Opinión | El pasado del presente

El emblema sidrero de Gascona

Otros monumentos, calles que casi identifican ciudades

Las narraciones de viajes de los amigos, además de las maravillas históricas, naturales, paisajísticas o arquitectónicas de los países y ciudades que visitan, es muy probable que incluyan referencias a primera vista fuera de programa. Por ejemplo, nos hablarán del dublinés Temple Bar, el Delirium de la capital belga o la Stone Street neoyorquina. Del mismo modo, más cerquita, casi nadie se pierde, si visita Logroño, la calle del Laurel, El Tubo en Zaragoza o la calle de La Barrera en La Coruña. En Asturias, todas las ciudades y villas del paraíso natural cuentan con rincones que son imanes para turistas y lugareños. En Gijón es fácil que pregunten por las Termas Romanas, pero también por la Cuesta del Cholo; en Avilés el Niemeyer compite en popularidad con la calle Galiana o la plaza de Sabugo; en Mieres aventaja la plaza Requexu al Monumento al Minero o a la Escuela de Capataces; el ambiente de La Pomar o el Parque Nuevo rivalizan en Langreo con el medieval núcleo de Ciaño; decir Nava o Villaviciosa es centrarse en las sidrerías sin dejar de visitar el Museo de la Sidra en un caso, o la ruta de Carlos V y la casa de los Hevia en otro. Y así podríamos seguir con esa geografía turística particular de lugares que haberlos haylos en cada caso.

La concentración de sidrerías, chigres de los de antes y ahora, es un extra que vende en botella, mesa y mantel la cultura sidrera, seña de identidad y sociabilidad, aspirante a "Patrimonio Mundial Inmaterial" aunque sea de una materialidad evidente.

Siendo Oviedo la capital asturiana, por serlo, es símbolo del sabor regional, máxime ahora que ella y Asturias, cómo no, son capital de la gastronomía; así que la existencia de una calle icónica casi es obligada. La Vetusta del observador y relator magnífico "Clarín centenario" ya no es el poblachón gris que yacía dormitando a los pies de la Catedral, y que ocultaba entre palacios con pretensiones y caseríos desvencijados una sociedad cerrada y cotilla que hacía irrespirable cualquier reducto de libertad individual como padeció la bella Regenta. Ahora es meta del turismo cultural, Origen del Camino de Santiago rescatado del letargo y rejuvenecido el eslogan turístico medieval de "quien va a Santiago y no al Salvador venera al criado y olvida al Señor". Tiene la ciudad, de encanto provinciano, un patrimonio histórico – artístico bellísimo, casi único. No es extraño pues que a uno le interroguen, en cualquier idioma, gentes con mochila al hombro, con alpargatas y bermudas, o de impecable atavío, por la Catedral, los monumentos del Naranco, el Museo… o la calle Gascona, Bulevar de la Sidra.

Y es que Gascona lleva ya décadas siendo parte del itinerario viajero. Desde hace muy poco las indicaciones se ven facilitadas por unas "letronas" (para no ser menos que los de Gijón) con chorro sidrero ubicadas en tres sitios de la ruta, con dispar valoración estética entre los carbayones. Evidentemente, la ciudad tiene otros muchos espacios de ocio bebible en lugares, plazas y barrios de local arribo y de visita obligada, tanto o más atractivos que este. Pero Gascona, en su arranque donde antaño terminaba la ciudad medieval, al lado de los restos de la muralla que se pega aquí para protegerse en la fe del Real Monasterio de San Pelayo, es especial. Casi donde el letrero da la bienvenida a la zona sidrera más concurrida, hubo hasta mediado el pasado siglo XX una torre que en la antigüedad vigilaba el acceso al recinto eclesiástico y nobiliario controlando a peregrinos, caminantes y demás habitantes extramuros. Era la Torre de Gascona, demolida años después de la Guerra Civil, la fratricida lucha plagada de dolor, que además se había llevado por delante la mayor parte del murallón pese a ser Monumento Histórico Artístico desde los años 30. La muralla rota todavía abraza a retazos el Oviedo redondo y antiguo encerrando los monumentos y sitios más emblemáticos de la capital embellecida por la cirugía política imperfecta y falta de remates en ruinas que se eternizan.

Gascona entronca con ese camino viejo que recorrían los viajeros en peregrinaje religioso y vivencial. De las cinco puertas del recinto amurallado bajomedieval, en la que hoy es calle del Águila, estaba la ya conocida puerta Gascona, que bajando llevaba a Foncalada. Documentos antiguos atestiguan que en el siglo XIII la zona se conocía con ese nombre en recuerdo de los que desde tierras de la Gascuña francesa llegaron siguiendo el Camino y algunos aquí quedaron. Ordenanzas municipales de entonces advierten del "forno de la Gasconna" incluso dentro de la cerca. Inmigrantes, peregrinos atraídos por las reliquias de la Cámara Santa, suplieron con diversos oficios la carencia de locales tal vez reclamados en las guerras de Reconquista lejanas y otras dejando su impronta en denominaciones de arrabales extramuros como Gascona o incluso dentro de la ciudad vieja, en la calle de la Rúa, una duplicidad nominal. La gran cantidad de documentos originales en los que se cita la calle actual sidrera demuestra que es una de las que conserva la denominación más antigua.

Para dar fin a la "cuesta de enero", tras la resaca navideña, nada mejor que poner en marcha nuevos planes festivos y promocionales. Abrió boca la Feria Internacional del Turismo (Fitur) para mostrar, tirando la casa por la ventana, las ventajas de escapadas más rápidas, gracias a la alta velocidad férrea que tanto se hizo esperar, hacia la histórica, verde, lúdica y "sabrosa" Asturias, reducto climático. Se acercan nuevos programas, fiestas gastronómicas, que nunca faltan, y hasta la nueva pelea entre don Carnal y doña Cuaresma, que año tras año rivalizan en programas alargados. De todo será parada esta vía en cuesta y sombra. Febrero, mes corto, en nacimientos productivo, allana el invierno con nuevos festejos y días en crecimiento. Llegue, pues, febrero y entre el sol en cualquier reguero.

[Tolivar Faes, J. R. (1958) Nombres y cosas de las calles de Oviedo. Oviedo: Imprenta La Carpeta; VV AA (1990). Las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo. Oviedo: Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias]