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Francisco García

La factura de Piqué

Piqué pretende cambiar el mundo del fútbol como Ibai el de la información, salvo que ambos desconocen que el balompié y el periodismo tradicional tienen los siglos contados. O sea, que ambos iconos disponen de cuerda para rato. Y eso que ambos, fútbol y periodismo, cometen frecuentes errores de bulto y de soberbia, y quedan expuestos ante quienes acusan a uno y a otro de venderse a los valores más codiciosos del mercado.

Fuimos conscientes del mercantilismo futbolístico con la celebración del Mundial de Fútbol en Qatar, fuera de tiempo y forma. Y lo estamos certificando esta semana, contemplando por televisión los partidos de la Supercopa de España en estadios de Arabia Saudí. El poderoso influjo de los petrodólares es inmenso. Tanto, que la cifra de ceros tras la unidad acalla conciencias y tapa bocas: pocos critican el blanqueamiento por vía balompédica de regímenes autoritarios donde se pisotean sin escrúpulos los derechos humanos.

Al parecer, la empresa de Piqué, el Lawrence de Arabia del peloteo patrio, cobra más en esta Supercopa del desierto que Real Madrid y Barça, con la anuencia del presidente de la Federación, otro personaje permanentemente bajo sospecha. Rubiales justifica el exilio de oro del torneo en el dineral que el largo viaje generará para financiar el fútbol de base. Bonita excusa que no esconde las miserias de la operación.

Al empresario Piqué no le tose nadie, salvo su exmujer, Shakira, que en su última canción se despacha a gusto contra el exfutbolista. “Me dejaste de vecina a la suegra, con la prensa a la puerta y la deuda de Hacienda”. Dice la cantante que “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Y esta que ya suena en la radio y en las redes corre a cuenta del dueño del Andorra.

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