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Jesús Menéndez Peláez

Un lutier acordeonista de 95 años

La trayectoria musical de David Osorio Pérez

El acordeón es, sin duda, uno de los instrumentos musicales más arraigados de la música popular. Fue un instrumento que sufrió una gran evolución desde sus orígenes, allá en Los Alpes en los años 20 del pasado siglo, hasta los modernos acordeones. Rápidamente fue acogido como instrumento musical por su autonomía: melodía y acompañamiento De esta manera se convierte en un instrumento que atrae la atención de la música popular.

Los Alpes, donde confluyen las naciones de Alemania, Austria e Italia, hacen que en estas naciones se instalen las primeras marcas de este novedoso instrumento.

La firma Honner, ubicada en la ciudad de Stuttgart, se convirtió en un icono referencial. Pero muy pronto la industria musical italiana hace de la ciudad de Castelfidardo el epicentro donde se instalan quizás las mejores marcas de acordeones. Aquí se encuentra el Museo Internacional del Acordeón que atrae a miles de turistas. Sus cerca de 20.000 habitantes viven en buena medida de la producción artesanal del acordeón. En esta ciudad se concentran treinta fábricas de las mejores marcas.

Podemos distinguir tres clases de acordeones: El primitivo acordeón diatónico (una nota al abrir y otra distinta al cerrar y sus correspondientes acordes para el acompañamiento) es el usado principalmente para la música folk (Asturias, Escocia, Irlanda, Bretaña, País Vasco...); forma un buen maridaje con la gaita y la pandereta. El acordeón cromático (mano derecha melodía; mano izquierda acompañamiento), es el acordeón más popular; con él se tocan los ritmos más tradicionales para que los danzantes puedan bailar "agarraos", una forma que en cierta manera fue demonizada por la moral tradicional.

La autosuficiencia económica y social de nuestros pueblos facilitó la expansión de este acordeón. El suroccidente de Asturias y la comarca leonesa de Babia se convirtieron en los principales clientes de la referida fábrica alemana. En los "mercados de maestros", a principios del siglo XX, de Cangas del Narcea o de Gera (Tineo) saber tocar el acordeón era un elemento curricular muy importante en los candidatos para ser contratados. El maestro enseñaba y, a la vez, divertía.

Al son de estos acordeones, juntamente con un bombo, se conocieron nuestros abuelos, nuestros padres y sigue amenizando muchas de nuestras romerías. En el suroccidente de Asturias, aunque la gaita no era desconocida, este tipo de acordeón era el más popular. No es extraño, pues, que de esas comarcas hayan salido grandes acordeonistas actuales.

Cita especial merece Ramón Méndez Canga, innovador, compositor y maestro de quienes hoy ostentan esta categoría como jóvenes acordeonistas; a él se le debe el libro "El acordeón en Asturias" (Reny-Picot, 2014, escrito con la colaboración de Sergio Méndez); un libro referencial de la función que tuvo y sigue teniendo el acordeón popular en Asturias. Este tipo de acordeón se expandió por todo el mundo. De ahí que llamara la atención de grandes escritores de la literatura universal. Por ejemplo, para Pío Baroja y Unamuno, la música de la trikitixa, versión vasca del acordeón, evocará en ellos sentimientos de nostalgia: "¡Oh, modestos acordeones! ¡Simpáticos acordeones!... vosotros contáis lo que la vida es en realidad", dirá Baroja. A García Márquez, Premio Nobel, la música vallenata, interpretada por el acordeón, muy típica de Colombia, le hará escribir: "No sé qué tiene el acordeón que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento".

Pero la verdadera revolución del acordeón tiene lugar cuando se inventa la llamada "acordeón convertor". Los botones de la mano izquierda se convierten en bajos libres ("bassetti"). Este tipo de acordeón es el más complejo. Con él se puede interpretar cualquier pieza de piano o, sobre todo, de órgano: el acordeón se convierte así en un órgano portátil. Tales acordeones esconden en su interior unas 20.000 piezas; una cifra que nos indica su complejidad y la pericia que ha de tener un lutier de este instrumento, por lo que el aficionado o profesional asturiano tienen recurrir al País Vasco o a las fábricas italianas, cuando quiere arreglar o revisar su acordeón.

La experiencia se me presenta personalmente con ocasión de un regalo que me hace un gran amigo, antiguo compañero sacerdote, Carlos Capellán Montoto, párroco de San Juan de Amandi. Él había ampliado estudios teológicos en Bélgica; estaba dotado además de una gran formación musical, pues el Seminario de Oviedo fue en las décadas 50/60 del pasado siglo un verdadero vivero de grandes músicos, bajo el magisterio de don Alfredo de la Roza y don Luis Ruiz de la Peña. A este amigo le seduce el acordeón y se hace con una, de segunda mano, por mediación de un italiano. Esta vieja acordeón es un "Guerrini&Figli" (Castelfidardo, 1967); es, por tanto, una de las mejores marcas de aquellos años. Era una joya de museo; pero había que examinar su interior, ya que la falta de uso y la humedad son el peor enemigo para el mantenimiento de las lengüetas.

¿Dónde encontrar un lutier para darle la sonoridad inicial? Así comienza la búsqueda. El "boca a boca" me lleva finalmente al taller de "Percusonido" en Gijón aquí me encuentro con David Osorio Pérez (don David)... ¿Quién es don David y cómo llegó a ser uno de los mejores lutiers de acordeones no solo de Asturias sino de España? Don David nace en Santa Eulalia de Oscos en 1927. Tiene, por tanto, 95 años. Pertenece, pues, a esa generación de héroes que vivieron la guerra civil española y sus consecuencias. Hijo de familia numerosa tiene que iniciar su singladura laboral de muchas maneras, como era costumbre en aquella época: vendedor ambulante, zapatero artesano... Pero su gran ilusión era el acordeón. Consigue estudiar música con el maestro José Antonio González, profesor de conservatorio. Estudia solfeo. Sin embargo, su formación es fundamentalmente la de un autodidacta; ejerce como acordeonista popular, un "modus vivendi", como decenas en aquella época; pero con sus conocimientos musicales y, a la vez dotado de un oído excepcional, se orientará a la restauración de este instrumentos durante décadas. A él acudían acordeonistas no solo de Asturias sino de España, particularmente de Galicia y el País Vasco. Con este currículo, que me cuenta tomando un café, le entrego mi Guerrini; que es desmontada pieza a pieza por unas manos, ya enjutas y rugosas por la edad, que limpiaban y acariciaban aquellas lengüetas como si fueran diamantes. Aquella joya recuperó su sonido inicial como cuando salió en 1967 de otras manos artesanales en la fábrica de Castelfidardo. Un recuerdo permanente de un gran amigo sacerdote y de un igualmente admirado lutier de nuestra Asturias y gijonés de adopción: "Don David Osorio".

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