10 de septiembre de 2009
10.09.2009

El estudiante digital

n La reconversión de la Universidad ante el auge de tecnologías derivadas del uso masivo de internet

10.09.2009 | 02:00
El estudiante digital

A principios del mes de agosto, el Contralor General de EE UU presentaba un relevante informe de auditoría que incluía al servicio postal norteamericano dentro de la lista de instituciones o programas de «alto riesgo» ¿La razón? Su precaria situación financiera, que exige con urgencia una amplia reestructuración con operaciones de fusión o cierre de alguna de sus 38.000 sucursales, así como la reducción de su número de empleados, a fin de adaptarse a las nuevas tendencias ciudadanas en el uso del correo electrónico.


Estamos asistiendo a la reconversión de centenarias instituciones. Muchas industrias tradicionales, como la prensa, el cine o la música, se están viendo afectadas, obligadas a transformar su modelo de negocio ante el auge de tecnologías derivadas del uso masivo de Internet. La Universidad no es una excepción. En Estados Unidos cuatro millones de personas estudiaron de manera virtual algún curso superior durante 2007.


Nuestros jóvenes, nativos digitales crecidos con Internet, no aceptan fácilmente la pasividad de los medios tradicionales de estudio. Lo que puede explicar su deserción masiva de las aulas, de la tinta escrita o de la televisión más tradicional. Ellos pueden pasar horas ante el ordenador, chateando, leyendo o escribiendo bitácoras o blogs de los más variopintos temas o buscando vídeos, mientras hacen (o copian) un trabajo para la escuela, todo al mismo tiempo en un entorno multitarea. Desde una cierta perspectiva son mucho más activos que la generación analógica, cuyos canales de comunicación eran en su mayoría unidireccionales.


El lector estará pensando ¿cómo se puede elaborar, para un público tan exigente, una lección de la Enfiteusis atractiva e interactiva? El Diccionario del siglo XXI de Jaques Attali anticipa un futuro de autoeducación y eduversión, que alimentará una potente industria de contenidos para las grandes marcas universitarias mundiales y donde se impondrá una nueva categoría de maestros: los matriceros (fabricantes de soportes lógicos para cursos), los controladores (que dirigen a los alumnos y reconocen sus esfuerzos mediante un diploma) y los tutores (ayudan, consuelan y atienden).


En fin, que la Universidad del futuro tendrá más en común con Hollywood que con la Salamanca cervantina. Así, comienzan a constituirse lo que podríamos llamar las universidades mundiales on line, que presentan dos grandes modelos.


Por un lado, está el tipo colaborativo, como la denominada Universidad del Pueblo, que acaba de iniciar sus primeras clases con 300 estudiantes de 100 países. Aún debe obtener un reconocimiento oficial, aunque su vinculación a la ONU resolverá el escollo. Planea ofrecer una licenciatura en Administración de Empresas y en Informática, utilizando programas abiertos y profesores voluntarios. El coste de una licenciatura de cuatro años ascenderá a 4.000 dólares. Los estudiantes se reúnen en línea, con un tutor individual; un facilitador voluntario, para cada curso, ayuda a que el proceso avance.


Similar es la P2PU (Universidad Peer to Peer), dirigida y gobernada por voluntarios y con el apoyo de la Fundación Hewlett. ¿Ha oído usted hablar del emule y las descargas libres? Pues es el mismo fenómeno imparable de la colaboración, sólo que en lugar de música o cine se comparte con generosidad tiempo y saber. En lugar de alimentar un blog, ofreces educación de alta calidad con muy bajo coste.


Actualmente la P2PU se encuentra en una fase piloto. Programa «cursos» de 6 semanas sobre variados temas universitarios organizados, por supuesto por un voluntario, que aportan el plan de estudios, los materiales y un calendario. El aprendizaje se lleva a cabo en pequeños grupos de 8-14 estudiantes, si bien P2PU difumina los límites entre los estudiantes y profesores. El objetivo final es llegar a ser una plataforma donde cualquier persona pueda utilizar P2PU para organizar, diseñar y ofrecer cursos ¿No le recuerda a las herramientas gratuitas usadas para mantener un blog? ¿Una solución para África? Hay un escollo insalvable: la Universidad tradicional mantendrá el monopolio de la certificación de los conocimientos y eso puede valer más que el conocimiento mismo.


Por el otro lado, tenemos la propuesta OCW Consortium, que reúne a unos cientos de universidades de todo el mundo, con el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que desde el año 2001 permite el acceso libre y gratuito a los materiales de todos sus cursos oficiales. Hoy, tiene publicados 1.900 cursos (de grado y posgrado) y, sin embargo, licenciarse allí todavía cuesta unos 180.000 dólares. El coste de una vivienda en muchos lugares de España.


Recuerda Enrique Dans que en este tipo de centros se aprende del entorno, de los compañeros de clase y de la discusión. Eso es precisamente lo que lleva a alguien, inteligente y en su sano juicio, a querer pagar esas matrículas. Este debate estimula el cerebro de los participantes de una manera que escuchar una conferencia, leer o ver un vídeo simplemente no lo hace. En términos muy generales, este es uno de los factores que diferencia «estar en el aula» frente a «ver vídeos en línea» del MIT.


Hemos pasado de la escasez de conocimientos a la abundancia inimaginable, sobre todo de textos en inglés, en una moderna Extensión Universitaria 2.0. El MIT calcula que sus materiales cuestan una media de 10.000 dólares por curso, que no es poco.


Hay quien entiende, como el profesor David Wiley, de la Universidad Brigham Young, que las universidades tradicionales se encuentran en el lado equivocado de la historia, junto con las tiendas de discos: «Si no pueden innovar y adaptarse a estos cambios, serán irrelevantes para el año 2020».


Si para entonces la inmensa mayoría de los materiales están disponibles gratuitamente en las grandes y ricas universidades? ¿Qué le quedará a la docencia Universitaria? Aparte de los exámenes, claro. ¿Más clases vacías? El rector Gascón solía consolar a los sufridos académicos que le pedían financiación para sus proyectos bromeando con el Evangelio según San Mateo: «Porque a cualquiera que tiene, le será dado, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado».

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