Opinión

Imaginemos Gijón

Sobre la fragilidad golpea con fuerza nuestra salud mental

Imaginemos un lugar llamado Gijón. En ese Gijón las personas sienten que no están solas. Saben que, ante la fragilidad de la vida, hay un sistema que evitará que se caigan de manera irreparable. Que hay unos lugares a los que acudir para que profesionales ocupados y preocupados dediquen el tiempo y el esfuerzo necesario para cuidar cuerpo y mente. Profesionales que cuentan con los medios y recursos suficientes, para prescribir desde la escucha y acompañar desde la empatía en aquellos momentos más difíciles. Esos momentos en los que no te sientes. Momentos en los que la soledad es un callejón con una rampilla que conduce al adiós. Momentos en los que todo se derrumba, no te reconoces y tu mente empieza a ser tu peor enemiga.

En ese Gijón imaginario, tu "problema", tu "realidad", no es tuya. Es una consecuencia de una sociedad que estira los límites de la capacidad humana para romper en mil pedazos aquello que parece inquebrantable: tu normalidad, tu proyecto de vida, tu salud. Sabedores de eso, los tomadores de decisión no escatiman en recursos para minimizar aquello que genera tristeza, llanto, depresión, miedo… y en más casos de lo que nos imaginamos, muerte.

En ese Gijón imaginario no caben respuestas como: "no podemos hacer nada", "no hay recursos para eso", "nos vemos dentro de seis meses"… el sistema entiende su propósito y está al servicio de las personas. Se estira, adapta y preocupa, contagiado por un principio básico que rige ese Gijón y esa sociedad: la humanidad y el cuidado.

Lamentablemente, ese Gijón está más lejos de lo que nos imaginamos. Sólo quienes ven rota su "normalidad" saben que están más solas de lo que se debiera. Y no es un síntoma atribuible y achacable a nuestra ciudad en exclusividad… es una realidad vivida y sufrida en muchos lugares de nuestra urbes modernas y desarrolladas.

Esa fragilidad golpea con fuerza nuestra salud mental. La rompe, la destruye, la aniquila... la alternativa: tener dinero para intentar encontrar la ayuda necesaria para no sucumbir. Si no tienes dinero, no tienes una puerta que se abra. "No podemos hacer nada".

Esta semana una persona que picó mil veces a las puertas del sistema se fue. Se fue clamando ayuda. Se fue para encontrar descanso. Encontró la trampilla de ese callejón al que condenamos a tanta gente por la omisión de alternativas. La abrió y se lanzó a ella en busca de descanso. ¿El sistema?

Sirvan estas letras para pensar en ese Gijón que nos gustaría tener. En ese Gijón que ella se merecía. En ese Gijón que tantas personas no encuentran por que la salud mental sigue siendo ese vagón de cola donde sólo encuentran cabida y un atisbo de esperanza quienes tienen dinero para pagar.

En nuestras manos está reivindicarlo, en nuestras manos está construirlo.