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Paulino Tuñón

Desde Burundi a El Coto con el ejemplo sacerdotal de Fueyo

Sabíamos de la escasa salud de Fernando Fueyo y lo último que supimos fue el envío de su libro “No te olvides de Burundi”, en el que ratificó su cariño a esa tierra africana a la que continuaba apoyando desde Gijón con campañas de caridad, fiel a la misión diocesana encomendada. Sacerdote ejemplar, fue fiel en su espíritu de servicio desinteresado al prójimo que, junto con la misión de Burundi, se consolidó con el enorme esfuerzo que supuso la creación de su parroquia de San Nicolás de Bari en pleno barrio de El Coto. Surgida de la nada de un tosco garaje y transformada en un edificio singular en donde se destaca el amor de Fueyo por Asturias a través de sus frescos lucidos, tomando como ejemplo el nombre de un santo pródigo en obras de caridad.

Hombre afable y de trato sencillo, siempre me llamó la atención la capacidad que tenía para conseguir amigos con su sonrisa. Y uno de ellos he sido yo. Con relativa frecuencia visitaba su templo e inicié una correspondencia siempre fructífera. Supe de su labor pastoral nada fácil en un barrio que pronto se ganó el aprecio de sus gentes.

Favores hizo incontables. Siempre dispuesto para servir. Con gran amor a la Virgen, muy mariano él, se ofreció a colaborar desinteresadamente con el barrio de La Guía, del cual fue pregonero de una de las fiestas de Nuestra Señora de la Guía, donde nos dijo –según su saber– “un sermón” que recuerdan todas las gentes del barrio.

Desde ese momento fue nuestro ilustre peregrino durante el Rosario de la Aurora, que a excepción de los tiempos de pandemia han tenido lugar año tras año. Rosario que culminaba con una misa y terminaba con un desayuno con tertulia incluida, donde se hablaba como siempre de su amor al Sporting.

Con él hemos disfrutado en ocasiones con su visita al Centro de Acogida de madres gestantes de La Guía y su misa en su capilla. Siempre presto a su servicio aunque sus últimas limitaciones le impidió acudir. Hombre ejemplar, estuvo lleno de virtudes humanas con las que tuvo fuerzas suficientes en su última etapa de párroco para atender a su hermano, el también sacerdote José Manuel, haciéndolo con gran dedicación hasta su muerte. De la misma manera, acogió en su parroquia al expárroco de La Asunción José Manuel Lada, actualmente en la Casa Sacerdotal.

Sirvan estas notas como recuerdo de un buen sacerdote y fiel amigo de La Guía y del Sporting, a quien lo imagino, lejos de preocupaciones, desde el alto palco de la eternidad observando las vicisitudes del club de sus amores.

Descansa en paz, querido Fueyo.

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