Adiós a Serafín Abilio Martínez, protagonista de la transición democrática y del movimiento patronal y ejemplo de apertura al dialogo y el entendimiento

Dio entrada a los sindicatos en la Fundación Laboral de la Construcción y tuvo una influencia determinante durante varias décadas en FADE

La muerte del empresario Serafín Abilio Martínez Fernández, fallecido ayer en Oviedo a los 82 años –después de nueve años enfermo de Alzheimer–, supone la desaparición de una de las figuras públicas que contribuyeron de modo muy cualificado a la modernización socioeconómica de Asturias y al proceso de transición democrática en la región tras el fin de la dictadura franquista, que en su caso se materializó por su doble involucración tanto en la vertebración del nuevo sistema político (desde 1977 fue gerente y luego secretario general de UCD en Asturias, y en 1982 pasó a ser afiliado de base del CDS, en ambos casos con Adolfo Suárez) como en la organización del movimiento patronal asturiano.

Abilio Martínez fue copartícipe de la fundación en 1978 de la entonces Cámara Asturiana de la Construcción –con posterioridad Confederación Asturiana de la Construcción (CAC)–, concebida solo un año después de la gran huelga del sector, que, con 26.000 trabajadores movilizados, se desarrolló en medio de una gran tensión y crispación social. Con anterioridad, en 1975, ya había promovido el asociacionismo empresarial con la creación de la Asociación de Fabricantes de Derivados de Cemento de Asturias.

Su gran aportación –de manera transitoria, en la vida política, y durante 40 años en el movimiento patronal, primero como tesorero de CAC y luego como su presidente durante 34 ejercicios consecutivos– fue el desempeño de un talante integrador y de entendimiento, abriendo vías al diálogo social y a la superación de las trincheras, en ocasiones teniendo que superar la incomprensión y reticencia de sus propios congéneres.

Con este afán de consenso, logró que la CAC fuera la primera patronal española de la construcción capaz de aunar bajo una misma organización a sus tres subsectores (promotores, contratistas e industria auxiliar), con intereses en ocasiones contrapuestos. También se implicó de modo decidido en el impulso del diálogo social en la región, buscando el entendimiento con los sindicatos y con las administraciones públicas.

Un hombre hecho a sí mismo que sucumbió en 2012 a la crisis financiera

La creación de la Fundación Laboral de la Construcción (FLC) en 1988, pionera de las de este género de España para el fomento de la formación profesional específica, y que presidió desde entonces, fue otra de sus iniciativas integradoras, en la que incorporó a los sindicatos en la toma de decisiones y les dio un poder paritario, con seis representantes de la patronal y otros seis de los sindicatos (3 de UGT y 3 de CC OO). Durante 35 años la inmensa mayoría de las decisiones se han tomado por consenso y solo en contadísimas ocasiones se tuvo que recurrir a la votación.

La fusión con la patronal gijonesa de la construcción (Asprocon), que se hizo esperar hasta 2010, con el nacimiento de la actual CAC-Asprocon, fue otro de los empeños en los que más se fajó para aunar, con la colaboración de dirigentes gijoneses, el movimiento patronal de la construcción en Asturias

Durante su dilatada presidencia de la CAC, Serafín Abilio Martínez fue visto como uno de los dirigentes con más influencia en los ejes de poder asturiano. La preeminencia de la CAC en el seno de la patronal asturiana FADE por cuotas y representación permitió a su organización investir a cuatro presidentes consecutivos de la cúpula empresarial asturiana (tres de ellos, constructores y el cuarto, ajeno al sector), y a ocupar además una vicepresidencia de FADE. Todo ello alimentó en algunos ámbitos su percepción como uno de los actores de la vida regional con mayor poder en la sombra.

Su indiscutido liderazgo sectorial en la comunidad no estuvo exento de algunos movimientos críticos, como el que se constató en 1998, pero en ningún caso los descontentos llegaron a plantear candidatos alternativos que le disputaran la presidencia. Martínez fue reelegido cada cuatro años por asentimiento generalizado.

Con este respaldo de la base, fue promovido a la vicepresidencia de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), que desempeñó durante varios años, y a la presidencia del Consejo de la Construcción del Noroeste Ibérico.

Caracterizado por un gran dinamismo, que expresaba también en sus caminatas diarias, se volcó en diversos negocios y sectores de actividad como inversiones diversificadoras, y fue promotor de distintas iniciativas empresariales al margen del Grupo El Caleyo, el fabricante de hormigón y derivados que constituyó el núcleo de su trayectoria empresarial.

También desarrolló una intensa implicación en actividades sociales, como ocurrió con la organización Cruz de los Ángeles, que apoyó desde su fundación en los años 60 por el padre Ángel García y el padre Ángel Silva para la atención integral de menores y jóvenes, y de cuya Fundación fue presidente y últimamente presidente de honor. Otro tanto hizo con la Fundación Inclínica para la Innovación Carcinogénica y Neumológica, que también presidió y de la que ahora era presidente de honor.

La multiplicidad y dispersión de sus distintos frentes de actividad e intereses le hacía ser incombustible y refractario a las objeciones que en algunos momentos suscitaron sus tomas de decisión. Inmerso en el fragor y frenesí de las empresas, patronales y fundaciones en las que operaba, su respuesta era diáfana: "No puedo ocuparme de tales comentarios. Voy muy rápido".

Nacido en Entrepuentes (Ribera de Arriba) el 8 mayo de 1941, Serafín Abilio Martínez quedó huérfano de padre con 14 años. Había sido un estudiante poco aplicado y a los 15, en 1956, comenzó a trabajar en la empresa Constructora Asturiana (CASA), de la familia Rubio Sañudo, donde permaneció diez años. Completó su formación con estudios comerciales en la Academia Ojanjuren, de Oviedo, y en 1965 decidió crear sus propios negocios: Obras y Saneamientos, S. A. (Obrasa), a la que sumó al año siguiente El Caleyo Derivados de Cemento, S. A.

Eran los años del desarrollismo de los 60, lo que favoreció la consolidación de sus iniciativas societarias, que en la segunda mitad de los 70 y primeros 80 tuvieron que sortean las graves dificultades de la estanflación y la crisis económica internacional del periodo.

En 1999, en pleno auge del sector de la construcción y en el comienzo de la "burbuja" inmobiliaria, afrontó la construcción de una nueva planta de El Caleyo en San Claudio con una inversión de 1.400 millones de pesetas (14,6 millones de euros en poder adquisitivo actual) y se introdujo en el negocio de la promoción inmobiliaria. El estallido de la crisis financiera e inmobiliaria de 2008, con el desplome del sector, llevó a sus principales empresas a la crisis y al concurso en 2012, en las que inyectó recursos propios en un intento por salvarlas que no dio resultado.

En 2013, y a resultas de las dificultades de sus empresas, Martínez presentó su renuncia al frente de la CAC, que no le fue aceptada. A partir de entonces se le apreciaron algunos síntomas muy incipientes de la enfermedad de Alzheimer, que se le agravó más tarde y con la que convivió nueve años.

En 2017 puso fin a 34 años al frente de la patronal de los constructores asturianos, en la que dejó una impronta indeleble, y en la que combinó determinación y mando con afabilidad, cordialidad y don de gentes. Fue un dirigente capaz del entendimiento y de proyectar afecto con quienes se relacionaba a la vez que ejerció un liderazgo fuerte, dotado de una personalidad que le diferenciaba y un talante no exento de carisma.

Deja su compañera, Estela Álvarez; tres hijos habidos con su primera mujer, Elena Arroyo, y tres nietos. Esta tarde, a las 13.15 horas, se celebrará en la capilla del tanatorio de Los Arenas, de Oviedo, una celebración de la Palabra para su despedida.

Un emprendedor diversificado: intentó gestionar la ITV en Asturias y crear una fábrica de minicoches cuadriciclos

El negocio de los hormigones y los derivados fue la actividad predominante en el quehacer de Serafín Abilio Martínez como emprendedor. Además de las sociedades El Caleyo Derivados de Cemento, Hormigones El Caleyo, El Caleyo Nuevas Tecnologías, El Caleyo Equipamientos y Servicios, y otras del grupo, fue accionista de Hormigones de Avilés (Horavisa), Hormigones La Caridad (Horlacasa), Áridos de Luarca (Arilusa), Hormigones Colunga, Hormigones Costa Verde, Hormafesa (Tineo), Hormitrasa y Hormigones de Oriente y Occidente, así como de Fontela Gestión y Edificación, Prefabricados Industriales del Norte (Prenor) y la sociedad promotora Gesiete.

En su etapa final hizo incursiones en Argelia en el mismo ámbito de actividad, creó una empresa en La Rioja al 50% con otros socios para la construcción y generación de suelo industrial, y constituyó una sociedad en Bulgaria, también al 50% con otros socios, para promover viviendas al tiempo que exploró posibilidades en Rumanía para hacer lo mismo.

Sus iniciativas empresariales no se limitaron, sin embargo, al sector de la construcción. En 1967 creó en Oviedo la empresa Autovendo para la distribución de café, refrescos y otras bebidas en máquinas expendedoras. Con posterioridad, fue propietario de las tiendas de Benetton en régimen de franquicia en Oviedo y Gijón a través de la sociedad Asturiana de Tiendas (Atisa), participó en Gescal (Talasoponiente) de Gijón; en Naranco Wellness y en Gestión, Solución y Calidad, que impulsaron el intento de crear un "spa" en el Naranco (Oviedo), y en una iniciativa para gestionar la inspección técnica de vehículo (ITV) desde el sector privado en Asturias, lo que chocó con la decisión del Principado de asumir íntegramente el servicio con carácter público.

El empresario también promovió las sociedades Gestión de Tributos (para recaudar los impuestos del Ayuntamiento de Oviedo), Altinetrade, Tresma Intermediación y otras, y, a través de Asturagua, participó en la unión temporal de empresas para la privatización del servicio municipal de aguas de Oviedo.

La fabricación de vehículos en Asturias fue uno de los proyectos más anhelados por Serafín Abilio Martínez, al que dedicó no pocas energías y que fracasó porque no encontró receptividad. En 1986 presentó un proyecto al Instituto Fomento regional (IFR), entonces dirigido por Carmen Mestre, en busca de respaldo público para hacer una planta de montaje de minicoches cuadriciclos como los que ya se estaban fabricando en Francia. El proyecto consistía en utilizar componentes que ya se producían en Asturias: la fibra de vidrio de Crady para la carrocería, motores de 50 centímetros cúbicos de Suzuki, amortiguadores de Amstrong, parabrisas de Saint Gobain y otros. El proyecto decayó porque no obtuvo el respaldo público pretendido.