Opinión | Palabras con silencios

Dios no juega a los dados

Como es sabido, la frase es de Albert Einstein. Se la cita ante diversos sucesos o acontecimientos, incluso para afirmar la providencia de Dios. Pero normalmente sacada de contexto. Para él, "Dios" era equivalente a "el universo". Me vino a la mente al leer el "bestseller", antes en Francia, ahora en España, "Dios. La ciencia. Las pruebas". Son autores de este provocador ensayo científico dos ingenieros franceses: M. Y. Bolloré y Oliver Bonnassies. Este último ha presentado el libro en el Club de Prensa de este periódico de LA NUEVA ESPAÑA el miércoles pasado, precedida el martes por una entrevista muy clarificatoria distinguiendo bien que una cosa es el conocimiento y otra la fe. Reconoce que su libro no es ni de religión ni de fe. "El acto de fe es otra cosa… La inteligencia lleva al conocimiento y la existencia de Dios es una cuestión de conocimiento. La voluntad lleva al compromiso, y la fe tiene que ver con el compromiso". Se puede saber mucho y no adherirse a nada, permanecer indiferente. Mi profesor de cosmología ya nos advertía que las cinco pruebas de la existencia de Dios de Santo Tomás de Aquino valían para confirmar la fe de los que ya la tenían, pero dudaba de que convirtieran a los que carecían de ella.

El ensayo científico está muy bien escrito y traducido al español. Se lee con agrado. Pero requiere una cierta formación. Los autores, asesorados por otros muchos científicos y después de tres años de trabajos, quieren afrontar la cuestión, siempre tan debatida y tan actual –la incógnita de Dios es y será una cuestión permanente para el hombre– de "si puede la ciencia demostrar la existencia de Dios". Bollaré, ateo convertido, asevera que los descubrimientos científicos del siglo XX, que han revolucionado por completo nuestro mundo, han hecho necesaria la existencia de un creador para explicar el universo. Aunque precisa que no están tratando de proporcionar una demostración científica o matemática definitiva de la existencia de Dios, sino una serie de indicios que inclinan a afirmarla. Al final, la decisión de creer o no creer, será personal, recaerá sobre el lector.

Me parece importante, dado el ateísmo divulgado por algunos, la razón que les ha movido a publicar esta obra: Muchos creyentes nos podemos sentir en una situación de inferioridad frente a los avances científicos. Da la impresión de que si creemos en la ciencia, automáticamente Dios queda fuera, nuestra fe solo es posible en la intimidad. El materialismo cientificista parecía haber ganado el debate. Este libro sostiene que es posible leer esos conocimientos y con rigor en otra dirección.