bloc de notas

El hombre que quiso conquistar el sol

Miguel Bonnefoy cuenta en "El inventor" el viaje romántico de Mouchot en busca de la energía solar

Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

Miguel Bonnefoy (París, 1986) agarra al lector desde el inicio de "El inventor" y no lo suelta. Todo escritor que quiere rendir homenaje a la gran novela del XIX debe dominar el arte de empezar bien un texto. Esta novela sobre Mouchot, el genio postergado que alumbró la energía solar, es un ejemplo de ello. "Si Augustin Mouchot es uno de los grandes olvidados de la ciencia no es porque fuese menos perseverante en sus investigaciones o menos brillante en sus hallazgos, sino porque el delirio creador de este erudito testarudo, frío y severo se obstinó en conquistar el único reino que ningún hombre ha sido capaz de ocupar jamás: el sol", cuenta Bonnefoy. Nadie hasta entonces había mostrado interés por el astro rey encarnado exclusivamente por Luis XIV: en los albores del siglo XIX Francia vivía en la oscuridad. El inventor era en este caso, como el autor cuenta, un hombre en las sombras vuelto hacia el sol en medio de una era luminosa ennegrecida por la turba. Su invento, un reflector parabólico flanqueado por una caldera cilíndrica de vidrio que alimentaba una máquina de vapor, jamás fue rival para el dios carbón que impulsaba la industria global.

Hijo de un cerrajero y profesor de matemáticas, Mouchot manejaba una idea fija: encontrar una fuente de energía alternativa al carbón, cuyos recursos podrían agotarse. Sus primeras máquinas se tradujeron en frustraciones, pero por un momento el inventor se convirtió en uno de los primeros en confirmar que el éxito consiste ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. No hay constancia de que la frase, más tarde famosa, se hubiera pronunciado entonces. En la Exposición Universal de París de 1878 consigue fabricar un bloque de hielo utilizando únicamente la fuerza solar. Le conceden una medalla de oro y recibe la Legión de Honor, a partir de ahí el triunfo de una idea convive con un mundo que blande el escepticismo como arma. Su gloria fue pasajera y murió en la pobreza.

Al tratarse de una novela de culto al mejor pasado literario, la historia de la decadencia física y la construcción de la personalidad perdedora del protagonista adquieren rasgos marcados, testigos de la energía que un hombre solitario, golpeado por la vida, puede movilizar para lograr sus objetivos. Fácil de leer y muy informativa, "El inventor" nos sumerge en el corazón de una época y en el de un científico modesto que creía ardientemente poder ofrecer al mundo un medio inagotable de producción de energía. Precisamente, uno de los méritos de Bonnefoy es hacer revivir el viaje de este visionario cuya vida fue a la vez una lucha contra las enfermedades, la búsqueda de una idea loca para su tiempo y un duelo desigual entre la experimentación de fuentes energéticas renovables y el desarrollo de un modelo de sociedad, económico, industrial y social basado en las energías fósiles. David, de nuevo, en su lucha contra Goliat.

En no demasiadas páginas mudan con frecuencia las atmósferas, imprimiendo agilidad a la narrativa. Los dos viajes a Argelia cobran una dimensión poética y mística, y a Mouchot se le encienden los ojos en lo más alto del macizo de Aurès. Bonnefoy alterna la digresión con el retrato colorista de los personajes de su historia: Napoleón III, con el que se reúne para darle a conocer su proyecto; el fornido Benoît Bramont, que ayuda al matemático visionario a construir la máquina; su socio el engalanado dandy y sabio empresario Abel Pifre… Desfavorecido por la naturaleza, desprovisto de carisma y elocuencia, cultivando la soledad, Mouchot alcanza la magnitud del héroe gracias a su firme deseo de desafiar al Sol para domesticarlo y beneficiar con ello a la humanidad. En una época en la que el planeta, para sobrevivir, recurre a las energías renovables, queda pendiente de formular la pregunta de si Augustin Mouchot fue un inventor o por encima de todo un profeta.

Cuando la invención romántica se pone al servicio de la ciencia, resplandece la mente, y el corazón late con fuerza. Todo resulta épico y emotivo en esta pequeña gran novela de un escritor, francés de origen sudamericano, lleno de talento como es Miguel Bonnefoy.

El inventor.

El inventor. / Miguel Bonnefoy

El inventor

Miguel Bonnefoy (Traducción de Regina López Muñoz)

Libros del Asteroide, 168 páginas, 17,95 euros