemí Iglesias.

Noemí Iglesias. / Mara Villamuza

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Noemi Iglesias Barrios (La Felguera, Langreo, 1987) ha moldeado su carrera artística con la misma minuciosidad que dedica a sus personales esculturas cerámicas hasta ganarse el respeto de sus compañeros y de los expertos, y la admiración del público. 2024 va a ser un año decisivo en su trayectoria. Hasta el 28 de abril el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge su exposición "Love me Fast" y a finales de noviembre presentará en el Museo de Bellas Artes de Asturias, "Landscape of Affection", un proyecto creativo en torno a la minería. De momento, Noemi Iglesias celebrará San Valentín en el Thyssen, donde dará una conferencia ese mismo día, a las 18.00 horas junto a la comisaria de su exposición, Rocío de la Villa. Reposa estos días por Asturias, donde anda buscando piso. Le gusta la vida nómada, reconoce, pero le gustaría tener aquí un refugio y su estudio.

–El Thyssen ha seleccionado "Love me Fast" para la séptima entrega del programa "Kora", que cada año abre la puerta a una exposición pensada desde una perspectiva de género. ¿Qué es lo que plantea la suya?

–Es una revisión del romanticismo a lo largo de la historia del arte, empieza con el rococó, el barroco, las vanguardias, hasta las vanguardias y el arte contemporáneo. Es una continuación natural de algo en lo que llevo tiempo trabajando, que me ha acompañado en el tiempo y que creo que me seguirá acompañando, todo dependerá de las circunstancias. Lo abordo desde diferentes materiales, técnicas y temáticas, para no caer en la repetición.

–En "Love me Fast" recurre a distintas técnicas, además de la cerámica. ¿Ha tenido que aprender su manejo?

–Las piezas que yo hago son las de porcelana. Si tengo que hacer obras con otros materiales, como la vidriera o el grabado láser, busco personas o estudios que puedan hacerlo. La vidriera la he hecho con una fábrica de cristal en Alemania y el grabado con un estudio de Oviedo. No me aventuro a trabajar en algo que no conozco. Tienes que actualizar los lenguajes del arte; aunque recurras a una técnica muy tradicional estamos en el siglo XXI. Hay que adaptar el material a las circunstancias.

–¿"Love Me Fast" es una crítica a los nuevos modelos de relación romántica?

–Más que critica… Trato el tema con bastante humor e ironía. No es una exposición con un espíritu tan crítico, no a la manera negativa. Plantea una determinada manera de releerlo, de ridiculizarlo. Está todo muy claro en la exposición, los mensajes son evidentes, porque utilizo mucho texto. Las piezas están muy claras, está todo clarito, clarito.

–Sus piezas conviven con las obras expuestas en las salas del museo. ¿Resultó difícil hacerlas encajar?

–Fue bastante bien, porque las obras se hicieron específicamente para la exposición. Lo primero fue elegir los cuadros del museo y luego hacer las piezas específicas. Lo que más me costó fue la vidriera, algo que nunca había trabajado: escoger el tipo de cristal, la impresión, todo prueba y error, y a distancia, con una fábrica de Alemania. Las diferencias culturales a la hora de trabajar se notan.

–¿Con qué obra ha colocado la vidriera?

–Con el cuadro "El apuro", de Picabia.

–Con la exposición ya muy adelantada, le pidieron que la ampliara.

–Iba a ocupar una sala, la sala "Kora", y en septiembre el director del Museo, Guillermo Solana, me propuso ampliarla a la 53, 54 y 55. El trabajo se cuadriplicó a tres meses de inaugurar, para todos.

–¿Ha merecido la pena?

–Desde luego, la presencia que tiene la exposición en cuatro salas, con una gran banderola en la entrada, las escaleras decoradas… Tiene una envergadura que no tenía antes. Antes no iba a pasar desapercibida, pero ahora…

–¿Vio cómo colocaban la banderola anunciando su exposición en la fachada?

–Sí, y lo de la banderola fue lo más emocionante.

–No es su debut en el Thyssen, ya estuvo de la mano de Semíramis González en aquella subasta romántica tan divertida que organizaron.

–Sí, estuve en el programa de performances, "Visión y presencia", y la primera vez fue muy impresionante.

–A final de año estará en Oviedo, con un proyecto que le ha encargado el Museo de Bellas Artes de Asturias.

–A finales de noviembre, se titula "Landscape of Affection". Trata sobre la minería, la minería tradicional, la de datos… Tiene un componente emocional, pero es un proyecto diferente al del Thyssen.

–¿Cuál es el propósito de su obra, en general?

–Quiero que la gente se lo pase bien, que la contemplen y se vayan con una sensación nueva. Me interesa que llegue el mensaje, que se replanteen ciertos clichés, pero más que pensar quiero que disfruten, que se vayan pensado: "¡Qué bien me lo he pasado!" o "¡Menuda risa!".

–¿Más proyectos artísticos?

–Estoy preparando uno, "Falling City", sobre cómo intervenir en las cámaras de vigilancia de una ciudad. En vez de las conductas negativas, se trataría de registrar los cuidados en el espacio público, de medir los niveles emocionales, la gente que se abraza, los que se dan un beso. Estamos desarrollándolo en Bélgica, con una empresa de allí, en febrero empezamos a hacer las grabaciones, pero estamos en una fase muy inicial, tenemos que entrenar el algoritmo antes de instalarlo en las cámaras.

–¿Imaginaba llegar tan lejos cuando empezaba en esto?

–Tan alto y más. Yo me imaginaba en el MOMA (el Museo de Arte Moderno de Nueva York). Me cuesta llegar a donde quiero pero lo que quiero lo tengo claro, aunque parezca fantasiosa. Siempre pensé que iba a ser artista y sabía el tipo de carrera que quería, una carrera de fondo, en la que hay que trabajar, con miras y decisión y estar preparada para todo.