Opinión

Una apuesta decidida por la Navidad

Iluminación.

Iluminación. / Ángel González

Ni la lluvia ni el frío impidieron que miles de personas se echaran a la calle para disfrutar del primer día de encendido de las luces de Navidad, una decoración que este año suma 1.067 adornos (entre arcos, farolas y elementos en tres dimensiones) repartidos por hasta 204 espacios de la ciudad. Serán los gijoneses quienes valoren esta clara apuesta del gobierno local por potenciar las fiestas navideñas, que cuentan con una amplia programación de actividades, talleres, conciertos, belenes y espectáculos musicales y circenses durante más de mes y medio. Las primeras reacciones, tras el acto simbólico de encendido, protagonizado por los niños del colegio Rey Pelayo –justo cuando están a punto de cumplirse un año desde el derrumbe del suelo de una de sus aulas–, son positivas. Muchos fueron los que hacían cola en determinados ornamentos para poder hacerse una foto, aunque fuera entre paraguas y chubasqueros.

El nuevo equipo de gobierno, y los responsables de la empresa municipal Divertia, han decidido volcarse en la programación navideña de este año. Son conscientes de que no solo los gijoneses lo agradecen, sino que también supone un reclamo turístico. Y la prueba de esa apuesta no solo está en la multitud de pruebas y cambios de última hora que han realizado con las distintas decoraciones. Resulta palpable el esfuerzo llevado a cabo desde el Ayuntamiento por encontrar piezas nuevas que sorprendiesen a los gijoneses como, por ejemplo, recuperar la tradición del árbol de Navidad con ramaje (artificial) en la plaza Mayor o una gran figura de ocho metros que representa un misterio en Campo Valdés. Una pieza que ayer ya acaparó los primeros focos y que, de paso, sirve para recuperar la temática religiosa en la decoración navideña de Gijón tras muchos años.

En la misma línea de ese objetivo está el protagonismo que desde la Casa Consistorial se está brindando a los belenistas, que este año volverán a contar con ocho nacimientos en su tradicional ruta. No faltarán las piezas en tamaño real del Ponticu que se podrán disfrutar en el Jardín Botánico, otro de los pilares de la programación para estas fechas. Pero la joya de la corona siempre será la cabalgata de los Reyes Magos.

Sus Majestades, de nuevo, volverán en barco a Gijón, que para eso es ciudad marítima. Y recibirán a los más pequeños en el Ayuntamiento, una tradición interrumpida los últimos años; primero en El Bibio, por el covid, y luego en el teatro Jovellanos, lo que motivó que muchos niños se quedasen sin sentarse en las rodillas de Melchor, Gaspar y Baltasar al agotarse las entradas. La comitiva real saldrá de Montevil en dirección hasta los Jardines de la Reina, pero por el momento son pocos los detalles que se conocen de los grupos que escoltarán a los Reyes. El listón del pasado año, tras una gran polémica y muchas voces criticando la parafernalia que rodeó la comitiva real, no es muy alto. Por lo visto hasta ahora, el gobierno local tiene claro que Carnaval empieza en febrero, pero debe ser consciente de que en Gijón un fallo en la cabalgata no hay luces ni figuras que lo tapen.