El derrumbe de la cornisa de un edificio del barrio de Laviada se saldó ayer milagrosamente solo con daños materiales gracias, en buena medida, a la rápida intervención policial y de bomberos para asegurar la zona. Eso sí, los vecinos de este inmueble de cuatro plantas y nueve viviendas ubicado en el número 16 de la calle Luanco, a unos metros de la estación de autobuses, no olvidarán el estruendo que provocó la caída de los cascotes poco antes de las ocho de la mañana. “Fue como una bomba”, describió María Dolores Lozano, vecina del edificio afectado y que ayer por seguridad se fue a casa de su hija. “Me tembló hasta la habitación”, apuntó Jorge Luis Morán, otro de los vecinos.

El problema en el inmueble, edificado en 1935 y rehabilitado hace menos de una década, se detectó el domingo, cuando los vecinos divisaron “una grieta bastante considerable” en la cornisa izquierda. El administrador y el presidente de la comunidad consultaron con una arquitecta, que el lunes se puso en contacto con el parque de bomberos para preguntar los pasos a seguir ante la situación existente por esa parte de la azotea que volcaba hacia la vía pública. No existían casos previos.

El problema en el inmueble, edificado en 1935 y rehabilitado hace menos de una década, se detectó el domingo, cuando los vecinos divisaron “una grieta bastante considerable” en la cornisa izquierda

El derrumbe de la cornisa de un edificio del barrio de Laviada se saldó ayer milagrosamente solo con daños materiales gracias, en buena medida, a la rápida intervención policial y de bomberos para asegurar la zona. Eso sí, los vecinos de este inmueble de cuatro plantas y nueve viviendas ubicado en el número 16 de la calle Luanco, a unos metros de la estación de autobuses, no olvidarán el estruendo que provocó la caída de los cascotes poco antes de las ocho de la mañana. “Fue como una bomba”, describió María Dolores Lozano, vecina del edificio afectado y que ayer por seguridad se fue a casa de su hija. “Me tembló hasta la habitación”, apuntó Jorge Luis Morán, otro de los vecinos.

El problema en el inmueble, edificado en 1935 y rehabilitado hace menos de una década, se detectó el domingo, cuando los vecinos divisaron “una grieta bastante considerable” en la cornisa izquierda. El administrador y el presidente de la comunidad consultaron con una arquitecta, que el lunes se puso en contacto con el parque de bomberos para preguntar los pasos a seguir ante la situación existente por esa parte de la azotea que volcaba hacia la vía pública. No existían casos previos.

“Fue por sorpresa, no pensamos que fuese a pasar tan rápido”, reconoce la arquitecta

Desde Bomberos plantearon realizar una inspección ocular de la zona afectada ya el lunes, pero finalmente se declinó esta opción, que supondría un cargo a la comunidad de vecinos, y se quedó en que una vez que la arquitecta examinase la grieta “in situ” se volvería a dar parte. Al final, el martes, se informó vía registro a la autoridad municipal para proceder a la reparación, según revelaron a este periódico ayer por la mañana la arquitecta y el administrador del edificio. Visto lo visto, la solución llegó tarde. “Fue por sorpresa, no pensamos que fuese a pasar tan rápido”, reconoció la arquitecta.

Los primeros crujidos comenzaron a escucharse sobre las tres de la mañana. De hecho, a esa hora ya comenzaron a caer los primeros cascotes, que afectaron a dos coches que estaban aparcados justo debajo. La Policía Local logró que los dueños del resto de vehículos los fuesen retirando sobre las cuatro de la mañana, en previsión de lo que estaba por pasar. “Nos aseguramos que no hubiese desgracias y que ahora los técnicos municipales puedan trabajar correctamente”, señaló el jefe de la Policía Local, Alejandro Martínez Gallo.

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Espectacular derrumbe de un edificio en la calle Luanco de Gijón

Los bomberos, desplazados en tres vehículos, vieron cómo una parte del tejado se había desplazado hacia afuera más de 25 centímetros. Una vez en el tejado comprobaron cómo los montantes de gas que llegan a las cocinas del edificio habían efectuado un tímido retén de la pieza desplazada. Es por ello que se aconsejó cortar el paso y colocar balizas ante “el inminente peligro” de caída de la cornisa. “No pude dormir del miedo a ver qué pasaba”, confesaba María Dolores Lozano.

Esa caída que se preveía se produjo finalmente sobre las ocho menos cuarto de la mañana. “Estaba fumando un cigarrillo en la ventana y lo vi caer todo; fue tremendo, como un bombazo, menos mal que no había nadie gracias a la labor de la Policía”, describió José Rubén González Pérez, vecino del número 14 de la calle Luanco. El ruido fue tal que se escuchó en varias calles. “Me despertó el estruendo y hasta retumbó el suelo”, aportó Francisco Mandado, que vive en Magnus Blikstad. “Fue como una bomba, un ruido sordo, grande y fuerte; al principio pensé en un accidente”, añadió Gloria Vega, que vive pegada al edificio afectado, pero con entrada por la avenida de Portugal.

VÍDEO: El espectacular derrumbe de una cornisa sorprende a los vecinos de Gijón

Los bomberos aseguraron la zona, retirando piezas que podrían desprenderse. Unas labores que se prolongaron hasta pasadas las once y media de la mañana. Luego fue el turno de una empresa que retiró los cascotes de la vía pública –permaneció cortada al tráfico y al paso de peatones durante varias horas– antes de tapar el agujero en la vivienda, donde afortunadamente no había nadie residiendo. “Vive en Salamanca y le di yo la noticia por la mañana; la verdad que se disgustó muchísimo, porque encima no puede venir a ver cómo ha quedado”, comentó María Luisa González, otra de las vecinas. Los técnicos municipales revisaron ayer todo el edificio a la espera de emitir un informe sobre lo sucedido.