Opinión

El "Cepitufo"

La reunión del alcalde de Siero con el líder regional del PP, en clave de cómic

La instalación de la figura del pitufo, durante la noche del jueves al viernes. | L. R.

La instalación de la figura del pitufo, durante la noche del jueves al viernes. | L. R. / L. Rodríguez / J. A. O.

Angel García “Cepi”, alcalde de Siero, es un político en zapatillas de deporte, que es calzado idóneo para pisar la calle en lugar de los zapatones de andar por las redes sociales, que solo sirven para caminar en una nube y estar a la luna de Valencia. Y deben ser zapatillas de siete leguas, para estar a todas las horas en distintos sitios casi a la vez. El regidor sierense ha ideado que un enorme pitufo azul de impoluto gorro frigio blanco salude al visitante a la entrada de Lugones. Tratándose de una ocurrencia del alcalde, a ese nuevo emblema habría que bautizarlo con el nombre de “cepitufo”.

La misma semana que se inauguró el pitufo de marras, “Cepi” se reunió, con luz y taquígrafos, no a escondidas en lo profundo del bosque, con el líder de la oposición regional. Ese encuentro, celebrado con Lacasitos, no resultó del agrado de algunos mandamases del partido del alcalde, que se han puesto a “pitufar” acerca de las intenciones aviesas de esa “entente cordiale” con Gárgamel, pues para la dirección socialista asturiana Queipo es el nuevo malo de la vieja película de esta región, cuyo guion relata de manera permanente que los buenos siempre circulan por la izquierda. A la luz de ese relato, el siniestro gato de Gárgamel, de nombre Azrael, lleva las siglas de Vox.

Papá Pitufo, que viste de rojo y es condescendiente con las gamberradas de sus muchachinos hasta que se vuelven díscolos y entonces les monta una gestora, se lo ha tomado a broma y ha soltado un chascarrillo de los suyos. Desocupado, ha dicho que no hay que preocuparse, que Gárgamel no visitó Siero con ardor guerrero, sino que fue a aprender de “Cepitufo” a gobernar, que hay que enseñar a quien no sabe y dar consejo al que lo necesita, según el mandato de las obras de misericordia del buen cristiano, que nadie nace instruido y menos Queipo, que desconoce los secretos de la tribu del bosque que gobierna en la sombra Pitufina.

El encuentro de marras tampoco ha pasado desapercibido en Izquierda Unida, donde consideran el “Cepitufo” una apropiación indebida de las virtudes del corporativismo social de la aldea pitufa. Ya que los pequeños enanitos azules viven en comuna y se dejan gobernar por un líder supremo, podrían pasar por podemitas o por adalides del sanchismo.