"Solemne" promesa al trasero: los Mazcaritos d’Uviéu juran su estandarte bajo la escultura de Úrculo

"Oviedo tiene cara y escudo, pero también un elemento fundamental que es ‘Culis monumentalibus’"

Un estandarte, los sables cruzados de dos capitanes y la ya emblemática escultura de Úrculo. Si una descripción con estos ingredientes ya evoca a una estampa cuanto menos peculiar, hay que sumarle una comparsa de más de veinte personas disfrazadas de los personajes más variopintos. La Asociación Cultural de los Mazcaritos d’Uviéu, la mazcarada tradicional carnavalesca recuperada hace siete años tras ocho décadas en el limbo, celebró ayer su "Domingu Gordu" del Antroxu recorriendo la ciudad con música y espectáculos. Pero, apenas comenzado su pasacalles y bajo la sombra del "Culis monumentalibus" –la escultura de Úrculo–, realizaron un "solemne" acto: la "Xura del Pendón" de su agrupación. ¿El protocolo de la promesa? Uno muy característico, porque el paso final era enseñar el trasero.

"Oviedo tiene cara y escudo, pero también un elemento fundamental que es ‘Culis monumentalibus’. Es la ciudad de España más importante que tiene una estatua monumental dedicada al culo", explicó el personaje del Ciegu, encarnado por el artista Ánxel Nava, que prosiguió: "Como los mazcaritos ya cumplimos siete años y tenemos uso de razón, vamos a proceder a la jura del nuestro pendón".

Los mazcaritos llegaron, dando la nota con sus travesuras, desde la calle Nueve de Mayo y se instalaron en Pelayo, frente al teatro Campoamor, para ejecutar el acto del juramento. La manera de proceder, sencilla. Cada mazcarito se tenía que acercar al estandarte, besarlo y, antes de retirarse, mostrar las posaderas de la manera que más les placiese. Uno por uno, y con el Ciegu como maestro de ceremonias, los personajes fueron desfilando. Los Sábanos, el Galán y la Madama, el Cura y el Diañu, la Destrozona... no faltó ninguno. Sus barrabasadas y movimientos del trasero despertaron las risas de los viandantes que se pararon para disfrutar del inesperado espectáculo. Algunos incluso se fueron mojados a casa con agua bendita con la que el párroco de los mazcaritos roció a diestro y siniestro. "Venid a misa y dejad de beber sidrina", repetía sin cesar.

"La Princesa Leonor juró bandera e invitamos a toda la ciudadanía a jurar con nosotros", fue el ofrecimiento que el Ciegu extendió a los ovetenses para que se uniesen a "enseñar el culo". La vergüenza no ganó y unos cuantos espontáneos se sumaron a la salva de la comparsa, que más tarde continuó haciendo diabluras por las calles del Antiguo.