Opinión

Iluminaciones

En el estilo hay siempre economía de medios, modulación de la potencia. La iluminación navideña de las ciudades es un buen medidor de la voluntad de estilo, una dimensión también del civismo colectivo. En las iluminaciones desaforadas y abusivas y en los movimientos de masas navideñas que provocan suele haber, como en toda desmesura, una pérdida de estilo, que es siempre, hay que insistir, un ejercicio de contención y equilibrio. El tropismo natural hacia la luz, cuando se vuelve tropel, puede pisotear aquello que celebra. Y lo que se celebra es un misterio mínimo elevado a la grandeza histórica, con rango de era, por hechos posteriores, un polo que cuantos celebren las navidades, sean creyentes, agnósticos o ateos, deberían tener como referencia minimalista. Reconforta que en la ciudad en que uno vive no se haya perdido sentido de la medida ni en potencia lumínica ni en buen gusto.