22 de septiembre de 2020
22.09.2020
La Nueva España

El "bollu", seguro y bajo techo

La lluvia y el coronavirus confinan el cierre festivo: "Comeré en casa y no en el Campo", dice Mateín, que animó en la plaza de España un día de San Mateo "un poco triste"

22.09.2020 | 00:52
El "bollu", seguro y bajo techo

-Mateín, ¿cómo ve el día?

-Nubosu.

-¿Y el bollu?

-Luego lo comeré.

-¿Dónde?

-Por seguridad, en casa o, como mucho, en la terracina del chigre. Y haciendo un exceso.

El personaje más famoso de las fiestas de Oviedo está atechado en los soportales de plaza de España esperando por el alcalde, Alfredo Canteli, para hacer el brindis de honor por San Mateo y despedir las fiestas más atípicas de su historia. Va engalanado con su boina, traje y corbata, un paraguas "pa la lluvia" y la mascarilla obligatoria, complementando su atuendo. "Pa comer y beber tendré que quitala", afirma entre risas pero contundente. Y aunque el vino lo tome con los miembros del Ayuntamiento, siguiendo la tradición, el "bollu" lo comerá en casa de manera excepcional. "Un San Mateo un poco triste", reconoce. Y la lluvia de ayer a la hora de comer, cuando el Campo San Francisco tenía que estar ya lleno, tampoco acompañó.

A lo lejos, Eva Valdés señala a Mateín, resguardado de la lluvia. Porta un paraguas y va acompañada de su hija, Claudia Álvarez. Entran juntas al espacio delimitado para hacer la cola por la Sociedad Ovetense de Festejos (SOF), encargada de hacer el reparto tradicional del "bollu" y el vino. Este año, para evitar aglomeraciones, elaboraron un sistema de entrega escalonado y optimizaron los recursos: todo en la misma bolsa.

Además, el número de mesas se redujo considerablemente (de seis a dos), y el horario de recogida fue mayor: desde las nueve y media hasta las cinco de la tarde. El proceso era rápido, como si fuera una cadena de montaje: unos se encargaban de preparar las bolsas, otros de colocarlas tras las mesas y el último grupo de personas de repartirlas. Y tenían separados, en un lugar específico, los bollos sin gluten para los miembros de la SOF celiacos. Prepararon 2.000 en total -entre los que tienen gluten y los que no-. Y consiguieron que no se formase ni una cola.

En el caso de Eva, su cita para recoger el bollo y el vino es alrededor de las dos. "Mira, ese es Mateín", le cuenta ilusionada a su hija y le explica qué papel desempeña el personaje en las fiestas. "¿Será él quien nos lo entregue?", le pregunta incrédula a su hija. Pero esta no tiene respuesta. No tardará en llegar; tras recorrer el pasillo de las vallas de metal, Mateín les da una bolsa de plástico blanca, que se apresuran a guardar bajo el paraguas. Y Eva Valdés, que pasará San Mateo en casa -por la lluvia y por el covid-, en una celebración en formato reducido, se marcha con una sonrisa.

"Igual tenía 3 años la primera vez que fue a las carrozas", indica, señalando a su hija adolescente. Y como este año no hubo desfile, ni chiringuitos y los conciertos tuvieron un aforo reducido, comer el bollo, aunque sea en casa, es el primer acto que hace para celebrar, de alguna forma, San Mateo.

En la misma tesitura se encuentra la familia de Araceli González. Normalmente, se reúnen "donde el Angelín del Campo", para comer todos juntos el bollo. Para ellos, es como un ritual. Por la mañana, comienzan preparando diferentes comidas. Después, pasan por los soportales de la plaza de España donde está la SOF repartiendo bollos y recogen los suyos, el plato estrella. Finalmente, habiendo completado el menú y con todos sus bártulos, bajan al Campo San Francisco a disfrutar de la compañía, del sol y de San Mateo. "Si alguien quiere, sabe donde encontrarnos", afirma Araceli González. De la mano, tiene a su nieta de 4 años, Valeria Irazusca, vestida con un traje de asturiana recién estrenado. Se lo hizo su madrina para este año, pero las circunstancias le impidieron lucirlo hasta ayer. La intención de este año también era ir al San Francisco, cumpliendo las medidas de seguridad, pero la lluvia les hizo cambiar de rumbo. Lo celebraron juntos igual, "contra viento y marea".

El "bollu" se come igual, pero en un ambiente más recogido y solo con la familia

Según explica Mateín, lo que ha cambiado este año es pasar de "una fiesta de camaradería a una mucho más familiar". Normalmente, además de bailar en los chiringos y participar en las carrozas, se le solía distinguir con su peculiar atuendo paseando por el Campo San Francisco a la hora de comer. "Dábanme empanada y tortilla, y hasta algún culín de sidra", recuerda divertido. Este año, compartir comida y bebida le parece impensable. Incluso reconoció, en una entrevista realizada por LA NUEVA ESPAÑA, que tuvo cierta reticencia en bajar a la ciudad desde su pueblo de La Llera.

Esta reserva no era solo del personaje más afamado de San Mateo, sino generalizada en los ovetenses que ayer recogían el "bollu". El Campo San Francisco vacío, la hierba húmeda y las terrazas a media ocupación. Pero las colas en las panaderías eran las habituales en estas fechas y el número de socios de la SOF, aunque escalonado, muy similar a los años anteriores. "Yo voy a tomarlo en casa, con la familia", contaba Mari Luz González, que iba a recoger el bollo al puesto de la SOF tras asistir a la misa en la Catedral. En el mensaje que le mandaron ponía entre la una y media y las dos menos cuarto, y llegaba "un poco tarde". Por su cabeza, en ningún momento se le pasó otro emplazamiento que no fuera su domicilio y con los suyos, porque era donde se sentía segura. La única duda que tenía era respecto a interior o terraza. La lluvia le dio la respuesta: el bollo se tomaría dentro.

Pese a lo atípico de este San Mateo, en el que muchos ovetenses, como Covadonga Alonso ­–madre de Valeria e hija de Araceli–, tienen la sensación de "que no ha ocurrido", y "comer el bollo es lo primero" que hacen "por las fiestas", la estampa de ayer tenía algo parecido a otros años. Gente de todas las edades, aunque escalonada, que entraba al "recinto" con todo tipo de bolsas y carros, recibía una sonrisa ­bajo la mascarilla –que se vislumbraba por los ojos achinados de las chicas que entregaban el bollu y el vino– y se iban a celebrar San Mateo con los suyos. No había gaitas, pero sí alegría. "Pal año que vien vamos a superalo todo, y ya veréis y lo que va a prestar comelo en el Campo, como Dios manda", afirmaba un rotundo Mateín.

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