Opinión | A vuelapluma

La mala fe

Anda todo el mundo preocupado por La Vega y el bucle en el que se quedó enganchado el convenio en una comisión mixta entre dos ministerios. Uno entiende la distancia, Madrid, a quién llamar y todo eso. Pero resulta que un espacio mucho menor y proporcionalmente tan estratégico como el Martillo de Santa Ana, con un proyecto que permitiría empezar ya esa segunda regeneración que el Antiguo está pidiendo a gritos, está empantanado en el espacio que va de la calle del Peso a la Plaza de España. No se entiende que las administraciones que se llenan la boca con la guerra a la burocracia y los cargos públicos que presumen de tanta amistad sean incapaces de que un papel se firme en menos de un año y pase de ventanilla. Hablamos de Iglesia. ¿Será mala fe?