El entorno cercano de Tamara Falcó insiste en que no existe ninguna posibilidad de que la marquesa de Griñón retome su relación con Íñigo Onieva. Sin embargo, y a pesar de que ya ha pasado un mes de su ruptura, el empresario - enamoradísimo e incapaz de pasar página - no tira la toalla y está dispuesto a hacer lo que haga falta para reconquistar a la socialité y conseguir su perdón.

A la vida monacal que lleva desde que su compromiso matrimonial saltó por los aires - antes era habitual ver al ingeniero disfrutando de la noche madrileña en la discoteca de la que es socio pero ahora apenas sale de su casa más que para ir a su oficina - y al simbólico gesto de mandar transformar el anillo que le regaló a Tamara para hacerlo más grande y más fuerte, como su amor, se une ahora una actitud tan inesperada como sorprendente en Íñigo.

Y es que el empresario se está refugiando en la religión desde su ruptura con la diseñadora y, a pesar de que ella misma confesó en más de una ocasión que su novio no era religioso - de hecho, le impuso que la acompañase a misa los domingos a cambio de que ella saliese de fiesta en alguna ocasión - en las últimas semanas se le ha visto visitar varias iglesias.

Así, a su conversación con el confesor de Tamara a las puertas de la Colegiata de San Isidro horas después de que la hija de Isabel Preysler diese el pregón del Domund en el mismo lugar - se unen las imágenes de Íñigo asistiendo a misa en la parroquia de San Pascual, cercana al piso en el que se ha instalado tras su ruptura.

Una conversión religiosa que ha dado mucho que hablar y que muchos explican como una nueva estrategia del empresario para intentar reconquistar a Tamara. Sin embargo, Onieva da la callada por respuesta y muy serio, guarda silencio cuando le preguntamos si esta 'nueva' religiosidad se debe a su afán por conseguir el perdón de la la que está convencido que es la mujer de su vida.