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Crítica / Música

Forma Antiqva: Medicina para el alma

La exhibición barroca de los hermanos Zapico en el Filarmónica

“Forma Antiqva”,  durante el concierto en el teatro Filarmónica. | F. A.

“Forma Antiqva”, durante el concierto en el teatro Filarmónica. | F. A. J. M.

“Forma Antiqva” es uno de los grupos asturianos más laureados a nivel nacional e internacional, algo que ha granjeado las simpatías del público ovetense hacia la formación de “los Zapico”. Quizá esta apuesta por la programación de artistas locales sea uno de los pilares sobre los que deba sustentarse la regeneración de la centenaria institución ovetense: hasta ahora todos ellos han demostrado un gran nivel, realizan sus interpretaciones visiblemente motivados y emocionados y suponen una poderosa atracción para el público.

“Concerto Zapico Vol. 2” es uno de los trabajos discográficos de los hermanos Zapico y supone un recorrido que nos involucra de lleno en la música barroca, de la mano de autores como Gaspar Sanz, Farnaby, Santiago de Murcia, Kapsperger o Vitali, un repertorio los hermanos Zapico controlan con total brillantez. Este dominio se pudo percibir en el hábil manejo de la agógica, en el discurrir de las líneas melódicas, muy ajustadas a un fraseo correcto, y en cómo imprimían a cada pieza ese carácter bailable con el que ganan frescura y movimiento. Además, el tratamiento de las ornamentaciones y las resoluciones en las cadencias son de una factura muy bella y elegante.

Ahora bien, al margen de estas cualidades colectivas, los integrantes de “Forma Antiqva” se distinguen, a su vez, por ser excelentes solistas. Daniel hace de la tiorba un apéndice más de su cuerpo. Capaz de acompañar con solvencia a sus hermanos, tiene la particularidad de desarrollar con aplomo pasajes más virtuosos, logrando un sonido doliente en las “Españoletas”. Pablo aporta un sinfín de colorido con cada rasgueado de su guitarra barroca, y Aarón maneja el clave con una agilidad pasmosa. Muy seguros en todo momento, optaron por un volumen muy contenido, cuidando la emisión y recreándose en su sonoridad.

También se atrevieron con varias danzas de carácter más folclórico cuyas melodías son fácilmente reconocibles de la música tradicional: unas Folías gallegas, una Giraldilla de Sama de Langreo y un Fandango de Leitariegos, esta última, con un sonido algo más presente y de carácter más trepidante y enérgico.

En líneas generales, las piezas interpretadas durante el concierto, atractivas y delicadas, fueron un remanso de paz para los asistentes, al mismo tiempo que una ocasión para valorar el indispensable papel que juega la Sociedad Filarmónica en cualquier ciudad. Como el propio Aarón explicó: “Las Filarmónicas son un tesoro a preservar”; la música de “Forma Antiqva”, medicina para el alma.

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