Opinión

Contra el español

¿Para cuándo racionalizar el desvarío autonómico?

El empeño por implantar el catalán, el euskera o el gallego, y minimizar el uso del español en las comunidades educativas como Baleares, Cataluña, Galicia o Valencia es una evidencia. Los Proyectos Lingüísticos de Centro (PLC) de cada escuela o instituto así lo confirman pues en casi todos ellos se puede leer que el catalán o el gallego han de ser la lengua vehicular del centro, o sea totalitaria. El español queda relegado a ser una asignatura "de lengua extranjera", esto es, tratado al nivel de inglés, francés o alemán. Incluso en algunos de ellos se le destinan menos horas lectivas de estudio que al inglés. "Hemos analizado PLC de distintas ciudades, de centros de Primaria y Secundaria, públicos o concertados y no hemos encontrado alguno con libertad de elegir", concluye el estudio realizado por Hablamos Español. Políticos que levantan muros en vez de caminos.

Se trata de una tarea de ingeniería social por interés partidista y sectario. Diferenciándose, ellos no son España, después tendrán el argumento o la excusa para montarse sus señoríos feudales, y su catálogo de cargos, chiringuitos, subvenciones y burocracia inútil; de esta manera el progreso consiste en volver a los Reinos de Taifas medievales. Usando la lengua regional como arma arrojadiza implantan una especie de operación Babel. Tras la falacia de la normalización (¿por qué va a ser anormal estudiar o hablar también en español en España?), se presenta al castellano o lengua española común como algo invasor, atrasado o extraño. Una lengua que hablamos 500 millones de personas en el siglo XXI, y la gran mayoría de españoles desde hace más de 300 años.

Por supuesto para ello tergiversan la historia cual panfleto, perpendicular a la evolución real. El siglo XVIII no fue la decadencia de Barcelona y Cataluña, sino su despegue industrial y mercantil, es especial a partir del libre comercio con América. Felipe V no era castellano perverso, sino francés racionalista y reformador. El español no es algo ajeno ni arcaico. El dictador Franco no era castellano, sino gallego. En Cataluña hacen campañas para catalanizar nombres, apellidos y topónimos, y de paso catalanizar Valencia y Baleares en "Països Catalans" separatistas. En Galicia desaparece el español en enseñanza y sanidad y toda la comunicación oficial es solo en gallego. Ha llegado el tiempo de frenar tanto desvarío empobrecedor y racionalizar las autonomías.