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Ricardo Junquera

Profetas de malos augurios

Todos los conocemos; y posiblemente a más de uno. Son esas personas grises que van por la vida amargando a los demás, contándonos lo mal que va todo en todos los aspectos y lo peor que va a seguir. Basta que vean a alguien con una sonrisa para ir enseguida a apagársela, con razonamientos muy razonados, claro, que además suelen ser seres que se creen muy superiores al resto de la humanidad que les rodea. Y ahora, con lo de la guerra de Ucrania y sus consecuencias cotidianas que todos sufrimos y conocemos, esta gente ha visto la ocasión propicia para volver a asomar sus tristes y pensantes cabezas.

Siento una profunda aversión por ese tipo de personas; viejos de alma que se creen importantes cuando se ponen profundos para emitir sus irrefutables veredictos de pesimismo total. Cierto que lo que hay es lo que hay, nos guste o no; pero también cierto que no se trata de mentir, sino de no ir por la vida con un bote de pintura negra; de intentar ayudar y animar al que lo necesite; de procurar vivir lo mismo desde otra perspectiva. No me imagino a nadie hablando con un enfermo aumentando sus males y diciéndole lo fastidiado que está y que lo peor de su sufrimiento esta aún por llegar. Pues eso.

Mirad, voy a contar algo que escuché a Fermín Riaño, el párroco de Pola de Siero. Fermín antes de venir aquí estuvo treinta años de misionero en Tailandia, donde, entre otras labores, le tocó atender un asilo de leprosos, que todavía los hay. Y a Fermín siempre lo verás con una sonrisa perenne en la cara. No hace mucho, oí a alguien preguntarle que cómo hace para poder ir siempre sonriente; él contestó que lo aprendió de allá de donde vino, que allí la gente cree en lo que llaman karma, algo así como que la vida te devuelve lo que tú le das, o sea parecido a eso que decían nuestros abuelos que para recoger hay que haber sembrado antes; y que a aquella gente, estén pasando lo que estén pasando, que generalmente es bastante peor que lo que nos toca pasar a nosotros, siempre los verás sonrientes; y aunque a veces les falte lo más esencial, ellos tienen el coraje de intentar sonreír para atraer lo bueno de la vida, que siempre lo hay. Bonita lección.

Hace poco estaba leyendo algo de Juan XXIII, aquel Papa tan cercano pero que solía llamar a las cosas por su nombre, y me topé con esta magnífica referencia a ese tipo de seres: "Nos llegan de cuando en cuando voces que ofenden nuestros oídos, de algunas personas que carecen de justeza en su juicio y en su manera de ver las cosas… Nos parece necesario expresar nuestro completo desacuerdo con tales profetas de desgracias que anuncian incesantemente catástrofes, como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina"

Yo, como ni soy Papa ni creo que a estas alturas pueda llegar a serlo, además de mostrar mi completo desacuerdo con estos elementos, me permito el lujo de desearles grandemente, de corazón y por el bien del resto de la humanidad, que se vayan a hacer puñetas; por decirlo suave. Tenía ganas de hacerlo.

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