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Jesús Menéndez Peláez

El acordeón compite con el órgano

Los conciertos de música celebrados en el Real Sitio de Covadonga

El pasado domingo, a las cinco de la tarde, se inauguraba el nuevo ciclo de conciertos de órgano que vienen programando, desde hace varios años, el abad y los responsables de la música en el santuario dedicado a la Santina. Este año hubo una novedad que llamó la atención de muchos de los aficionados a la música del rey de los instrumentos. Los programas ya advertían que el concierto inaugural sería interpretado por un acordeonista. Una singular novedad. ¿Cuál es la razón? Soy un simple aficionado que conoce muy superficialmente tanto la música de órgano como la del acordeón, aunque los dos instrumentos fueron en el pasado y son en el presente objeto de mi aprendizaje intelectual, aunque no pasé ni paso de ser, en términos latinizantes, un simple "tirón" (de "tiro-nis").

Me acojo a una regla retórica de origen bíblico que después pasaría a la retórica narrativa: de la abundancia del corazón habla la boca ("Ex abundantia cordis os loquitur", Mat, 12, 34). Esta breve reseña es, pues, la traslación de los latidos del corazón. El acordeón es, sin duda, uno de los instrumentos musicales más arraigados de la música popular. El primitivo acordeón diatónico (una nota al abrir y otra distinta al cerrar y sus correspondientes acordes para el acompañamiento) es el usado principalmente para la música folk (Asturias, Escocia, Irlanda, Bretaña, País Vasco…); forma un buen maridaje con la gaita y la pandereta.

El acordeón cromático (mano derecha melodía; mano izquierda, acompañamiento), es el acordeón más popular. Este tipo de acordeón se expandió por todo el mundo. De Alemania saldrán barcos llenos de acordeones con destino principalmente a Hispanoamérica. El bandoneón, tan arraigado en la Argentina, parece ser que fue un invento alemán. Pero la verdadera revolución del acordeón tiene lugar cuando se incorporan dos elementos fundamentales en el acordeón moderno: el bassetti y el cassoto. Con el primero una sencilla clavija o botón convierte los botones/acordes de la mano izquierda en bajos libres; el segundo es como una caja de resonancia que mejora sensiblemente los agudos.

Alejandro Ares durante su actuación en la Basílica de Covadonga. | LNE

Este tipo de acordeón es el más complejo y se usa principalmente para la música clásica. Es el acordeón que se utiliza, casi de manera general, en los conservatorios. Con este tipo de acordeón se puede interpretar cualquier pieza de piano o, sobre todo, de órgano: el acordeón se convierte así, de alguna manera, en un órgano portátil. De esta manera, queda justificado por qué en un ciclo de conciertos de órgano se inicia con un acordeonista: Alejandro Ares. Este ya renombrado y joven músico se forma en el Conservatorio Superior del Principado de Asturias, siendo su maestro el profesor Diego González, a la vez que obtiene las máximas calificaciones. Es, asimismo, licenciado en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad de Oviedo. Fue laureado en diferentes concursos nacionales y extranjeros; entre estos galardones destaca el 1º Premio en el "53 Certamen Nacional de Acordeón" en la categoría de Senior Clásica, celebrado en Ourense en 2010. Tiene grabados varios CD. En la actualidad compagina su actividad como concertista con la docencia en el Conservatorio Profesional de Música de Xinzo de Limia (Ourense).

El programa interpretado en la Basílica de Covadonga es un recorrido por distintos compositores jóvenes, también ya consagrados: Sofía Gubaidulina (1978, "De profundis", sobre el Salmo 129), Pablo Morás (2020, "Stela", sobre el "Congaudeant Catholici", una composición que el autor dedica expresamente a Alejandro Ares); Padre Pablo José Antonio Donostia ("Tres preludios Vascos", sobre música popular arraigada entre las gentes del País Vasco); Astor Piazzolla , (1974, "Milonga", obra del compositor argentino, inicialmente considerado como el "asesino del tango" y hoy es conocido como el músico más representativo de este género musical); y Hermes Luaces (2020-22, "De la luz sobre las cosa", esta última pieza constituyó el estreno absoluto que el citado compositor escribió "ex profeso" para esta ocasión).

La palabra "compite" que aparece en el título no tiene ninguna connotación de rivalidad con el rey de los instrumentos, que es el órgano; sería un absurdo entenderlo así. Fue un espectáculo musical, magistralmente interpretado por Ares. En un concierto de órgano, el organista suele estar oculto y como anonadado entre tantos teclados, registros y tubos, su escenografía queda opaca. El acordeonista, por el contrario, tiene una puesta en escena más cercana, más familiar. El espectador queda atónito al ver con qué destreza aquellas manos se deslizan por el teclado y el fuelle se cierra y se abra hasta casi rozar el suelo. Esta técnica exige un esfuerzo considerable para dominar, durante una hora, un instrumento que suele sobrepasar los quince kilos. Sin más preámbulos, se puede afirmar que fue un concierto referencial no solo en la vida del joven acordeonista, sino también para la historia del acordeón en Asturias.

Los responsables de la música en el Real Sitio merecen un reconocimiento especial por haber incluido el acordeón en este concierto inaugural. Desde mi modestísima categoría musical, tengo que decirles: enhorabuena. El acordeón es un instrumento popular en todo el mundo, pero, con las nuevas técnicas, se está introduciendo cada vez más como un instrumento orquestal. Puesto que se trata de una reseña escrita "ex abundantia cordis", no puedo dejar de referir a otros dos grandes acordeonistas asturianos muy queridos para mí. Se trata del veterano maestro Ramón Méndez Canga, pionero en la introducción en Asturias de este tipo de acordeón, maestro de muchos acordeonista en la región, entre quienes está Ginés Fernández, profesor en el Conservatorio del Occidente de Asturias. Tengo el privilegio de seguir sus enseñanzas, aunque sea de una forma muy libre, y al que con toda mi admiración digo que es "mi maestro". Hago mías las palabras del Premio Nobel de Literatura García Márquez: "No sé qué tiene el acordeón que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento".

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