13 de septiembre de 2020
13.09.2020
La Nueva España

Zapico: "La cultura debe ser una industria"

El director de "Forma Antiqva" rescata en un disco las sinfonías de Vicente Baset, músico del XVIII "a la altura de Vivaldi o Telemann"

13.09.2020 | 00:16
Aarón Zapico, en el centro, en primer término.

"Forma Antiqva" prosigue desde Asturias, bajo la batuta de Aarón Zapico, su cruzada para rescatar joyas del patrimonio musical español. Su nuevo disco es "Baset symphonies, Madrid 1753". El conjunto de los hermanos Pablo (guitarra barroca), Daniel (tiorba) y Aarón Zapico (dirección) muestra la riqueza y exuberancia de la música orquestal española del siglo XVIII a partir de Vicente Baset, compositor y violinista de la orquesta del Coliseo del Buen Retiro de Madrid. Y es una primera grabación mundial.

Aarón Zapico nos pone en antecedentes: "Vicente Baset era un chico de Alboraya, Valencia, que un buen día decidió dejar la comodidad del hogar para poner rumbo a Madrid y ganarse la vida con su violín. Se convirtió en un reputado violinista y formó parte de los saraos más importantes de la capital. Baset llegó a mis manos a través de otro gran músico del siglo XVIII, Blas de Laserna, y desde el primer momento me sorprendió la osadía de su escritura. Me pareció un poco 'aquí estoy yo y te va a gustar lo que hago'. Esta determinación me ganó desde el primer momento".

Baset sobrevivió a un intento de asesinato, en aquella época "se vivía con intensidad y las afrentas se pagaban caras. La espada o la pistola estaban calientes y muy a mano y con el honor propio o ajeno no se jugaba. La historia de la música está plagada de ejemplos de duelos, muertes prematuras, provocaciones y compositores que no eran tan inocentes como el Romanticismo nos lo idealizó. Eran seres humanos apasionados, al fin y al cabo".

Baset está a la altura de un Vivaldi o un Telemann, "aunque siempre es difícil establecer este tipo de comparaciones lejanas en tiempos, estilos o procedencias. Incluso no sé si es muy productivo que andemos perennemente comparándonos con lo que se hacía fuera, la verdad. Deberíamos comenzar a pensar de manera un poco más grande y segura de nuestras posibilidades como indudable potencia musical de primer orden".

Zapico se emociona, al entrar en la música de Baset, "con la rapidez que tiene para dibujar uno u otro afecto, sobre todo. Pasa de la melancolía a la alegría más exuberante en un par de notas. Los afectos están muy bien perfilados y el lenguaje que utiliza, muy idiomático para los instrumentos, permite que se pueda tocar con claridad e interpretar las intenciones del compositor de una manera muy directa. Hay movimientos lentos donde consigue un dolor que es sublime".

España aún tiene muchos complejos musicales que superar "pero no solo el público o los programadores. Nosotros mismos, los músicos españoles, debemos confiar más y mejor en nuestras posibilidades. El panorama que nos rodea, así lo refrenda: contamos con orquestas, solistas, profesores y compositores de un nivel excepcional. Vayamos a por todas. Y comencemos a cambiar el concepto en el que encajonamos a nuestra cultura: que deje de ser un evento para convertirse en toda una industria que cree puestos de trabajo, sea exportable y prestigie a la Marca España".

Le gusta hablar de honestidad en este tipo de grabaciones: "¿Qué implica? Pues la mayor preparación posible a la hora de abordar este repertorio. No solo en el estudio personal, sino también en la preparación previa, en el conocimiento del contexto y en la entrega en el escenario o la sala de grabación. Uno tiene que acabar extenuado a todos los niveles después de un acto creativo. Si no, algo ha ido mal ¡o menos bien!".

Los miembros de las orquestas relevantes solían ser además compositores en el XVIII, y eso provoca que "lo que escriben es perfectamente traducible en el instrumento. Con el devenir de los años, esta práctica o tradición de compositor e intérprete en la misma persona se ha ido perdiendo y ha provocado, en numerosos casos, que las ideas intelectuales del creador sean más complicadas de trasladar al instrumento".

El confinamiento dejó clara la importancia del arte en la vida diaria, pero, lamenta, "no sé si ha pasado de ser un mero bálsamo anecdótico para la gran mayoría, me temo. La cultura no está presente en el diálogo, en el día a día, de nuestros políticos y eso se nota y mucho. Qué gran ejemplo sería leer tuits de nuestros dirigentes donde expliquen que han acudido a tal o cual obra de teatro, han leído el último libro de aquel escritor o se emocionan con Juanjo Mena y la Filarmónica de Berlín. Sería una labor muy valiosa y ejemplarizante".

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